Las empresas mexicanas y extranjeras pueden adquirir créditos de naturaleza valuados en 20 millones de dólares, lo que les permitirá cumplir con las nuevas regulaciones de conservación de la biodiversidad, así como el combate del cambio climático y la huella de carbono.
“La cifra (de un millón de créditos de naturaleza) pudiera parecer menor si la comparamos con otros mercados financieros, pero hay que es un mercado naciente en México y apenas despunta en Europa”, afirmó Guillermo Hinojos Mendoza, fundador de NAT5 y CEO de ASES Ecological and Sustainable Services.
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Según el empresario, son 370 millones de pesos (20 millones de dólares) en créditos que van directo a la conservación, compensación o restauración de los ecosistemas, así como tienen un impacto positivo en la naturaleza también lo tienen en las finanzas de las empresas, gobiernos o inversionistas.
Los productores, dijo, cuidan un bosque o una área natural en cualquier zona de México, lo que les permite vender créditos de naturaleza a las empresas que buscan cumplir con las regulaciones ambientales en la Unión Europa y otros mercados donde exigen la huella verde.
Lorenzo Vianello, presidente de la Cámara de Comercio Italiana en México, dijo que las compañías de origen italiano están interesadas en comprar los créditos de naturaleza ofrecidos por 30 proyectos sostenibles mexicanos, los cuales fueron certificados a través de NAT5 Nature Positive bajo su estándar aOCP (Ases On-Chain Protocol).
“Los proyectos que ya hacen se certifiquen se pueda comprar los créditos para aumentar los esfuerzos en responsabilidad social ambiental”, comentó el empresario.
En México, no han comprado créditos de naturales, porque el mercado que “hay es solo de créditos de carbono y no son créditos ambientales o naturaleza, entonces falta una oferta”, dijo el representante empresarial.
Agregó que el mercado de créditos de naturaleza tiene un valor a nivel internacional muy relevante para las empresas.
Entre los proyectos que venden créditos de naturaleza, detalló, están los encargados de los bosques de pino-encino en Durango, un refugio del jaguar y del guacamayo verde, donde la conservación evita emisiones de carbono y protege cuencas hídricas.
“Otro grupo comercializa bonos de naturaleza por la conservación de los paisajes agroforestales en Chihuahua y Oaxaca, que restauran suelos degradados y capturan carbono mientras fortalecen la producción local”, mencionó.
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También, agregó que comunidades comercializan el financiamiento por el cuidado de los humedales costeros en la península de Yucatán, claves para la protección contra huracanes y la biodiversidad marina.
Sergio Contreras, Presidente Ejecutivo del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE), respaldó el lanzamiento de los créditos de naturaleza, los cuales pueden ser adquiridos por las empresas mexicanas interesadas en cuidar el medio ambiente.
El Foro Económico Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) calcula que el mundo enfrenta un desbalance financiero. Cada año, se invierten más de 7 billones de dólares en actividades que degradan la naturaleza, mientras que se destinan 200 mil millones de dólares a conservarla o restaurarla.
Por cada dólar invertido en conservar la naturaleza, se emplean 35 dólares para destruirla, pese a que más de la mitad del producto Interno bruto depende de ella, dijo.
“Todo ello nos lleva a una situación alarmante desde el punto de vista ecológico hasta el económico”, explicó.
Los créditos de naturaleza son un instrumento financiero diseñado para compensar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), mientras las empresas, gobiernos e inversionistas invierten en la conservación o restauración de los ecosistemas y el medio ambiente, mencionó.
“Lo que antes se consideraba filantropía, ahora es un activo económico con valor contable y con la capacidad de generar retorno de inversión. Estamos construyendo un mercado donde invertir en biodiversidad es tan natural como invertir en energía o infraestructura”, explicó Guillermo Hinojos Mendoza.
“Cada crédito equivale a una unidad de naturaleza positiva, que integra beneficios de biodiversidad, carbono, agua y suelo, y está respaldado por un sistema de Monitoreo, Reporte y Verificación (MRV) con imágenes satelitales y auditorías de campo”, expresó Hinojos Mendoza.
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“El mensaje es claro: invertir en naturaleza ya no es una opción, es la única forma de asegurar el futuro, y la diferencia la marcarán las empresas que actúen primero”, detalló.









