Por Luis Javier Álvarez Alfeirán*
Acabamos de vivir uno de los eventos más importantes de los últimos años, la muerte del Papa Francisco, el Cónclave y la elección de quien hoy es el nuevo líder de la Iglesia Católica: León XIV. Es de llamar la atención el nivel de cobertura mundial no sólo por los medios católicos sino por la prensa internacional de toda las líneas editoriales y credos. La ciudad de Roma se ha llenado de turistas y periodistas demostrando por qué es el principal centro de turismo religioso del mundo. Pero, al escuchar tantas voces, tantos pseudo-expertos y tanta gente opinando sobre quiénes serían los “papables”, o de cómo funciona o debe funcionar la Iglesia, como si ésta fuera sólo un botín de poder y no una institución de fe.
Este exceso de opiniones generó un interés que, ayudado por los medios de comunicación y las redes sociales, mantenía a todos en vilo en la espera de quién sería nombrado el romano Pontífice elegido por los cardenales. Lo que nos lleva a una pregunta natural: ¿hay un verdadero interés en el destino de la Iglesia católica a través de su líder o es un morbo mediático para saber el país de origen, ideología, color o línea de pensamiento?
Los protocolos centenarios de la Sede Vacante y el cónclave son algo que resalta en medio de la modernidad, pero a su vez, es un reflejo del interés que genera y el gusto que provoca. Sucede algo similar con la realeza inglesa cuyos eventos causan también azoro por su vistosidad y elementos que respetan las tradiciones más antiguas.
Esta reflexión, que nace desde lo personal, me lleva a trasladarla al mundo del turismo y la gastronomía, ¿sucede lo mismo?
Es común ver en los grandes museos del mundo como el Louvre en París, cómo la gente se agolpa para sacar la mejor foto de la diminuta [en dimensiones] Monalisa; el resto del museo, más allá de alguna otra escultura –como la Venus–, pasa casi inadvertido por la mayoría de los turistas que sólo quieren la foto para subirla en las redes sociales.
¿Hay interés en la cultura o vivimos por una cultura de intereses? ¿Sólo importa lo que “está de moda”, “lo que es viral”? La sociedad líquida de la que hablaba el filósofo y sociólogo polaco Zygmund Bauman es cada vez más evidente; el interés social se mueve en función de las modas pasajeras y brutalmente efímeras. No preguntamos nada y creemos en todo, aunque una creencia sin raíces nos llevará a fundamentalismos tan vanos como peligrosos. Ya lo decía la filósofa rumana Catalina Dobre citando a su compatriota Cioran: “el origen del mal radica en la falta de preguntas, es decir; en la ignorancia”. Nuestra sociedad parece ahogarse en la ignorancia dentro el mar de la información. ¿cuáles son las consecuencias en la industria del turismo y la gastronomía? Entre otras cosas, el así llamado overtourism; la masividad depredadora de quien no respeta el sentido sino destruye el entorno, ese que busca experiencias no por el disfrute personal sino por tacharlas de un checklist de “cosas que debes hacer antes de morir”.
¿Es el morbo el motor del turismo y la gastronomía moderna? ¿el hacer lo que otros dicen que hay que hacer aun cuando vaya en contra de mis propios intereses?
Es verdad que la industria se beneficia económicamente de ello y con ello también las comunidades y los pueblos. La promoción turística es importante y necesaria para el desarrollo y preservación de los destinos y de la cultura. La derrama económica es vital para la supervivencia de muchos monumentos; pero esta reflexión busca ir más allá, tiene que ver con la persona humana y lo que busca, con lo que trasciende y nos hace trascender como humanidad. Cabida hay para todo y para todos mientras no prostituyamos nuestros gustos por unas cuantas fotografías que llenen nuestras cuentas en redes sociales de algo que no somos, de algo que tiene que ver más con el morbo y no con el interés.
Sobre el autor:
*Luis Javier Álvarez Alfeirán, MA, es director de Le Cordon Bleu-Anáhuac.
Correo: [email protected]
Twitter: @DirectorLCBMx
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
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