Los astronautas del viaje Artemis II a la Luna en abril de 2026 no solo disfrutaron de una increíble travesía espacial, sino que también presenciaron algo extraordinario: fueron los primeros seres humanos en observar un eclipse solar total desde el espacio.
Un eclipse solar ocurre cuando la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra. En un eclipse total, el disco central del Sol queda completamente cubierto.
Desde la Tierra, el círculo del Sol tiene aproximadamente el mismo tamaño que el de la Luna. Al estar el brillante disco solar bloqueado, se pueden observar los rayos ondulantes de la corona solar, o atmósfera exterior, que normalmente son demasiado tenues para ser vistos.
Soy antropóloga cultural y estudio los aspectos más impresionantes de la exploración espacial. He tenido la suerte de presenciar dos eclipses solares totales. El primero fue en Nebraska en 2017, y el segundo en Indiana en 2024.
Durante mi segundo eclipse total, el período de totalidad —ese breve lapso en el que uno puede quitarse las gafas protectoras y mirar directamente al eclipse— duró casi 4 minutos. Vi ondas de luz difusa serpenteando alrededor de un agujero negro como la tinta en el cielo. Parecía algo muy extraño, casi extraterrestre.
El 12 de agosto de 2026 habrá otro eclipse solar total, visible solo desde Groenlandia, Islandia, España y las Islas Baleares del Mediterráneo. Algunos afortunados observadores en España y las islas cercanas podrán ver el eclipse justo antes del atardecer, bajo en el horizonte. La ilusión lunar, un fenómeno por el cual la Luna parece más grande cuando está cerca del horizonte, podría hacer que este eclipse parezca inusualmente grande.
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Perspectivas inusuales sobre eclipses
Los astronautas también experimentan ocasionalmente eclipses poco comunes. Entrevisté a una persona a la que llamo con el seudónimo de “Jackie” en mi investigación sobre las experiencias de asombro de los astronautas. Ella formaba parte de un grupo de entrenamiento de astronautas que realizó un ejercicio de vuelo durante un eclipse solar total.
Jackie y su equipo volaron sus aviones a la sombra de la Luna. Esto prolongó su tiempo de observación de la totalidad, ya que pudieron seguir el eclipse y permanecer dentro de la sombra. A Jackie le impresionó especialmente cómo la corona solar parecía moverse y ondular.
“No es estática… está viva”, me dijo.
El 6 de abril de 2026, los astronautas de la misión Artemis II de la NASA presenciaron otro tipo de eclipse inusual mientras orbitaban la Luna. En un momento dado, la Luna y la nave se alinearon de tal manera que la Luna se interpuso directamente entre ellos y el Sol, bloqueando el disco solar de una forma muy diferente a como lo vemos desde la Tierra.
El astronauta Victor Glover comentó que se sentía como si estuvieran en una película de ciencia ficción.
Los astronautas estaban tan cerca de la Luna que esta parecía más grande que el Sol y ocultaba gran parte de su brillante superficie. La Tierra también era visible, y la luz solar se reflejaba desde la Tierra hacia la Luna en un fenómeno que la NASA denomina “luz terrestre”. Esta tenue luz es muy similar a la luz de la Luna que ilumina la Tierra por la noche.
Imaginen el Sol oculto tras la Luna, creando un halo difuso alrededor de sus bordes. Al mismo tiempo, la tenue luz reflejada desde la Tierra ilumina suavemente la Luna, revelando montañas y cráteres en un crepúsculo tenue. Ahora imaginen esta impresionante escena durante 54 minutos.
Sin duda, este espectáculo fue uno de los eclipses más inusuales jamás vistos por ojos humanos.
Aunque los astronautas de Artemis están entrenados para pensar científicamente, esta experiencia los dejó asombrados. Hablaron abiertamente de cómo sus cerebros “no procesaban” lo que observaban. Si bien la NASA los mantuvo ocupados con diversas tareas, la emoción y el entusiasmo en sus voces mientras transmitían en vivo desde su sobrevuelo lunar eran inconfundibles.
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La psicología del asombro
Los investigadores estudiaron los efectos del asombro en el cerebro humano, incluyendo el que se experimenta durante los eclipses solares. Momentos de maravilla como estos pueden transformar cómo nos sentimos e incluso cómo pensamos, haciéndonos más reflexivos y de mente abierta.
En mi propio trabajo, he descubierto que estas experiencias pueden cambiar la forma en que los astronautas comprenden su lugar en el universo.
Una astronauta comentó que adquirió conciencia de la fragilidad de nuestro planeta, lo cual ahora influye en todo lo que hace, mientras que otra describió haberse vuelto más curiosa tras regresar a la Tierra. Un tercero afirmó que el asombro que experimentó en órbita lunar cambió su comprensión del tiempo y el infinito.
Los viajes espaciales brindan muchas oportunidades para el asombro, pero un eclipse solar desde detrás de la Luna, como lo expresó el comandante de la misión Reid Wiseman, requirió “veinte nuevos superlativos”.
Es una experiencia con la que la mayoría de los cazadores de eclipses que se dirigen a Groenlandia, Islandia o España este verano solo podrán soñar. Sin embargo, ya sea que los eclipses ocurran en el espacio o en la Tierra, los encuentros cercanos con la grandeza de nuestro universo pueden hacernos sentir profundamente humanos.
*Deana L. Weibel es profesora de Antropología en la Universidad Estatal de Grand Valley.
Este texto fue publicado originalmente en Forbes US










