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    Por Luis Javier Álvarez Alfeirán*

    Hablamos en mi artículo anterior para este mismo medio, de resiliencia y creatividad en la cocina como un ejemplo para el mundo de los negocios. La relación entre la actividad culinaria y el mundo empresarial es evidente. La industria restaurantera representa una derrama importante en la economía local y es uno de los elementos primordiales del PIB turístico.

    Bajo los árboles de la calle de Carrer de Francisco Giner 54 en el barrio de Gracia en Barcelona se levanta un pequeño local que alberga un restaurante bajo el nombre de Cibulet. Como este, hay muchos ejemplos alrededor del mundo. Lo que a primera vista es un lugar más para comer contiene en su interior una historia de lucha y superación, de talento e inspiración, de originalidad y de tradición.

    Toni, su cocinero, he demostrado que no se necesitan grandes espacios para alcanzar la grandeza, – a fin de cuentas, la Gioconda de Miguel Ángel es apenas un pequeño lienzo de 77×53 cms.–. La innovación de sus platillos no tiene nada que ver con el acceso a grandes presupuestos sino con el talento de las personas. En su cocina no hay espacio para más de tres cocineros y aun así lo que sirven supera por mucho las expectativas de sus comensales; sabor, presentación, calidad…

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    El talento de las personas es el verdadero recurso invaluable de las empresas, no los presupuestos, no la tecnología, no la publicidad; estos últimos son sólo herramientas que, si no tienen su fundamento en la persona humana, no serán suficientes para alcanzar el máximo potencial dentro de los objetivos planteados.

    ¿Cuántos empresarios no han oído la cantaleta del ‘necesito más presupuesto’, ‘necesitamos subirnos al tren de la tecnología’, ‘necesito más colaboradores’ o tantos otros argumentos que, aunque quizás válidos, estériles si no se tiene como base optimizar en primer lugar el talento creativo que maximice los resultados con los recursos disponibles?

    Una diminuta cocina con un gran talento puede convertirse en un gran restaurante. Vivir la experiencia de encontrar estas joyas de la gastronomía mundial, de aquellas que sin pretensiones, alcanzan a transmitir, a través de la experiencia, la pasión, la historia y la propuesta de estos grandes cocineros. La juventud de Toni contrasta con la madurez de su propuesta, el éxito del empresario es directamente proporcional a la confianza depositada en este joven talento culinario. Confiar en las personas retribuye.

    En esta historia, como en tantas otras, el camino no siempre ha sido cuesta arriba. La madurez de un joven se alcanza cuando ha vivido y ha sabido transformar sus vivencias en objetivos claros. Cuando no hay quejas sino soluciones. Cuando sabes que en la cocina, como en el mundo de la empresa, no hay tiempo para lamentarse, sino que se debe seguir adelante encontrando el camino aun en medio de la más grande oscuridad.

    Sobre el autor:

    *Luis Javier Álvarez Alfeirán, MA, es director de Le Cordon Bleu-Anáhuac.

    Correo: [email protected]

    X: @DirectorLCBMx

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