En el Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD) hicieron una propuesta para mejorar a la democracia mexicana. Si se les escucha, se atajarán las sospechas sobre regresión y restricciones a la pluralidad.
Salvar a la democracia. Ese es el propósito de la propuesta del Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD).
Ante la coyuntura, y los riesgos de que se apruebe una reforma regresiva, tres expresidentes del INE, José Woldenberg, Leonardo Valdés y Lorenzo Córdova, acompañados por los también exconsejeros electorales Jacqueline Peschard, María Marván, Ciro Murayama, Mauricio Merino, Rodrigo Morales y Arturo Sánchez, establecieron los ejes que pueden, no solo mejorar al sistema, sino hacerlo más representativo.
Se inclinan por el aumento de diputados de representación proporcional, para alcanzar el 50 por ciento en la Cámara de diputados, es decir 250 legisladores de mayoría y un número igual por la vía plurinominal.
En el Senado, en cambio, se inclinan por la representación proporcional, eligiendo cuatro escaños por entidad, lo que propiciaría una integración más acorde con la pluralidad y el voto ciudadano.
La idea es que el Senado sea el encargado de la designación de los consejeros del INE y los magistrados electorales del TEPJF, obligando al acuerdo, bajo umbrales mínimos del 75 por ciento de los legisladores presentes para aprobar los nombramientos.
También se manifestaron por mantener los recursos públicos como la principal fuente de financiamiento de los partidos políticos, para, entre otras cosas, evitar la utilización de dinero ilegal y la cooptación de grupos criminales u oligárquicos.
En el IETD parten de que estamos fuera de la normalidad constitucional ya que “la presente legislatura del Congreso de la Unión fue integrada merced a una doble maniobra que le dio a la coalición gobernante una sobrerrepresentación inconstitucional e ilegal en la Cámara de Diputados y una mayoría calificada en el Senado alcanzada mediante la extorsión y la amenaza.”
De ahí que sea indispensable un golpe de timón para que la próxima reforma sea producto del más amplio consenso entre las fuerzas políticas y no de una imposición.
Si se atiende la propuesta del IETD se podría contener la deriva democrática en la que el país se encuentra, despejando, de paso, los nubarrones que ya se perfilan en el horizonte.
Está en manos de quienes ahora gobiernan el escuchar, pero sobre todo de dejar claro que en realidad quieren mejorar la democracia y no estropearla para dar paso a un esquema de control desde el propio poder.
Después de todo, el avance de la representación proporcional y la elección de autoridades capaces e independientes fueron reclamos constantes de la izquierda democrática.
En el IEDT se caracterizan por hacer planteamientos serios y entre sus integrantes se encuentran algunos de los más refinados expertos en temas electorales.
Tienen razón, pero no les harán caso, no existe, a menos hasta el momento, señal alguna que desde Palacio Nacional se inclinen por fortalecer y continuar el camino de las reformas que hicieron posible el respeto al voto y las tres alternancias en la presidencia de la República.
Acaso por ello, desde el IEDT hacen una llamado a la propia sociedad para que esté advertida de los riesgos y los daños de un cambio en las reglas del juego electoral que no estén respaldadas por todos los participantes.
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