Un nuevo análisis de TS Lombard muestra que los Estados Unidos están encaminados a destinar aproximadamente el 2% de su producto interno bruto (PIB) a la inteligencia artificial y a la infraestructura de centros de datos en 2026. Esta inversión, muy superior a la de cualquier otro país importante, la sitúa entre los mayores auges de gasto concentrado en la historia moderna de Estados Unidos.
Datos clave
TS Lombard, una firma de investigación económica y estrategia de inversión, predice que Estados Unidos representará más del 80% de un gasto global de 800,000 millones de dólares en el sector este año. Además, estima que la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial está encaminada a superar la llamada “fiebre ferroviaria” de la Edad Dorada para convertirse en el mayor proyecto de infraestructura de la historia de Estados Unidos.
Otras estimaciones de Bridgewater Associates, Goldman Sachs y Lombard Odier también sitúan el gasto proyectado en infraestructura de inteligencia artificial entre 650,000 y 800,000 millones de dólares este año, lo que equivale aproximadamente al 2%–2.5% de la economía estadounidense.
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La expansión de la inteligencia artificial en Estados Unidos es comparable, en escala económica, a todo el sector nacional de educación superior, que representa alrededor del 2.3% del PIB, y se acerca al tamaño del presupuesto nacional de defensa, que en 2025 ascendió a 954,000 millones de dólares, equivalentes al 2.9% del PIB.
Mientras que se espera que el gasto en defensa como porcentaje del PIB disminuya en los próximos años, hasta el 2.4% en 2036 según la Peter G. Peterson Foundation, se prevé que el gasto en inteligencia artificial continúe aumentando.
Analistas de Wall Street estiman que las inversiones de capital relacionadas con la inteligencia artificial podrían superar 1 billón de dólares en 2027 y alcanzar alrededor de 3 billones de dólares para 2035.
Como referencia histórica, el auge de la infraestructura de telecomunicaciones durante la burbuja puntocom, alrededor del año 2000, representó aproximadamente entre el 1% y el 2% del PIB. El gasto espacial durante la era del programa Apolo alcanzó un máximo cercano al 0.4% del PIB, mientras que la construcción del Sistema Interestatal de Autopistas tuvo un costo anual equivalente a aproximadamente el 0.4% del PIB.
En síntesis, si estas proyecciones se cumplen, la inversión en infraestructura de inteligencia artificial no solo superará proyectos históricos como el programa Apolo o el sistema interestatal de autopistas en términos de peso económico, sino que podría convertirse en una de las mayores olas de inversión concentrada jamás registradas en Estados Unidos.
Cifra destacada
0.7%. Ese es el porcentaje de su PIB que los siguientes países con mayor gasto en inteligencia artificial, Noruega y Arabia Saudita, destinarán a este sector este año, según TS Lombard. El gasto de China en centros de datos representa aproximadamente el 0.4% de su PIB, por debajo de Malasia y Suecia, mientras que la eurozona asigna alrededor del 0.2% y Canadá se sitúa al final de la clasificación con aproximadamente el 0.15%.
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Contexto clave
El aumento del gasto en inteligencia artificial está impulsado principalmente por las enormes inversiones de capital de las empresas tecnológicas que compiten por construir centros de datos, adquirir semiconductores avanzados y ampliar su capacidad de procesamiento. Entrenar y operar modelos de inteligencia artificial requiere grandes cantidades de infraestructura física escasa y un enorme consumo de energía, lo que hace que esta tecnología sea mucho más costosa que aquellas basadas en programación tradicional.
Amazon, Microsoft, Alphabet, Meta y Oracle son responsables de la mayor parte de la inversión en infraestructura de inteligencia artificial en Estados Unidos. Mientras los defensores de esta expansión la consideran la base de una nueva era tecnológica, los escépticos cuestionan si la magnitud de estas inversiones podrá generar suficientes ingresos o aumentos de productividad para justificar su costo. Sostienen que muchos casos de uso de la inteligencia artificial siguen siendo experimentales, que la competencia podría reducir los precios y que la industria corre el riesgo de construir más capacidad de procesamiento de la que los clientes realmente necesitarán.
Este artículo se publicó originalmente en Forbes US
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