Por Luis Javier Álvarez Alfeirán*
Los grandes liderazgos de hoy no vienen de la política. La sociedad mundialmente hablando, se ha hartado de la política tradicional. El cambio de la tecnología en el pensamiento humano ha arrebatado la exclusividad del liderazgo mundial colocándolo en los propios ciudadanos. Es verdad que los sistemas políticos permanecen y aún tienen solidez, pero su ontológica rigidez se desmorona poco a poco pues no se sostiene en una credibilidad verdadera, sino que, por el contrario, cada día gasta más en apuntalarse ante la fuerza de un pensamiento democratizado que crece inevitablemente.
La política mundial debate hoy entre la guerra y la paz, entre conflictos bélicos y económicos propuestos no por la sociedad que los llevó al poder sino por un puñado de líderes que buscan autocomplacerse sin importar las consecuencias globales. El tono de las declaraciones se centra cada vez más en demostrar quién es más poderoso y no en qué es lo mejor para el mundo. El planeta entero enfrenta hoy en día, una crisis de incertidumbre bajo la sombra nuevamente de una tercera guerra mundial. Enfrenta también poblaciones que luchan por su sustento ante el incremento en los precios debido a los conflictos mundiales. Los radicalismos crecen, la xenofobia se incrementa injustificadamente no sólo entre culturas diversas sino dentro de las mismas comunidades.
Los líderes sociales y religiosos llaman a la moderación y la cordura; a la paz y la concordia desde sus propios púlpitos, pero aun así, no es suficiente; el ser humano ha dejado, en medio de una comodidad adormecedora, que su espíritu y sus valores entren en un letargo que domina su búsqueda de la trascendencia; la idea de finitud y la falta de sentido parecen dominar el pensamiento moderno. El tener se ha vuelto más importante que el ser.
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Pero…. el ser humano siempre encuentra nuevos caminos. El deporte y el entretenimiento se han abierto camino ante la fertilidad de la tierra de la superficialidad moderna para de allí emanar sus liderazgos. Los grandes líderes, no son necesariamente los elegidos en la urnas con altos porcentajes de abstencionismo sino los que venden camisetas deportivas o canciones en las plataformas. Por citar algunos ejemplos: Cristiano Ronaldo ha vendido más de 300 millones de camisetas en su carrera, más de dos millones en las 48 horas posteriores a su fichaje por el Al-Nassr; Messi y Neymar otro tanto. Justin Biebier tuvo un impacto digital de más de 26 millones de personas en su última participación en el festival Coachela 2026. Bad Bunny, durante el Super Bowl LX alcanzó la cifra récord de más de 4,000 millones de visualizaciones en 24 horas y 200 millones de reproducciones de video en redes sociales. Estos son sólo algunos casos, pero hay muchos más.
Regresando al deporte, el mundo del tenis tiene hoy a dos representantes muy superiores en comparación con el resto de los jugadores del circuito; el italiano Jannik Sinner y el español Carlos Alcaráz. Es importante citarlos pues en el recién terminado torneo ATP Masters 1000 de Monte Carlo, han demostrado que la rivalidad no compite con la humanidad. Que ser rivales no significa ser enemigos. Que, –compitiendo ferozmente por el trofeo–, pueden terminar fundidos en un abrazo celebrando y enorgulleciéndose de la victoria del otro.
La competencia es necesaria para despertar el espíritu del ser humano, para llevarlo al límite y buscar siempre posibilidades de mejora. Sin competencia (deportiva, económica, social, cultural, etcétera) la persona se estanca y deja de crecer; la competencia es por tanto, un aliado y no un enemigo. Sólo cuando se acuña el egoísmo en el ser humano, la discordia entra para pudrir el alma y ver en ello motivos de odio y no de valoración.
¡Cuánto podemos aprender de testimonios como el de estos dos grandes atletas del deporte blanco! (o el de los llamados Big 3 del tenis) en un mundo que necesita urgentemente este tipo de liderazgos. La humanidad está en camino de reconfigurarse y la sociedad y sus ciudadanos no pueden quedarse anquilosados; ni el dinero, ni los intereses individuales deben regir a la persona humana sino su sentido de comunidad y trascendencia. Ahora que se acerca el mundial de fútbol en nuestro país, recordemos el lema de México 1986: “el mundo unido por un balón”, ojalá que así suceda.
Sobre el autor:
Luis Javier Álvarez Alfeirán, MA, Director de Le Cordon Bleu México
LinkedIn: [email protected]
Twitter: @DirectorLCBMx
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