Para esta temporada, se pronostica la llegada de hasta 38 millones de toneladas de sargazo debido a la gran disposición de nutrientes, químicos y desperdicios arrojados al mar, el cambio climático, así como la alteración de los ciclos de las corrientes marinas. La comunidad científica advierte también que esta situación no mejorará de aquí al 2050.
Al menos 23 países resultarán afectados por las altas concentraciones en las aguas costeras y en las playas, con el consecuente un impacto económico negativo, severos daños ambientales, problemas de salud y un gasto excesivo y oneroso para su recolección, procesamiento y manejo.
Los especialistas estiman las pérdidas entre 4 mil y 6 mil millones de dólares para comerciantes, empresarios, prestadores de servicios, autoridades, hospitales, operadores, líneas de cruceros, pescadores, inmobiliarias, autoridades, hoteles, restaurantes y clubes de playa, las actividades turísticas y en general el desarrollo de la zona.
El problema es cada vez más complejo ya que, durante su recorrido, el sargazo bioacumula químicos peligrosos, pesticidas, herbicidas, plásticos, metales pesados y metaloides, incluyendo el cianuro y el arsénico.
Al cubrir las aguas, impide que la luz se filtre al fondo provocando que los corales, pastos marinos y otras algas no completen la fotosíntesis, lo que también afecta a más de 120 especies marinas de peces, invertebrados, moluscos y mamíferos.
En las playas el sargazo se descompone a cielo abierto y altas temperaturas, genera numerosos problemas medioambientales, económicos y sociales. Las algas empiezan a oler mal, penetran el subsuelo y cambian el color del paisaje además de atraer y generar grandes poblaciones de insectos.
Su proliferación expansiva consume enormes cantidades de oxígeno, causando anoxia y emitiendo gases tóxicos como amoniaco, ácido sulfhídrico y metano. Su recolección además erosiona la arena de las playas.
No solo son malos olores, ir al fondo del problema es reconocer que bacterias, parásitos y microorganismos alojados en el sargazo pueden causar severas lesiones, manchas y/o decoloración en la piel, acompañadas de diarreas, nausea, vomito, fiebre, baja de presión y otros efectos secundarios como padecimientos estomacales, respiratorios y dificultad para dormir.
Depositar el sargazo en tiraderos a cielo abierto –muchas veces clandestinos- para secarlo solo agrava el problema ya que requiere mucho tiempo, continúa emanando gases peligrosos y se mezcla con arena, salmuera, basura y todo tipo de desperdicios generando lixiviados que terminan infiltrándose en la tierra y los mantos acuíferos subterráneos.
Nuevamente son soluciones de disrupción tecnológica las que pueden atender los efectos más serios del sargazo, una solución que basada en la física de partículas y la colisión de vórtices puede procesar el sargazo, deshidratarlo, demolerlo, inocularlo y transformarlo en un polvo útil para biocombustibles, bioplásticos, nano materiales y biofertilizantes, entre otros aprovechamientos.
Unidades móviles que pueden operar en tiempo real desde plataformas, barcazas o contenedores todo terreno, escalables, adaptables, que evitan la emisión de gases, reducen el volumen de carga y la huella de carbono, reduciendo costos y generando ingresos.
Cuando se operan en el mar, los sistemas operan con todas las reservas y cuidados ambientales necesarios para proteger especies marinas, pueden trasladarse a sitios cercanos a las barreras de contención actuales y evitar la llegada del sargazo a las playas.
Mediante este sistema, se reduce el bloqueo de luz solar hacia el fondo del mar y elimina el crecimiento exponencial, congestionamiento y bloqueos de las rutas pesqueras y recreativas, lo que evitaría los daños a las propelas de barcos, yates y lanchas protegiendo, al mismo tiempo, los pastos marinos y corales.
Las zonas marinas afectadas por la presencia masiva de sargazo pueden ser alimentadas con inyección de nano-oxigenación para remediar la afectación a los ecosistemas. El país podría ser pionero en el desarrollo tecnológico de la región asumiendo un liderazgo comercial, industrial y productivo.
Los colectores en la playa reducen el tiempo de trabajo, mitigan los efectos secundarios y abaten los costos de manera significativa, protegiendo además la salud de visitantes, trabajadores y turistas. Menos molestias, mas eficiencia, mejores resultados.
Los depósitos y basureros existentes también pueden ser reconvertidos con este tipo de tecnologías y sistemas. Miles de toneladas acumuladas se aprovecharían para dejar de emitir gases, malos olores, infiltrarse al suelo mientras se pudren y afectar a toda la población y sus actividades económicas.
Adicionalmente, el sargazo puede transformarse en bio-carbón activado para el secuestro de dióxido de carbono, la potencial adquisición de bonos y ser usado en la remediación de suelos salinos, desiertos y/o devolverle a la selva algo de su fertilidad exhausta.
Esta solución tiene el potencial para rehabilitar miles de hectáreas de suelos fértiles y proyectos de zonas productivas y sostenibles en toda la región, generando fuentes de trabajo estables, de alto nivel y la mejora productiva, agregando áreas de industrialización alternativas al turismo.
La ebullición climática no tiene reversa, los factores que estimulan la formación del sargazo permanecerán durante largo tiempo, toca responder a este problema con la mejor tecnología disponible, una nueva forma de pensar y un modelo de gestión innovador y disruptivo.
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