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    Probablemente hayas escuchado el dicho: “Los ricos se hacen más ricos, mientras que los pobres se hacen más pobres”. Se trata de lo desigual que puede ser el progreso financiero.

    Una de las razones de la desigualdad financiera es la brecha salarial de género, pero la brecha de riqueza es aún más reveladora. Explica por qué persisten las disparidades entre ricos y pobres. La riqueza (activos, ahorros, propiedades y planes de jubilación) es la verdadera medida de la seguridad financiera a largo plazo.

    Las investigaciones demuestran que las brechas de riqueza no se crean solo por el género. Aspectos como la raza, la clase social, la educación, la discapacidad, la edad y la nacionalidad también influyen en la distribución de la riqueza. Cuando estos aspectos se superponen, crean formas de exclusión o privilegio que se intensifican con el tiempo.

    Por ejemplo, las mujeres que provienen de hogares monoparentales o de barrios de bajos ingresos se encuentran en desventaja porque este entorno puede influir negativamente en sus oportunidades laborales, su desarrollo profesional y su independencia financiera. En cambio, las mujeres de familias más adineradas tienden a tener niveles educativos más altos, acceso a redes profesionales, trabajos mejor remunerados y más dinero disponible para invertir.

    Como resultado, algunas mujeres comienzan su camino hacia la creación de patrimonio con mayor solvencia incluso antes de incorporarse al mercado laboral. Otras se enfrentan a obstáculos que primero deben superar.

    Por ello, sabemos que la desigualdad no surge de la nada. Nuestra investigación exploró por qué los ingresos actuales de las mujeres no son indicativos de su capacidad para generar patrimonio.

    Examinamos los sistemas que mantienen a las personas marginadas y cómo los superan. Identificamos tres factores principales que perjudican económicamente a las mujeres:

    • Interrupciones profesionales
    • Acceso restringido al capital
    • Normas sociales

    La buena noticia es que la alfabetización financiera puede generar oportunidades para que las mujeres cambien su rumbo financiero, incluso si la desigualdad se ha ido acumulando durante años. La alfabetización financiera es la capacidad de comprender y administrar el dinero con confianza. Recomendamos maneras de mejorarla.

    Nuestro análisis muestra cinco beneficios derivados de una mayor alfabetización financiera de las mujeres. Estos son:

    • Mejores hábitos de ahorro
    • Mayor confianza en la inversión
    • Mejor gestión de la deuda
    • Capacidad para generar patrimonio a lo largo de las generaciones
    • Mejores perspectivas de jubilación

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    Las barreras

    Las mujeres se enfrentan a diversas barreras para lograr la estabilidad financiera.

    Interrupciones profesionales: Las mujeres son más responsables que los hombres del cuidado de los hijos, de los padres ancianos y de las tareas del hogar. Estas responsabilidades no remuneradas dificultan el ahorro para el futuro.

    Acceso restringido al capital: Debido a las responsabilidades de cuidado, muchas mujeres no pueden acceder a créditos, préstamos ni a la propiedad de propiedades.

    Normas sociales: A menudo se considera a los hombres como quienes toman las decisiones financieras, lo que excluye a las mujeres de las conversaciones sobre planificación a largo plazo, inversión y creación de patrimonio.

    Los sistemas financieros recompensan a quienes tienen una buena ventaja financiera inicial y penalizan a quienes comienzan con menos recursos. La conjunción de todos estos factores da como resultado una brecha de riqueza de género que se extiende a lo largo de generaciones.

    Soluciones

    Nuestra investigación se propuso comprender cómo la desigualdad de género afecta la capacidad de las mujeres para generar patrimonio y si la educación financiera influye.

    Descubrimos que las barreras económicas y sociales, como las ocupaciones diferenciadas por género y las presiones del cuidado, influyen en la creación de patrimonio. También descubrimos que la educación financiera puede ayudar a las mujeres a sentirse más seguras a la hora de ahorrar, invertir y planificar su futuro.

    Hábitos de ahorro: Las mujeres con conocimientos financieros ahorran activamente. Ahorran antes de gastar, en lugar de ahorrar después. Esto reduce la tentación de gastar impulsivamente. Con buenos hábitos de ahorro, ya no dependes de tu fuerza de voluntad para ahorrar: el sistema hace el trabajo por ti. Una forma práctica de hacerlo es automatizar las transferencias a una cuenta de ahorros el día que cobras. Incluso las pequeñas cantidades aumentan con el tiempo.

    Confianza en las inversiones: Las investigaciones demuestran que las mujeres suelen ser más reacias al riesgo. No porque sean cautelosas por naturaleza, sino porque les falta confianza o han sido excluidas de las conversaciones financieras. La educación financiera cambia eso. Algunas mujeres evitan invertir porque les parece complicado. Cuando alguien no entiende cómo funciona la inversión, es normal sentirse inseguro o tener miedo de cometer errores.

    La educación financiera enseña conceptos básicos como cómo crece el dinero con el tiempo y las herramientas necesarias para tomar decisiones financieras. Cuanto más entiendes algo, menos miedo te da y más confianza adquieres.

    Las deudas se vuelven más manejables: Las mujeres con una sólida educación financiera contraen deudas menos costosas, evitan préstamos abusivos y mantienen una mejor salud crediticia. Las mujeres con educación financiera son más propensas a solicitar préstamos de forma inteligente.

    Comparan las tasas de interés antes de elegir un préstamo, evitan opciones con intereses altos como adelantos de efectivo o préstamos instantáneos, y leen atentamente los detalles antes de firmar cualquier contrato.

    La comprensión financiera ayuda a las mujeres a reconocer las señales de peligro, hacer las preguntas correctas, rechazar ofertas injustas y elegir mejores opciones financieras.

    La creación de patrimonio se vuelve intergeneracional: Las mujeres con educación financiera transmiten este conocimiento a sus hijos. Como cuidadoras principales, las mujeres están en una buena posición para hacerlo. Al enseñar a sus hijos a administrar el dinero, les ayudan a desarrollar habilidades esenciales desde una edad temprana, como ahorrar, presupuestar y tomar decisiones de gasto inteligentes.

    Estas lecciones no solo promueven hábitos financieros responsables, sino que también les dan a los niños la confianza para gestionar los asuntos financieros de forma independiente. Con el tiempo, esta orientación sienta una base sólida para un patrimonio familiar duradero.

    Los resultados de la jubilación mejoran: Las mujeres viven más que los hombres, pero se jubilan con menos dinero. La educación financiera ayuda a las mujeres a planificar con anticipación y de forma más eficaz. Pueden tomar el control de su futuro financiero en lugar de depender de otros. Unas sólidas habilidades financieras ayudan a las mujeres a lograr su independencia, reducir el estrés por el futuro y disfrutar de una jubilación más segura y cómoda.

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    El camino a seguir

    Para que la educación financiera reduzca la brecha de género en la riqueza, debe ser ampliamente accesible y contar con apoyo en múltiples niveles: a través de políticas gubernamentales, lugares de trabajo, escuelas, familias y conversaciones cotidianas.

    La educación financiera no se trata solo de conocer consejos de presupuesto o comprender el interés compuesto. Se trata de brindar a las mujeres el conocimiento, la confianza y las habilidades necesarias para tomar decisiones financieras.

    Cuando las mujeres pueden hacer preguntas financieras con confianza, negociar salarios, invertir en activos y enseñar a sus hijos sobre el dinero, su poder no es solo personal, sino que transforma la sociedad.

    *Bomikazi Zeka es profesora asociada de Finanzas y Romalani Leofo es profesora titular de Contabilidad, ambas en la Universidad de Canberra.

    Este texto fue publicado originalmente en The Conversation

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