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    Leica ocupa un lugar especial en la historia de la fotografía, porque varias de las imágenes más icónicas del Siglo XX fueron tomadas con una de sus cámaras. El retrato del ‘Che’ Guevara, de Alberto Korda; “El beso”, de Alfred Eisenstaedt ; “La niña del napalm”, de Huynh Cong; “El beso del Hôtel de Ville”, de Robert Doisneau  y “El soldado caído”, de Robert Capa, son algunos ejemplos que fueron inmortalizados a través de las lentes de la marca alemana, que cumple 100 años.

    Hoy, la firma busca nuevas oportunidades de negocio y capturar el interés de los consumidores en nuevos segmentos. Aunque la mayor parte del negocio viene de la venta de cámaras, la compañía afirma que está creciendo también en los segmentos de Home Cinema, laser e imagen, así como en smartphones con el lanzamiento de su app Leica LUX para fotografía profesional con el iPhone, así como sus colaboraciones con las marcas chinas como Xiaomi.

    “Estas categorías no sólo son nuestro futuro, sino que todavía están creciendo y en una etapa temprana. Pero principalmente, nuestros resultados están impulsados por el negocio de la fotografía”, dice Mathias Harsch, CEO de Leica Camera AG (LCAG), en entrevista con Forbes México.

    Aunque no tiene las mismas ventas que los productores en serie de cámaras, Leica Camera AG presumió sus mejores resultados financieros en el año fiscal 2023-2024, con unos ingresos de 554 millones de euros, un 14% más que en el periodo anterior.

    Matthias Harsch es el director general de LCAG desde 2017. Antes de incorporarse a Leica, fue director general de Loewe AG, donde desempeñó un papel fundamental en la exitosa reestructuración y relanzamiento de la empresa. En una etapa anterior de su carrera, Harsch dirigió el Grupo Bizerba durante varios años como portavoz de la junta directiva, supervisando la estrategia y el crecimiento operativo de la compañía.

    Aunque el directivo reconoce que Leica tiene solamente un 3 o 4% del mercado de fotografía, su participación sube cuando se trata de cámaras de 3,000 o 4,000 dólares. “Hemos tenido cuatro años récord seguidos, incluso en el año de nuestro centenario, lo que demuestra que la marca tiene gran aceptación, que hacemos una buena estrategia de portafolio y que hay mucho espacio para crecer en todos lados. Al final, es una cuestión de pasión, y creemos que, con más fotos y videos, además del impulso de redes sociales, hay oportunidades de crecimiento en todo el mundo”, afirma.

    Los orígenes

    Aunque la compañía fue fundada en 1914 por Ernst Leitz (Leica viene de Leitz Camera), fue en 1925 cuando se lanzó la Leica I, la primera cámara de 35 mm compacta y portátil, que cambió para siempre la fotografía, pues hasta entonces los equipos eran grandes y poco prácticos. El artífice de esta creación fue Oskar Barnak, un fotógrafo de salud frágil al que se le complicaba cargar las pesadas cámaras de placas que se usaban en la época, por lo que se propuso hacer un dispositivo mucho más ligero y portátil. Esa innovación cambió para siempre la historia de la fotografía.

    Este cambio no solo transformó la técnica, sino también el periodismo y la cultura visual del siglo XX: por primera vez, fotógrafos y reporteros pudieron moverse con libertad, registrar la vida urbana, la guerra o la intimidad de lo cotidiano sin el estorbo de un equipo voluminoso.

    Las características de Leica la hicieron la cámara predilecta para el fotoperiodismo, pues sus lentes son muy valorados por su nitidez, contraste y “bokeh” natural, su manufactura que las hace muy durables y su diseño clásico las han hecho objetos de colección y de lujo.

    No es casual que muchas de las imágenes más icónicas del siglo XX hayan sido capturadas con una Leica: desde la célebre foto del “Hombre del tanque” en Tiananmen, pasando por los retratos íntimos de Henri Cartier-Bresson —considerado el padre del fotoperiodismo moderno—, hasta escenas que documentaron el Holocausto y la Guerra Civil Española.

    Leica ha servido para contar y retratar la historia y cien años después, con un mercado mucho más grande y pulverizado, y con smartphones que presentan cada año innovaciones en sus cámaras, esta compañía centenaria quiere permanecer vigente con las mismas características que han hecho única a la marca.

    En un siglo de historia, Leica ha sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial, a las marcas japonesas (Nikon, Canon, Sony), a la digitalización de la fotografía y a su casi quiebra en 2004, cuando presentaba pérdidas y parecía compartir el mismo destino que otros gigantes fotográficos, como Kodak.

    Pero en 2005 la compañía fue rescatada por el empresario austriaco y entusiasta de la fotografía, Andreas Kaufmann, y desde entonces ha cambiado de rumbo y la marca ha prevalecido como un símbolo de lujo y exclusividad. Primero, Kauffman dio una idea que parecía ir a contracorriente de la inercia tecnológica: una cámara que sacara fotos únicamente en blanco y negro. En 2012 el fabricante alemán presentó la cámara digital Leica M Monochrom. Tenía un precio alto, 6,800 euros, pero fue un éxito en ventas.

    Otra idea de Kauffman fue lanzar las tiendas Leica, un espacio donde se reunieran los amantes de la fotografía para compartir su pasión. La primera boutique se lanzó en 2006 en Tokio, Japón, y actualmente hay 120 tiendas alrededor del mundo. Hace dos años se abrió una en la Ciudad de México, la primera en Latinoamérica, que tiene un espacio de ventas, una academia y galería.

    Más allá de sus productos, Leica ha cultivado un ecosistema cultural en torno a la fotografía. A través de su Leica Akademie, presente en distintas ciudades del mundo, la firma organiza talleres, cursos y encuentros donde fotógrafos profesionales y aficionados se encuentran para compartir experiencias y perfeccionar su técnica. Estos espacios, que combinan formación y comunidad, buscan transmitir la filosofía de la marca: aprender a mirar antes que a disparar.

    A la par, los Leica Stores no funcionan solo como puntos de venta, sino como auténticos centros culturales. En ellos se realizan exposiciones, charlas y presentaciones de libros que celebran tanto a maestros de la imagen como a nuevas generaciones de creadores. Con este enfoque, la compañía no se limita a vender cámaras, sino que impulsa un diálogo permanente sobre el poder de la fotografía para documentar, inspirar y transformar.

    De acuerdo con un reporte de Grand View Research, el mercado global de cámaras fotográficas digitales era de 7,700 millones de dólares en 2024 (mdd), y espera que en 2030 tenga un tamaño 10,300 mdd, con una tasa de crecimiento anual promedio de 4.8%.

    El CEO de Leica Camera AG cuenta sobre el estado actual y los planes de la compañía que hace 100 años cambió la historia de la fotografía.

    ¿Cómo equilibra la compañía tradición y modernidad para mantenerse competitiva en un mercado tecnológico en constante evolución?

    La respuesta corta es que no es tan fácil hacerlo. Al final del día, creo que Leica es famosa por su calidad de imagen y la tecnología ayuda a mejorar esto. Hay muchas tecnologías que surgen y desaparecen. Leica ha logrado en los últimos años ponerse al día con lo más importante, y la calidad de imagen es el resultado, porque la tecnología por sí sola no basta. Al final del día, el resultado es lo que el consumidor compra. Y creo que, junto con nuestros socios en todo el mundo, hemos logrado mantenernos, incluso siendo una empresa relativamente pequeña en este entorno fotográfico.

    Además, algunos de nuestros valores fundamentales no están realmente ligados a la tecnología, sino en la artesanía, centrarnos en lo esencial en términos de experiencia del cliente. Manejar una Leica es distinto a manejar una Sony o Panasonic: está realmente simplificado, pero sin quitar al cliente la libertad de operar por sí mismo. Creo que somos muy buenos en cuanto a la experiencia del consumidor.

    En un mercado donde los smartphones han desplazado gran parte del segmento de cámaras compactas, ¿qué estrategias sigue Leica para mantenerse relevante?

    Bueno, nunca se sabe exactamente cómo terminarán las cosas, pero Leica inició en 2016 una colaboración con la empresa china Huawei, y hace tres años cambiamos a Xiaomi. Estamos jugando en ambos mundos. No tenemos miedo de ser desplazados por la tecnología de los móviles porque la desarrollamos junto con ellos. Hoy en día, ese gran temor desapareció. De hecho, ahora la gente toma más fotos que nunca. Y a través del móvil, muchos entran en contacto con la fotografía y se interesan más. Al final, si alguien ama la fotografía o quiere hacer más que una simple toma con el móvil, termina usando una cámara tradicional, porque la física requiere espacio, y los móviles no lo tienen. La óptica de calidad necesita espacio. Creemos en eso, y en los últimos dos años se ha demostrado que el negocio de cámaras sigue creciendo.

    Muchas de las fotografías más icónicas e importantes de la historia se han tomado con una cámara Leica. ¿Qué representa esto para la compañía?

    Empezó hace 100 años y fue una gran disrupción. En los viejos tiempos, la gente tenía que esconderse detrás de una cortina y tardaba una hora en hacer una foto. Leica cambió eso con una cámara pequeña y compacta. En los años veinte, treinta, cuarenta, cincuenta y sesenta, Leica era prácticamente la única con la que los reporteros podían capturar imágenes reales de eventos en todo el mundo. Así que la historia de Leica refleja, en cierto modo, la historia de la humanidad en ese periodo.

    Leica tiene una fuerte identidad vinculada al lujo y la exclusividad. ¿Cómo planean atraer a nuevas generaciones de fotógrafos y creadores de contenido sin perder esa identidad?

    Bueno, el lujo para mí es cuestión de definición. ¿Qué es lujo? No hay una única palabra que lo explique. Nosotros decimos internamente que el lujo es aquello que la gente lleva a reparar, porque muchas cosas no se reparan, solo se reparan las que tienen un valor especial. Esto es parte de nuestra sostenibilidad: un lente de hace 100 años lo puedes poner en una (cámara) M11 nueva y funciona. Hemos creado el mercado de segunda mano de cámaras más grande en línea. Puedes intercambiar cámaras viejas y nuevas.

    Para nosotros, lujo significa que alguien hace una inversión en la cámara y, después de 10 años, incluso puede valer más. No es el lujo de “bling bling” o presumir, es una definición sostenible de nuestro negocio: generar valor. Incluso los jóvenes que no pueden comprar una Leica nueva pueden empezar con una usada de 5, 6 o 7 años, que sigue dando excelentes resultados. Creemos que nuestro futuro es mantenernos estables en lo que decimos y hacemos, no entrar en modas pasajeras. Eso es para nosotros una forma de lujo hoy en día.

    ¿Ven más oportunidades de crecimiento en México? ¿Hay más interés en el lujo y en las cámaras Leica?

    Hace dos años abrimos nuestra tienda en Ciudad de México y hemos visto que nuestro desarrollo comercial es similar al de otras regiones. Al final del día somos una marca de comunidad. Donde se abre una tienda, empieza a construirse una comunidad con profesionales locales y consumidores. Eso lleva tiempo, pero veo a México como una región de crecimiento porque hay mucha cultura en Ciudad de México y en todo el país. El problema era que, antes de tener tienda, si alguien quería una Leica, volaba a Estados Unidos a comprarla. Ahora podemos crear una cultura local mexicana y latinoamericana en torno a la fotografía. Esto requiere programas, como premios o actividades de lujo. Lleva tiempo, pero estamos preparados. Es una parte fenomenal del planeta, con paisajes y personas maravillosas. Creemos que el crecimiento llegará.