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    México será sede de la Copa Mundial de la FIFA 2026 por tercera vez en su historia (tras albergar el campeonato de futbol en 1970 y 1986), contando con 13 partidos en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.

    Jurgen Mainka, que cuenta con una carrera de más de 25 años en distintas organizaciones deportivas –ha sido Chief Business Officer en el Inter Miami C.F. y Deputy General Secretary & Chief Commercial Officer en la Concacaf–, habló en esta entrevista de las enormes oportunidades que la Copa del Mundo trae para México.

    México está a punto de convertirse en el primer país en albergar tres Copas Mundiales de la FIFA. Desde su perspectiva como Chief Tournament Officer, ¿qué significa este legado para el actual comité organizador y para los aficionados?

    México está viviendo un momento histórico sin precedentes: tras este Mundial, será el único país en haber inaugurado tres Copas Mundiales varoniles de la FIFA, un orgullo que trasciende generaciones y que marcará a este país en la historia del futbol mundial. Ese legado tiene un símbolo claro: el Estadio Azteca, la catedral del futbol, único recinto en el mundo que ha sido sede de tres partidos inaugurales y que hoy sigue vigente, renovado y a punto de escribir un nuevo capítulo sin perder su alma ni su tradición. Para la FIFA y el comité organizador, este legado representa la enorme responsabilidad de estar a la altura de esa historia y honrarla con una organización impecable en la parte deportiva. Para las ciudades sedes y los aficionados, es la oportunidad de reencontrarse con un espacio que une pasado, presente y futuro, y que refleja lo que el futbol significa en lo más profundo de la identidad mexicana. Ese es el verdadero legado: honrar la historia de este país mientras proyectamos a México hacia el futuro del futbol mundial.

    Gestionar 16 ciudades sede entre Canadá, México y Estados Unidos es una tarea monumental, ¿cómo ha evolucionado la colaboración entre las tres naciones para garantizar una experiencia sin fricciones para equipos y aficionados?

    Organizar un Mundial en 16 ciudades y tres países ha sido un reto histórico, especialmente porque cada nación llega con realidades distintas. En Estados Unidos, el torneo acelerará la consolidación del futbol como uno de los 3 deportes más relevantes; en Canadá, que será sede por primera vez de un Mundial varonil, representa la oportunidad de establecer un modelo de crecimiento sostenible; y en México es un verdadero ejercicio de país.

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    Para la oficina de FIFA México, esto arranca con la perfecta organización de un torneo, pero para el colectivo de los que todos estamos involucrados, este ejercicio va mucho más allá de lo deportivo: es la oportunidad de recibir a millones de visitantes, involucrar a nuestra gente y reposicionar a México ante el mundo, mostrando no solo nuestra riqueza cultural, sino también nuestra modernidad, diversidad, y el carácter cosmopolita de nuestras ciudades sede y país. Parte clave de que esta experiencia se lleve a cabo sin errores, ha sido la coordinación trilateral entre los tres países sedes, con mesas de trabajo específicas entre gobiernos y FIFA en temas como seguridad, protección civil, migración y aduanas, buscando homologar procesos para que la experiencia de jugadores, árbitros, medios de comunicación, patrocinadores y aficionados sea lo más fluida y consistente posible en las 16 ciudades, sin perder la identidad propia de cada sede.

    En el caso de México, además, hemos tenido una gran ventaja: nuestros comités locales en las tres ciudades anfitrionas están conformados por quienes ya operan futbol todos los días: los estadios y sus respectivos equipos operativos, mismos que ya cuentan con relaciones sólidas a nivel local, municipal y estatal. Esto permitió que se establecieran mesas de trabajo muy sólidas desde el arranque, a las que FIFA se sumó con el cuadernillo de encargos para elevar una operación ya establecida –porque en México el futbol se organiza y se vive cada semana–, ahora a los estándares que exige una Copa del Mundo a nivel FIFA y global.

    Posteriormente se fue también integrando de manera increíblemente relevante el gobierno federal, porque esto va mucho más allá de los partidos en cancha: es un evento que involucra a todo el país. La relación cercana con los comités locales ha sido clave para adaptar los requerimientos de FIFA a las particularidades de cada ciudad sede y construir un equipo sólido, aprovechando la experiencia de México como anfitrión por tercera vez para entregar una experiencia de clase mundial.

    ¿Cuál ha sido hasta ahora el mayor logro logístico de su equipo en México?

    Jurgen Mainka Foto: Paco Gramontti

    El reto inicial fue poder visualizar y socializar un objetivo compartido de integración necesaria para poder entregar lo que es, en esencia, un proyecto de país. El logro más grande ha sido que hoy en día todos los que juegan y jugarán un papel clave conciben perfectamente el camino a seguir: que la oportunidad que arranca con la entrega perfecta de un torneo de futbol, se convierte en una plataforma de amplificación que va más allá de lo deportivo.

    En este sentido, es que el mayor logro logístico para un equipo conformado por más de 160 personas distribuidas en las tres ciudades sedes, y en el que alrededor del 92% somos mexicanos, ha sido precisamente la integración. Coordinar una operación de ese tamaño ya representa un reto importante, pero el verdadero logro ha ido mucho más allá de lo interno. Ha sido la capacidad de poder integrar a todas las entidades, organismos y agencias que participan en la organización de una Copa Mundial. ¿A qué me refiero? A lograr una alineación coordinación, colaboración y comunicación efectiva que va desde el Gobierno federal, estatal y municipal, hasta la industria privada y pública, así como los sectores del deporte y el entretenimiento que incluye un gran apoyo por parte de la Federación Mexicana de Futbol.

    Todos coinciden que se trata de un ejercicio para México y que, a través de la entrega de un evento deportivo masivo, se puede construir algo que deje un legado duradero para el país. Esa alineación, esa comprensión compartida de lo que está en juego es, desde mi perspectiva, el mayor logro logístico y organizacional que hemos alcanzado hasta ahora. Esto se ve además reforzado por la experiencia histórica de México como sede mundialista. Quizá en otros países todavía es necesario explicar que una Copa Mundial es incluso más grande que eventos como el Super Bowl; en México eso se sobreentiende, en gran parte porque esta será nuestra tercera Copa del Mundo. Esa experiencia ha permitido que las cosas fluyan con mayor naturalidad.

    Algunos reportes apuntan a un impacto económico de hasta más de 2,000 millones de dólares para México. Más allá de las ciudades sede, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, ¿cómo se está asegurando que los beneficios indirectos lleguen a las pequeñas empresas y al turismo en otras regiones del país?

    Más allá de las estimaciones de impacto económico, es importante reconocer que México es, por tradición, un país altamente turístico. En ese contexto, la Copa Mundial funciona como un gran acelerador para esa industria. Para México, este Mundial se entiende como un verdadero proyecto de país y como una oportunidad única para aprovechar el enorme poder de amplificación de la Copa Mundial de la FIFA.

    Se estima que los 104 partidos serán vistos por más de 6,000 millones de personas en todo el mundo, una vitrina difícil de igualar para mostrar quiénes somos como país, como ciudades y como comunidades. Esta visibilidad se traduce en oportunidades para todos: desde los grandes destinos turísticos hasta las pequeñas empresas y comercios locales. No se trata solo de lo que ocurre en los estadios. El FIFA Fan Festival, los public viewings en distintas colonias y el proyecto federal del Mundial Social permitirán llevar la experiencia del torneo más allá de las ciudades sede y extender sus beneficios a otras regiones del país.

    El futbol es el vehículo que conecta con la gente, con la alegría y con nuestra identidad, pero el impacto es mucho más amplio. Se trata de que el torneo sirva para abrir las puertas, mostrar la hospitalidad que distingue a México y utilizar esta plataforma irrepetible: un Mundial que regresa después de cuatro décadas para reposicionar al país ante el mundo, no solo como sede de un gran evento deportivo, sino como un destino diverso, moderno, inclusivo, seguro y lleno de oportunidades para todos.

    ¿Cómo se está utilizando la Copa Mundial como plataforma para mostrar el país ante una audiencia global que podría estar visitando México por primera vez?

    Jurgen Mainka Foto: Paco Gramontti

    Poniendo un énfasis claro en la oferta turística de la mano de lo deportivo. Partimos de una realidad importante: vendrán cientos de miles de personas con boleto, pero muchísimos más visitantes llegarán a vivir la pasión mundialista sin boleto, y para ellos el país, los estados y las ciudades sedes entienden que también tienen que construir experiencias significativas. En Ciudad de México, por ejemplo, existe un plan cultural muy concreto que incluye exposiciones de arte vinculadas a la temática futbolística en casi 20 museos, pensando en que los visitantes puedan aprovechar su tiempo entre partidos para conocer la enorme riqueza cultural de la ciudad. Además, la Secretaría de Turismo ha mapeado rutas claras y accesibles para que los aficionados puedan visitar lugares emblemáticos como Xochimilco o la Villa de manera sencilla y organizada.

    En Guadalajara y Jalisco se ha trabajado de forma similar, con corredores turísticos que conectan la ciudad con destinos como Tlaquepaque, Tequila o Puerto Vallarta, ofreciendo un menú de experiencias listo y fácil de consultar para el visitante.

    En Monterrey y Nuevo León, además de la oferta natural y urbana, se ha apostado por atraer al turista norteamericano aprovechando la conectividad carretera con Texas y la cercanía regional. Un componente clave para que todo esto funcione es cómo se comunica. Toda la información turística y de experiencias se está compilando, estructurando y poniendo a disposición del público a través de canales digitales accesibles: desde la aplicación oficial de FIFA, a través de esfuerzos con medios de comunicación, hasta las aplicaciones desarrolladas por las ciudades sede y los gobiernos estatales.

    El enfoque no es solo crear la oferta, sino traducirla, organizarla y presentarla de forma sencilla, clara y fácilmente accesible para cualquier visitante. Ejemplos como los chatbots multilingües implementados en la Ciudad de México (capaces de responder en distintos idiomas y orientar a los visitantes en tiempo real) reflejan el nivel de preparación y coordinación que existe entre los distintos actores. Todo esto responde a una visión común: prepararse como país y como ciudades para recibir al mundo con información relevante, hospitalidad y una experiencia integral que realmente invite a disfrutar México.

    Con decenas de miles de empleos temporales generados, entre directos e indirectos, ¿cuál es el plan para asegurar que la experiencia profesional adquirida por los mexicanos durante el torneo deje un legado humano duradero en las industrias deportivas y de eventos?

    Este Mundial ha sido un proyecto muy particular, casi como crear un startup desde cero en la oficina de FIFA en México siguiendo las directrices detalladas del conocimiento de pasados Mundiales de la FIFA en Zurich. Arrancamos en 2022 con un equipo muy reducido y llegaremos a un pico aproximado de más de 400 personas contratadas directamente por FIFA para la entrega del torneo.

    En ese proceso hemos atraído talento de alto nivel de las industrias del deporte y el entretenimiento, y al mismo tiempo estamos formando a una nueva generación de profesionales mexicanos con una experiencia sin precedentes. Es importante ponerlo en contexto: México sabe organizar eventos grandes y altamente complejos. Estamos acostumbrados a operar múltiples macro eventos de manera simultánea: peregrinaciones que congregan a millones de personas durante varios días, grandes conciertos internacionales, partidos de alta demanda del futbol profesional, ferias, festivales y eventos deportivos de primer nivel ocurriendo al mismo tiempo en ciudades como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Esa capacidad operativa ha sido una base fundamental para este Mundial.

    Precisamente por eso, el proyecto ha permitido elevar aún más el estándar. La experiencia que está adquiriendo este equipo en logística, operación, producción, coordinación internacional y trabajo bajo los estándares más exigentes de FIFA representa un legado humano muy claro. Hablamos de cientos de profesionales que, al terminar el torneo, regresarán a las industrias del deporte, el entretenimiento y los grandes eventos con un nivel de preparación que nadie más puede ofrecer. Y es importante subrayarlo, estas más de 400 personas en México corresponden únicamente al equipo temporal contratado directamente por FIFA.

    A eso se suma una fuerza laboral mucho más amplia que incluye al personal de los estadios, agencias, patrocinadores, proveedores y operadores locales, quienes también vivirán una experiencia única de Copa Mundial y fortalecerán aún más el ecosistema nacional de eventos. El plan es que ese conocimiento no se pierda. Por el contrario, la invitación está abierta para que, una vez concluido el Mundial, las empresas del deporte, el entretenimiento y los grandes eventos se acerquen y aprovechen esta fuerza de trabajo mayoritariamente mexicana, altamente capacitada y con una experiencia terminal irrepetible.

    Ese es el legado humano del Mundial: no solo los empleos temporales creados, sino una generación de profesionales lista para seguir elevando el nivel de la industria en México durante muchos años.

    ¿Qué espera sentir al escuchar el silbatazo inicial el 11 de junio?

    En México, hablar de estadios, futbol y Copas del Mundo es prácticamente un sinónimo, y este Mundial lo refleja de forma única con tres recintos que no solo son inmuebles deportivos, sino espacios cargados de historia, visión y significado. Monterrey presenta uno de los estadios más modernos del mundo, el Gigante de Acero, concebido desde su origen con la ambición de algún día albergar un Mundial, sueño que hoy se cumple. Guadalajara, por su parte, abre las puertas de un estadio nacido de la visión de Jorge Vergara, pensado también para ser mundialista, un sueño que 16 años después se concreta y que hoy continúa a través de su hijo Amaury Vergara; una siguiente generación.

    Y por supuesto tenemos al corazón simbólico del torneo que está en la Ciudad de México. El Estadio Azteca (que para el Mundial es el estadio Ciudad de México), este monumento vivo del futbol mundial, que no es solo un estadio: es la catedral del balompié, el guardián de las grandes gestas, el único inmueble en la historia que ha albergado tres inauguraciones de una Copa Mundial y que, además, sigue erguido sobre sus cimientos originales, íntegro, vigente y a punto de escribir un nuevo capítulo. Mientras otros estadios históricos del mundo ya no están, el Estadio Azteca permanece, con su mística intacta, así como lo imaginó el Sr. Emilio Azcarraga Milmo hace 60 años cuando se inauguró, y así como lo soñó el Sr. Emilio Azcarraga Jean como la sede ideal para albergar una tercera inauguración mundialista.

    Escuchar el silbatazo inicial el 11 de junio será, más que el arranque de un partido, un momento profundamente emocional. Será abrir las puertas a un inmueble renovado en ciertas áreas para responder a las expectativas modernas del aficionado, pero que nunca ha perdido su esencia. Al cruzar sus puertas, el aficionado respirará historia: la de Pelé, la de Maradona, la del Partido del Siglo (Italia vs. Alemania en México 70), la del gol de Manolo Negrete, la de innumerables noches que han marcado generaciones. Esa energía, ese respeto, esa sabiduría que solo te puede dar el haber sido testigo de algunas de las páginas más importantes del futbol mundial…y que es imposible de replicar. Ese partido inaugural no solo dará inicio al primero de los 104 encuentros del Mundial más grande de la historia; marcará el tono, el espíritu y el contexto de todo lo que vendrá después. Arrancará desde un estadio que mejor que nadie cuenta la historia del futbol en Norteamérica y en el mundo. Sentir ese primer silbatazo será experimentar orgullo, responsabilidad, emoción y la certeza de que la historia sigue viva y que, una vez más, comienza en casa, en el templo de las leyendas, en el corazón histórico del futbol mundial.

    Ha pasado más de 25 años en posiciones de liderazgo dentro del futbol. En lo personal, ¿cuál es el momento que más espera cuando el balón finalmente ruede?

    Después de más de 26 años trabajando en la industria del futbol, el momento que más anhelo ver cuando el balón ruede el 11 de junio no es solo el silbatazo inicial, sino todo lo que ese instante concentra. Estar en el Estadio Azteca, escuchar el himno nacional y mirar alrededor sabiendo que ese escenario es el resultado de años de trabajo coordinado, y esfuerzo colectivo, es algo que tiene un peso muy particular. Más allá de lo personal, lo que más valoro es ver al equipo llegar completo a ese momento. Saber que cada persona que participó, desde quienes estuvieron desde el inicio hasta quienes se sumaron en el camino, puedan reconocer y estar orgullosos de que el trabajo se hizo bien.

    Este proyecto nunca fue de una sola persona ni de una sola oficina; se construyó con miles de horas y con la responsabilidad compartida de estar a la altura de algo histórico, desde la obtención de la sede en 2018 hasta el arranque operativo en 2022. Cuando el balón empiece a rodar, para mí será la confirmación de que el proceso valió la pena. Es el punto en el que la organización deja de ser protagonista y el futbol toma su lugar. Como en cualquier equipo bien preparado: hicimos nuestro trabajo, dejamos el escenario listo y ahora le corresponde al juego y a los aficionados. No lo veo como un momento de celebración personal: es orgullo. Orgullo de ver a mi equipo triunfar, de verlos crecer, de verlos conscientes de que fueron parte de algo histórico para México. Si en ese primer minuto todos sienten, aunque sea por un instante, que contribuyeron a algo más grande que ellos mismos, entonces ese será, sin duda, el momento más especial de toda mi carrera.

    Cuando suene el silbatazo final, en julio, en Nueva Jersey, ¿cómo se verá el éxito para ti y tu equipo en México? ¿Se medirá por los partidos, las cifras o el ambiente en las calles?

    Jurgen Mainka Foto: Paco Gramontti

    Para mí y para el equipo de FIFA México, el éxito al escuchar el silbatazo final se medirá en tres pilares muy concretos. Primero: haber entregado operativamente el mejor Mundial posible para FIFA, cumpliendo y superando los más altos estándares de calidad, excelencia y ejecución en cada detalle del torneo.

    Segundo: haberlo hecho representando a México en cada decisión y en cada acción. Actuar como mexicanos y demostrar, una vez más, que somos un país con grandísima capacidad para organizar eventos de talla mundial con profesionalismo, pasión y compromiso.

    Y tercero, quizás el más importante a largo plazo: es dejar las relaciones mejor de como las encontramos. Este proyecto es un Campeonato Mundial de la FIFA, pero acabando esta justa mundialista, el futbol seguirá en México y en la región: con CONCACAF, con la FMF, con la Liga MX y Liga MX Femenil, con el futbol aficionado, con torneos internacionales como la Copa Oro, la Nations League y la Copa de Campeones, y ojalá también con futuras Copas del Mundo de la FIFA, incluida una femenil.

    Nuestro trabajo no termina en julio. El verdadero éxito será que esta operación mundialista del 2026 haya fortalecido de manera permanente la relación entre el futbol y su entorno institucional, gubernamental y privado, dejando bases más sólidas para todo lo que venga después. Por supuesto, el éxito también se sentirá en el ambiente. En los estadios, en las calles, en los FIFA Fan Festivals y en los public viewings. Que se viva una auténtica fiesta mundialista, donde mexicanos y visitantes se encuentren alrededor del futbol, el deporte más democrático y popular que existe. Si logramos entregar un gran Mundial, representar a México con orgullo y profesionalismo, y dejar una base de relaciones más sólida para que el futbol federativo siga creciendo después de que termine el capítulo de la Copa Mundial 2026, entonces el éxito no será solo inmediato, sino duradero. Ese será el verdadero legado fuera de la cancha.

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