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    El 2026 establecerá diversos récords negativos en lo que se refiere a crisis climática y bancarrota hídrica. Las temperaturas promedio seguirán ya por encima del umbral de no retorno y en varias regiones se experimentarán olas de calor, sequias, incendios forestales, desertificación y pérdida de cuerpos de agua sin precedentes.

    Los fenómenos relativos se suman a las evidencias del acelerado derretimiento de los glaciares; el aumento en el número y fortaleza de tormentas y huracanes devastadores, deslaves que potencialmente terminarán impactando en la economía global alcanzando miles de millones de dólares en pérdidas.

    Mucho peor: millones de toneladas de basura, desechos plásticos, químicos y gases de efecto invernadero serán vertidos en suelos, mares, ríos y el aire también en dimensiones reprobables y cade vez más grandes.  

    En el caso del sargazo, se pronostican también recales en cifras inéditas; sin embargo, en vez de enfocarlo como un problema irresoluto puede ser una opción muy viable, atractiva y sólida para paliar los efectos y establecer un sistema preventivo que contribuya a paliar -aunque sea un poco- las secuelas de este infierno climático. 

    El uso de diversas especies de sargazo como fertilizantes data de -al menos- 5 milenios. En diversas latitudes los pueblos costeros se dieron cuenta de su potencial al estimular el crecimiento de las plantas, mejorar su resistencia y ayudar a la adaptación de sus cultivos ayudando además a mejorar la calidad de los suelos.

    El sargazo es una macroalga marrón marina, rica en compuestos bioactivos, compuesta principalmente por carbohidratos (aprox. 30–70% de peso seco), alto contenido de cenizas (17–35%), proteínas (8–13%) y bajos lípidos (<1,5–6,8%). Los componentes clave incluyen alginatos, fenólicos (antioxidantes) y niveles significativos de minerales como calcio, potasio y magnesio representando una opción accesible como fertilizante orgánico natural.

    Además, contiene azucares, aminoácidos y un amplio rango de estimuladores de crecimiento significativos, desde hace mucho tiempo ha sido usado como fuente confiable de nutrientes de fácil absorción, que estimulan la formación de raíces, aumentan la resiliencia, mejoran los colores, calidad y crecimiento rápido de las plantas.

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    Muchos países continúan aplicando las técnicas ancestrales de fertilización orgánica a partir de detonadores de crecimiento y nutrientes derivados del sargazo en el sudeste asiático, medio oriente, Europa y Norteamérica con resultados notables muy interesantes.

    El sargazo como bio-fertilizante es una fuente natural no sintética compuesto de minerales naturales que ayuda a al crecimiento explosivo de cereales como el maíz y el trigo, ayuda a reducir los ciclos de cultivo y además mejora la hidrofilia del suelo, por lo que tiene aplicaciones en canchas deportivas, campos de golf, jardines, zonas verdes reduciendo además el consumo de agua.

    El primer beneficio de su aplicación en el cultivo es que este tipo de agricultura reduce el uso indiscriminado de insumos agrícolas, fertilizantes sintéticos, herbicidas y plaguicidas que son los principales detonadores de muchos efectos negativos tanto en la desecación, desertificación como cambio climático.  

    Se ha demostrado que el sargazo puede contribuir a paliar el declive de la fertilidad de los suelos, reduciendo costos en insumos, pero al mismo tiempo impactando en la mejora de la calidad de los alimentos; ayuda a eliminar los contaminantes presentes en los suelos y permite la regeneración de la vida orgánica subterránea.  

    El sargazo puede aplicarse como simple abono en la tierra fortaleciendo el potencial de nutrientes y aportando materia útil en el crecimiento y desarrollo de todo tipo de plantas, legumbres, cactáceas, frutas, verduras, legumbres y flores. 

    Los nutrientes presentes en la biomasa de sargazo son beneficiosos en la agricultura, derivándose en mejores rendimientos de los cultivos y una mayor calidad nutricional de los alimentos. Factores como su capacidad de bio-absorción y bio-filtrado lo hacen un excelente bio-estimulante. 

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    Entre otras cosas, mejora la tolerancia de las plantas a una amplia gama de estrés abióticos, es decir, salinidad, sequía y temperaturas extremas.

    El formato de salida para entregar fertilizante en condiciones favorables para la agricultura va desde simple polvo soluble, deshidratado, neutralizado y libre de parásitos, pellets, fermentado, líquido y combinado con aditivos.

    Dado que es un material excesivamente abundante y disponible de bajo costo de procesamiento, el sargazo ayudaría incluso en forma de bio-carbón a recuperar y remediar suelos y cuerpos de agua; evitaría la quema indiscriminada de pastizales y reduciría significativamente la emisión de gases contribuyendo además a generar bonos de captura de carbono por billones de USD con el consecuente impacto positivo en la economía.

    El mismo bio-carbón se usa como filtro para aguas negras, resarcir la calidad de los acuíferos y pozos afectados por metales pesados y materia orgánica contaminante.  

    Bien manejado, el sargazo puede usarse para regenerar pastos, corales, recuperación de manglares, selvas, humedales, arenas y aguas subterráneas costeras, así como ayudar en la alimentación de especies marinas. 

    Soluciones integrales, fuera de la caja, ideas disruptivas, el cambio en la mentalidad y aproximación a un problema que sigue creciendo año con año y que finalmente puede representar un viraje en la utilización de un material rentable, productivo y radicalmente innovador. 

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