
Julián Ríos ha dedicado casi diez años de su vida a emprender en el sector salud y sabe que “cuando la medicina está bien hecha, es la profesión más milagrosa del mundo”. Pero “cuando no cuenta con la tecnología correcta, los procesos ni las personas correctas, es catastrófica”.
Por eso, su motivación es encontrar soluciones. “No puede ser que la tecnología y la sociedad parezcan avanzar e innovar, pero la medicina, que es donde más se necesita, se quedó en la década de 1990 o principios de los 2000”.
Empezó a emprender cuando tenía 17 años con Eva bra, un dispositivo médico para ayudar a la detección de cáncer de mama, sin sustituir una mastografía. Después migró hacia un servicio llamado Eva Center, una cabina de detección de cáncer, pero se enfrentó a muchas reticencias.
“La comunidad médica no estaba contenta con el hecho de que hubiera un nuevo método o gente joven tratando de ayudar, también creía que las mujeres iban a decir que esto sustituye a la mastografía”, menciona.
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Pero eso sentó las bases de Eden, plataforma de radiología e imagen que permite un diagnóstico más preciso y veloz, recaudando más de 14 millones de dólares en capital de riesgo de firmas como Y Combinator, KaszeK Ventures, Khosla VC, Hummingbird VC, y de inversionistas ángeles reconocidos como Ashton Kutcher, Leonardo DiCaprio, Tony Robbins, Jessica Livingston y Paul Buchheit.
Además, atiende a más de 2,000 instituciones de salud en 18 países de América Latina, entregando 13 millones de diagnósticos médicos cada año.
Julián, con 26 años de edad, está convencido de que su éxito ha sido gracias a la resiliencia. “Cuando uno tiene pasión y amor, surge el ímpetu genuino de: ‘voy a hacerlo, no importa si me linchan, voy a buscar generar valor a los pacientes y a los médicos’”.

Lecciones de un emprendedor joven
Una de las mayores crisis a las que se enfrentó Julián fue a las regulaciones tan estrictas y al rechazo de la comunidad médica de que existieran nuevos métodos clínicos.
“En algunos puntos sentía que el mundo se venía encima, los médicos, el gobierno, la gente que en algún momento te enalteció, pero ahora en redes sociales y en el mundo exterior empieza a decir: ‘siempre supe que este niño no estaba haciendo las cosas bien’. Yo tenía 20 años, me despertaba con taquicardia, pero la misión siempre fue más grande que cualquier adversidad”, menciona.
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Julián Ríos lo equipara a cuando un boxeador, después de una pelea, le preguntan: ‘¿qué golpe te dolió más?’. “Todos dolieron y he aprendido de todo. No solo empecé joven, sino empecé joven en una industria que es extremadamente tradicional y extremadamente credencialista, un tanto anticuada y regulada”, dice.
No duda al decir que ha recibido lecciones todos los días, pero él se mantiene firme para seguir trabajando en pro de la salud de México y la región, “espero poder ejercer esta profesión por cada minuto y cada segundo de mi existencia hasta que se me dé el último aliento”, afirma.
Hoy cree que la resiliencia ha sido clave para su permanencia dentro del ecosistema emprendedor. “Recuerdo muchos emprendedores que empezaron a la par que yo. La única diferencia entre ellos y yo no creo que sea inteligencia, ni acceso a capital, ni nada más que resiliencia”.










