La guerra en el paraíso. En periodismo, las grandes historias se encuentran, con frecuencia, en las viudas del poder, esos personajes que traicionan o son traicionado, que creen que merecerían un destino distinto al que les deparó la dureza de política.
Pero también hay revisiones, ajustes de cuentas, que pueden ser como granadas activadas, de esa especie es el libro “Ni venganza ni perdón” que Julio Scherer Ibarra escribió con el experimentado periodista Jorge Fernández Meléndez.
Una dupla interesante que logra una narración que puntualiza y que advierte, que no se queda cerrada, porque las cuentas terminarán por pagarlas alguien tarde o temprano.
Más allá de las revelaciones y del asidero que pudieran tener en indagatorias, querellas o carpetas de investigación, describen la podredumbre de la corte que lanzaba lisonjas al presidente López Obrador y que por lo menos son responsables de omisiones que tienen al país en las vísperas de concluir el ciclo democrático, para entrar en las zonas brumosas de la autarquía.
Scherer Ibarra fue uno de los funcionarios más poderosos en el sexenio pasado, colaboró en la estructura de las reformas desde el arranque del sexenio. Adquirió, inclusive, tareas de secretario de Gobernación ante la inoperancia de Olga Sánchez Cordero.
Con él, decían, se arreglaban los problemas, se buscaban rutas de entendimiento con sectores que ya mostraban lejanía con el proyecto que encabezó López Obrador.
Pero de sus oficinas también salían los amagos a empresarios, jueces, magistrados electorales que no se alinearon al humanismo mexicano.
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Para nada es ajeno a mucho de lo que condena. Ese es, quizá, el tributo que pagan los que se acercan a Palacio, a cualquier palacio. Decía Leonardo Sciascia “que hay frecuencias del poder que no se pueden conocer impunemente”.
¿Cuál es el cálculo de Scherer Ibarra? ¿Qué quiere lograr o detener con una denuncia que mueve los sistemas de flotación del grupo al que perteneció?
No aventuro hipótesis sobre sus motivos primarios, aunque la sola difusión del libro ya da cuenta de paredes cuarteadas en el edificio del régimen.
Del coautor del texto, de Fernández Menéndez hay que ponderar su talento y la oportunidad que vio en una larga conversación con el exconsejero jurídico de la presidencia de la República.
Pero la discusión, o la batalla, se dará entre los militantes y simpatizantes de un movimiento que muestra sus peores rostros por momentos. En ello radica la fuerza de las denuncias de Scherer y señalamiento que deberían ser investigados.
Porque Scherer formó parte de lo que ahora repudia, aunque estén claras las distancias que marca con personajes como Jesús Ramírez Cuevas.
Pero también le toca a Adán Augusto López Hernández, dueño de las operaciones electorales en Tabasco e impulsor de Rutilio Escandón en Chiapas.
Scherer y espejos múltiples, en los que se ve y refleja, pero desde los que también advierte y da luces sobre esos años trepidantes y sus consecuencias.
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