El programa de visas H-1B, establecido en 1990 bajo la presidencia de George H. W. Bush, ha sido una poderosa herramienta que impulsa la innovación y la competitividad en Estados Unidos. Este programa permite a las empresas estadounidenses contratar profesionales extranjeros altamente calificados para puestos que requieren de al menos una licenciatura, y de esta manera cubrir el faltante de talento en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM).
Durante décadas, el programa H-1B ha mantenido a Estados Unidos a la vanguardia de la innovación global. Entre el 60% y el 70% de todas las visas H-1B se destinan a profesionales en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). De 2000 a 2020, los profesionales con visa H-1B representaron más de una cuarta parte del crecimiento de empleos de personas altamente calificadas en campos STEM. Muchas de las empresas estadounidenses más influyentes como Google, Intel y Tesla, cuentan con fundadores o ingenieros de alto nivel que llegaron al país con visas H-1B. Este programa no es una laguna legal; es una ventaja estratégica que ha impulsado el crecimiento estadounidense durante más de 30 años.
Un costoso error de cálculo
El mes pasado, el presidente Trump anunció una nueva política por medio de la cual impondrá una tarifa de 100,000 dólares a las nuevas solicitudes de visa H-1B a partir de 2026. Según sus declaraciones, su objetivo es impulsar a las empresas a contratar a más trabajadores estadounidenses, pero esta política ignora un hecho clave: Estados Unidos no cuenta con suficientes profesionales en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) para satisfacer la demanda laboral de su innovadora economía.
Esta tarifa de 100,000 dólares resultaría en que el acceso a talento clave sea financieramente inviable para muchos empleadores, especialmente para startups y empresas medianas. Esto se traduciría en ciclos de producto más lentos y retrasos en la innovación, además de que impulsaría el traslado de operaciones técnicas offshore. Los líderes empresariales saben que la competitividad depende del acceso a talento de primer nivel. Si la contratación global se vuelve prohibitiva, las empresas invertirán en otros lugares.
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Daños a la reserva de talento
Los estudiantes internacionales, que aportan más de 44 mil millones de dólares anuales a la economía estadounidense, suelen cursar estudios universitarios en Estados Unidos con el objetivo de acceder al programa H-1B. Las solicitudes de ingreso a las principales universidades ya están disminuyendo, y esta nueva tasa no hará más que acelerar esa tendencia. Si se matriculan 150,000 estudiantes internacionales menos ahora, Estados Unidos podría perder entre 45,000 y 60,000 trabajadores altamente cualificados en un plazo de cinco a seis años. Esto fragmentará la captación de talento y su recuperación tomará casi una década.
Lo que está en juego
Esto no es un asunto político, sino empresarial. Estados Unidos cimentó su liderazgo en su capacidad para atraer a los mejores talentos del mundo. Encarecer el acceso a ese talento lo impulsará hacia la competencia que está deseosa de captarlo. Para las empresas, las consecuencias son tangibles: mayores costos, menor crecimiento y menor competitividad. Para el país, significa perder la ventaja que ha impulsado su economía durante una generación.
La tarifa de 100,000 dólares para la visa H-1B no es solo una mala política, es un retroceso importante para el futuro de Estados Unidos.
Sobre la autora:
*Jasmin Singh es abogada de inmigración especializada en derecho migratorio estadounidense radicada en la Ciudad de Nueva York.
LinkedIn: Jasmin Singh
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