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    En política, la manipulación tiene además el objetivo de someter a las mayorías para cumplir metas electorales, difundir mensajes o simplemente adjudicarse capital político sobre otras fuerzas en competencia.

    Dos partes intervienen en este intercambio de señales, símbolos, contenidos, signos, mensajes; una de ellas es la beneficiaria, explotadora, abusiva, controladora y la otra actúa como receptora, usada, pasiva, sumisa. La primera cumple sus objetivos, la segunda es el instrumento con el que tales metas se cumplen. 

    Abuso, excesos, mentiras, sometimiento, distorsión de la realidad, son esquemas y herramientas de uso frecuente para manipular a las masas. Se trata de crear un estado emocional que permita incluso condicionamientos, sumisión y/o dependencia de una forma en que la sociedad renuncia al razonamiento, el pensamiento crítico, el disenso, la capacidad fiscalizadora y hasta el sentido común.

    Medios de comunicación, canales, redes sociales, discursos, entrevistas, seguidores, representaciones dramáticas, contenidos, eventos, simulación, propaganda funcionan en coordinación para hacer que la ciudadanía deje de estar en contacto con la realidad objetiva y se sumerja en un estado de inmovilidad, engaño, banalidad, indolencia e inercia sin capacidad para reaccionar y -de esta manera- “normalizar”, aceptar o resignarse ante la falta de seguridad, los errores de gobierno, la corrupción, inflación y los graves problemas sociales.

    Algunas de las técnicas utilizadas con mayor frecuencia para manipular políticamente incluyen: 

    • Devoción populista. Demostraciones de “amor”, entrega, compromiso hacia el “pueblo”, hay que hacerle sentir a la gente que es el centro del universo, todo con ellXs, nada sin ellXs, siempre primero, preferido, venerado hasta la cursilería.

    Acarreos y el dispendio de escenas de “cariño” entre el pueblo y sus manipuladores se vuelven parte del retrato cotidiano, ahí esta ese fervor, se siente, se demuestra se hace constar, flores, cartas, poesía, cajas de bombones (pensiones, apoyos, tarjetas, nominas electorales) y son gratis. 

    Toda ocasión debe ser parte de esas “demostraciones” de halagos, exaltaciones, reconocimientos, promesas cumplidas, realizaciones que muestran que el pueblo es uno, su líder también es únicX, son el uno para el otro, su magnética relación es un vínculo inquebrantable (sarcasmo, burla, lisonja, risotada).   

    Esta devoción paga dividendos y se conjuga con rechazo, divisionismo, un estado permanente de confrontación con los opositores, indolencia, indiferencia.

    Las cifras se ocultan, se alteran, los datos e información desaparecen, sin transparencia ni instituciones los ciudadanos poco pueden hacer para conocer la realidad objetiva del estado de las cosas.

    La tierra de la fantasía, idilio, romance con las bases mesiánicas da lugar a la mayor tergiversación que facilita imponer impuestos, saquear las finanzas públicas, sumirse en la impunidad y corrupción acelerando el deterioro social.     

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    • La rentabilidad de la victimización y la incompetencia. Crear “amenazas” es una formula de manipulación, a quien echarle la culpa de lo malo que pasa, aludir a fantasmas, extender el estado de emergencia porque ahí están “los adversarios” al acecho es parte de las tácticas para manipular. 

    Etiquetar a los “malos” exhibirlos, denostarlos, agredirlos verbalmente es parte de la jactancia del manipulador político. Sirve para anular la oposición, la resistencia o la fiscalización, por un lado. 

    Además, ofrece la oportunidad de hacer pasar por “bueno”, victima, personaje en constante inmolación y sacrificio que gana poco, que no roba y que por ingenuo o generoso siempre es blanco de críticas, sus errores son también “normalizados” no importa sino sabe nada, sino puede, si miente o cae en las “garras de la corrupción” todo lo hace para el pueblo por eso no pueden castigarlo. 

    La cruda realidad es que los abusos puedan pasar desapercibidos, que todos incluido el “pueblo bueno” sean parte de todo un sistema social corrompido donde se pase al lado de la tolerancia e indolencia sin exigir o demandar rendición de cuentas.

    • Negación, desviación, distracción. Si se ha llegado al paraíso donde todo le pertenece al “pueblo” no hay nada malo, nada puede estar mal, no pasa nada, todo está bien, si alguien roba o miente siempre contesta que no es cierto, repite y repite. 

    Siempre hay un torneo, un concurso, una noticia hacia la cual desviar la atención de las audiencias. Primero controlar los medios, que se difunde y que no. Ponle atención a lo viral y no preguntes sobre reformas o cambios en las leyes, mas impuestos, proyectos que no sirven, dispendio, falacias o perdida de recursos públicos. De la política no hay nada que te interese.  

    Segundo controlar a los actores, sin oposición no pasa nada. Los poderes sometidos son divergencia, sin acotaciones sin reflexión, con una educación derruida, formadora de adeptos se anula la divergencia. 

    Un mal resultado de gobierno siempre es rentable, las ineptitudes las paga siempre el “pueblo cliente”; las graves fallas de personal no calificado en puestos clave, facilitan sacarle más al contribuyente, mientras haya grupos pagados de apoyo, los opositores no llegaran a los números en las urnas.

    Así es la democracia, verborrea, demagogia, propaganda de fondo, nada de objetividad ni resultados, manipular es parte de la misión, el formato de intercambio que facilita el control de las masas, simple, concreto, crudo, realista.  

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    Twitter: @CapitolCComm

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