Por eso te invito a leer los próximos ensayos, en los cuales compartiré contigo diversas metodologías para afinar la puntería y acertar con mayor facilidad. Empecemos.
El secreto para tomar mejores decisiones es entender cómo funcionan nuestras emociones para evitar que nos nublen la vista. Déjenme darles un ejemplo: situémonos en los años 80, en la empresa que hoy es la líder mundial en microprocesadores, Intel. En esos años, Intel era muy fuerte en la fabricación de memorias para computadoras y apenas estaba empezando con los microprocesadores. Todo iba muy bien hasta que los japoneses incursionaron en el mercado de las memorias y empezaron a ganarles terreno. Intel no sabía qué hacer, se preguntaba: “Debería competir frontalmente con los japoneses y apostarle todo al mercado de memorias que ya es un mercado maduro, que cada vez más se va a regir más por precio, o debo entrarle de lleno a los microprocesadores que es un mercado de alta tecnología en crecimiento”. El problema era que tenían un pie de cada lado y que por más que su equipo ejecutivo quería decidir qué hacer, no llegaban a una conclusión porque las emociones estaban a flor de piel. ¿Cómo podían abandonar el producto que los había hecho exitosos?
Un día de 1985, llega una corazonada a su Director General, Andy Grove, quien se plantea la pregunta desde una nueva óptica. Se pregunta: “¿Que haría mi sucesor en este caso?”, y la respuesta de pronto es obvia, ¡se saldría del negocio de las memorias y se dedicaría en cuerpo y alma al mercado de microprocesadores! Gracias a que Andy logró re-enmarcar la pregunta, hoy Intel es la gran empresa que todos conocemos
Al igual que a él, a todos nos conviene aprender a re-enmarcar las preguntas. La investigadora Suzy Welch, desarrolló una sencilla metodología que denomina el Método 10-10-10, que nos ayuda a distanciarnos de la interrogante y a poder verla con mayor objetividad.
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Casi siempre se nos complican las decisiones por la carga emotiva de corto plazo. Para poner las cosas en perspectiva, el ejercicio 10-10-10, nos invita visualizar tres escenarios. El primero es preguntarnos cómo nos sentiremos a 10 minutos de haber tomado la decisión; el segundo es cómo nos sentiremos a los 10 meses, y el tercero es cómo nos sentiremos a los 10 años.
Ahora, apliquemos esta metodología a un ejemplo sencillo de un chavo que le quiere pedir a una chava que ande con él. Sus emociones están a flor de piel, está lleno de expectativa, ilusión y temor. Su cabeza anda a mil por hora. Algunas ideas son dulces, llenas de cariño y promesas, y otras son dardos envenenados que lo paralizan: ¿Qué pasará si me rechaza, si se burla de mí o aún peor, si les comenta a sus amigas y me vuelvo el hazme reír de la escuela? Es aquí donde las emociones y nuestra gran aberración al dolor, nos nubla la vista.
Si a este chavo le invitáramos a hacer el ejercicio del 10-10-10, y le preguntáramos cómo se sentiría a los 10 minutos de haberle hablado a la chava, seguramente nos respondería que, o se sentiría muy bien si la chava lo hubiese aceptado, o súper sacado de onda si ella lo hubiese rechazado. Como nuestra aberración al dolor es tan grande, es posible que este temor al rechazo lo hubiera disuadido a actuar, lo cual es una verdadera pena.
Ahora, siguiendo con nuestro ejercicio, si le pidiéramos que avanzara rápidamente la película para ver cómo se sentiría en 10 meses acerca de haber tomado la decisión de hablarle a esta chava, seguramente su respuesta sería totalmente diferente. A la mejor en 10 meses siguen andando o a lo mejor la llamada es sólo un vago recuerdo. Y si le pidiéramos que nuevamente avance rápidamente la película a los 10 años y le preguntáramos que describa su sentimiento desde esta perspectiva, nuevamente será un escenario totalmente diferente. O ésta fue la llamada definitiva que le acercó al amor de su vida o su respuesta sería: “¿De qué llamada me estás hablando?”
Aplicar esta sencilla metodología nos permite tomar distancia y poner en perspectiva la incógnita para poder tomar una decisión muchísimo más acertada. Y no sólo sirve para especular si le hablamos a una chava, o si firmamos un contrato, sino también funciona muy bien para controlar nuestra impulsividad.
La próxima vez que estemos a punto de explotar, preguntémonos cómo nos sentiremos a los 10 minutos, a los 10 meses y a los 10 años de la explosión. Antes de finalizar, me gustaría compartir con ustedes otra sencilla metodología. Ésta se llama ¿Qué le dirías a tu mejor amigo? Igual que nos pueden ganar las emociones al tomar una decisión, también nos puede ganar la complejidad. Imaginemos a otro chavo que está pensando en qué carrera elegir.
Su papá quiere que estudie Leyes como él, y el chico está confundido. Por un lado, entiende que Derecho es una buena carrera y que a la larga le permitirá tener estabilidad económica. El problema es que no le llama la atención ser abogado, a él siempre le ha llamado la atención la música. Incluso tiene su grupo que organiza eventos y toca en fiestas. Realmente no sabe qué hacer. Por un lado, está la seguridad y el prestigio. Por el otro, está lo que le gusta, lo que le nace, lo que lo hace feliz.
Sin embargo, también piensa en Ramón, el hijo mayor del socio del despacho de su papá, y se pregunta a sí mismo: ¡Imagínate que ése idiota termine por ganar más dinero que yo! Su cabeza está tan llena de información que no logra distinguir los árboles del bosque. Todo está revuelto en una palestra al mismo nivel ¿Qué pasa cuando le pedimos al joven que aplique nuestra segunda herramienta? ¿Qué le diría a su mejor amigo? De pronto la decisión es clara. Le diría que se dedique a lo que le gusta y que no desperdicie su vida. Resulta que al preguntarse qué le recomendaría a su mejor amigo, desenmarañó las cosas y logró enfocarse en lo fundamental. Reconoció que lo importante es hacer lo que le inspira y le hace feliz. Francamente, ganar más dinero que el hijo mayor del socio de su padre es una pobre excusa para una vida significativa, pero no es hasta que se centró en lo esencial, que las cosas fueron obvias.
En resumen:
Todos tenemos la capacidad para llegar a buenas conclusiones. El secreto es aprender a desarrollar un diálogo interno que nos ayude a discernir. Por lo tanto, la próxima vez que te encuentres ante una disyuntiva, te recomiendo que apliques alguna de estas sencillas metodologías para tomar distancia con la incógnita y verla en su auténtica dimensión.
Contacto:
Mac, visionario emprendedor y líder de opinión en cómo construir el futuro en el cual nos dará gusto vivir. Enseña a empresas, asociaciones y gobiernos a enfrentar mejor el futuro, asumir su grandeza, y hacer una diferencia en el mundo.
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