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    México construyó una industria de reciclaje competitiva a nivel mundial, pero ahora requiere diseñar mejores envases para aumentar un mayor valor económico y volver a ser reciclados, afirmó Martha Ricardi Velázquez, directora de Estrategia para Latinoamérica de la Association of Plastic Recyclers (APR).

    “El reciclaje empieza mucho antes del bote de basura”, dijo la representante del organismo empresarial, quien impulsa estándares técnicos y herramientas para medir la reciclabilidad real de los envases completos y no solo de sus componentes.

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    Uno de los errores más comunes es asumir que todos los envases son reciclables por definición, pero pequeños elementos de diseño contaminan el flujo de recuperación y vuelven inviable el procesamiento del reciclaje, afirmó.

    “Entre los errores más comunes está pensar que todos los envases son reciclables por definición, pero los adhesivos, pigmentos, etiquetas o combinaciones de materiales vuelven inviable el reciclaje de un producto completo”, consideró.

    Señaló que la industria mexicana consolidó uno de los ecosistemas de recuperación de PET más relevantes de América, ahora el siguiente paso consiste en capturar el valor económico de una nueva generación de envases diseñados para reincorporarse al sistema productivo por una segunda vez.

    México registra una tasa cercana al 63 por ciento de acopio de PET, resultado de años en los que la industria trabajó para contar con infraestructura, recuperación del plástico y mercado. 

    “El potencial no está únicamente en seguir recuperando botellas, sino en extenderlo al resto de los envases plásticos que hoy todavía enfrentan barreras técnicas para reincorporarse al ciclo productivo”, dijo.

    El punto de partida no está en el consumidor ni en el bote de basura, sino mucho antes: en el diseño.

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    Diseñar para reciclar implica considerar desde la etapa de desarrollo aspectos como materiales, etiquetas, adhesivos, colorantes y componentes que permitan que el envase pueda procesarse efectivamente en condiciones reales y no únicamente en escenarios ideales.

    Martha Ricardi Velázquez recordó que sustituir resina virgen por material reciclado representa ahorros energéticos por 70 por ciento y reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero por 67 por ciento

    También, el uso de plástico reciclado fortalece las cadenas regionales, genera empleo local y reduce la dependencia de importaciones de menor calidad.

    Cuando se recupera una tonelada de PET reciclado, disminuye el consumo de agua y energía respecto a la producción primaria.

    México es uno de los mercados con mayor potencial para marcar la pauta regional en el reciclado de plástico, expresó. 

    Con una escala manufacturera, la experiencia construida en recuperación de materiales y la presencia de cientos de recicladores locales colocan a México en una posición de convertirse en un laboratorio para América Latina sobre cómo acelerar modelos de economía circular con resultados medibles, acotó.

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    Manifestó que la conversación de los próximos años dejará de centrarse únicamente en cuánto plástico se recupera y comenzará a enfocarse en cuánto material logra mantenerse en circulación.

    “El liderazgo ya no se medirá solo por quién recolecta más residuos, sino por quién diseña productos capaces de regresar al mercado una y otra vez”, concluyó.