El PAN está en un proceso de ajuste, las heridas de la elección del 2024 y el desastre que implicaron, requerían de reflexionar para ver qué es lo que sigue para la principal fuerza opositora en el país.
Jorge Romero y su equipo, trabajaron en tres ejes: redefinir causas, con énfasis en el orgullo panista y la empatía con la gente; a nivel estatutario abrir el partido a la participación, transparencia y democracia; cambio en la identidad visual, con un logotipo que refleje modernidad, cercanía y orgullo por la historia.
Al panismo, aunque parezca increíble, se le dificulta asumir su esencia de partido de derecha. Quizá sea una consecuencia de la tensión entre las visiones de sus dos fundadores, Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna. El primero, laico y constructor de instituciones y el segundo, portador de una cultura arraigada en el catolicismo y en la política como un servicio a la sociedad.
Acaso sin proponérselo, Romero está tratado de resolver el dilema refrendado los valores de patria, familia y libertad, donde se puede construir un proyecto político que mantenga a los sectores tradicionales del panismo, pero que lance un guiño a esas franjas de indecisos que pueden significar un crecimiento que los mantenga en la pelea por el poder político.
Lo de la vuelta al orgullo es un acierto, pero puede desbarrancarse si no es una genuina reivindicación de etapas que van de la fundación, pero que tienen que abarcar el surgimiento del neo panismo, con Manuel Clouthier, Luis H. Álvarez y Francisco Barrio, aunado a la potencia reformista que Carlos Castillo Peraza.
Pero también a lo positivo de sus dos presidencias de la República, la de Vicente Fox y la de Felipe Calderón.
Es una asignatura difícil, por rupturas previas y hasta antagonismos, pero puede ser crucial si se trata de retomar una tradición.
El especto más notorio de la estrategia es el que implica cancelar las alianzas con otras fuerzas partidistas, rompiendo, así, con un acuerdo que les significó victorias en el pasado, y que significó detener la degradación de la democracia en el 2021.
Al parecer, Romero pretende despojarse de los negativos, supuestos o reales, que implica mantener un acuerdo con el PRI. El distanciamiento es un corrimiento hacia la derecha, porque, en efecto, no se puede elaborar un proyecto conservador de la mano de los priistas, más arraigados en corrientes progresistas e inclusive estatistas.
Sin embargo, las premisas y las urgencias que hicieron posible el Frente Amplio Progresista siguen vigentes. Los riesgos sobre el Poder Judicial ya no son ni eso, ya que se terminó o diluyó la independencia de ministros, magistrados y jueces y los amagos sobre el INE son más fuertes que antaño, aunque no tengan la estridencia de la etapa de López Obrador, ahora cuentan con la certeza de que la reforma electoral será regresiva.
En ese contexto, ¿es una buena idea renegar de antemano de posibles alianzas en lo local?, ¿realmente hay análisis de que es mejor recorrer el camino en solitario?
En el PAN, en su dirigencia actual, están convencidos de que es mejor jugar sin refuerzos para probarse en las elecciones de 2027, aunque quizá el pragmatismo o el sentido de la realidad se impongan en Nuevo León y en Chihuahua, donde es vital una alineación que haga frente a Morena.
Ya tienen un nuevo logo, más estilizado y supongo que estudiado de modo cualitativo, pero puede resultar irrelevante si carece de contenido y propuestas.
Sobre el autor:
Twitter: @jandradej
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
Sigue la información sobre los negocios y la actualidad en Forbes México










