El reciente repunte en los precios internacionales del petróleo -derivado del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán- vuelve a poner en el debate el “estímulo” que aplicaría el gobierno federal al Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios (IEPS) a los combustibles.
La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que, de mantenerse la presión sobre el precio del crudo en el mercado internacional, su gobierno podría activar nuevamente el estímulo al IEPS para contener aumentos en gasolina y diésel. Una medida conocida, pero pocas veces explicada con claridad.
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público determina el estímulo fiscal a los combustibles. A diferencia del Impuesto al Valor Agregado (IVA), el IEPS no es un porcentaje: es una cuota fija por litro. Este año, la cuota a la gasolina magna es de 6.70 pesos por litro; de la premium 5.65 y diésel 7.36 pesos por litro. La gasolina magna tiene un precio de alrededor de 24 pesos, así que el 28 % del precio total corresponde al IEPS, sin considerar el IVA que se paga sobre el IEPS, es decir impuesto sobre impuesto.
Cuando Hacienda aplica un estímulo, por ejemplo, de 30 %, el consumidor deja de pagar ese porcentaje de la cuota fija. En Magna, eso reduciría el IEPS efectivo de 6.70 a alrededor de 4.69 pesos por litro. Lo que significa que no deja de pagar el impuesto sólo se reduce, así que el Estado dejaría de percibir alrededor de 2.3 pesos sobre la base de 24 pesos por litro, pero no está sacrificando nada de su gasto o inversión en combustibles.
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El estímulo no controla el precio del petróleo, sólo reduce el componente fiscal interno. Cuando el crudo sube por tensiones geopolíticas, el precio aumenta. El estímulo al IEPS simplemente evita que, además de ese aumento externo, el consumidor pague la cuota completa del impuesto. El IEPS no desaparece, sólo se reduce temporalmente y el IVA sigue aplicándose.
Por eso, aunque el anuncio presidencial busca contener presiones inflacionarias, el efecto para el consumidor es moderado en comparación con el impacto fiscal: cada peso que se descuenta en IEPS es un peso menos que ingresa a las finanzas públicas.
La eventual aplicación del estímulo por parte del gobierno de Claudia Sheinbaum será, en esencia, una decisión de equilibrio: proteger el bolsillo en el corto plazo y preservar ingresos públicos en un entorno internacional volátil.
Así que el IEPS es un amortiguador imperfecto, porque cuando el petróleo entra en volatilidad por factores externos, el margen interno de maniobra está en los impuestos. Y hoy, esos impuestos pesan casi tanto como el combustible.
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