Por Ricardo Melo*
Hace apenas unos años, construir un negocio digital requería meses de trabajo enfocados no solo en la inversión inicial, también en conocimientos técnicos, logística, marketing digital, redes sociales y mucho planning.
Sin embargo, hoy un emprendedor puede diseñar un sitio web, automatizar respuestas, integrar pagos, generar campañas de marketing y conectar distintas plataformas utilizando herramientas de inteligencia artificial en cuestión de horas; lo que antes necesitaba equipos completos de desarrollo, ahora puede hacerse desde una laptop y con recursos mínimos.
En el marco del Día Mundial del Internet, que se celebra este 17 de mayo, vale la pena analizar cómo cambió la relación entre tecnología y emprendimiento en México, sobre todo porque la red ya no es únicamente un canal de comunicación o ventas; también es la infraestructura sobre la que operan millones de negocios.
A esto, habría que sumarle el factor de impulso que representa la inteligencia artificial y que está transformando la productividad y marcando un antes y un después de quién, cómo, cuándo y con qué herramientas cualquier persona puede emprender, ser exitoso y todo gracias a cómo los agentes de IA son ese gran aliado que hace unos años ni siquiera pensábamos que existirían.
Por un lado, más de 77 millones de mexicanos compran en línea, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO). Por el otro, el Inegi reveló en 2025 que más de 1.4 millones de negocios ya utilizan internet para operar sus actividades, mientras que más de 1.2 millones emplean herramientas digitales como servicios en la nube, tiendas en línea y sistemas basados en IA.
Detrás de esas cifras hay miles de pequeños negocios que encontraron en el entorno digital una manera real de competir y crecer sin necesitar las estructuras gigantescas de antes; pero mientras emprender se vuelve más fácil, empieza a surgir una conversación de la que casi nadie habla: la infraestructura que sostiene toda esta nueva economía digital.
Pensemos en un caso que ya se está volviendo bastante común. Un emprendedor mexicano lanza una marca de skincare desde Guadalajara. Empieza vendiendo por Instagram y TikTok Shop, automatiza mensajes con IA, conecta inventario y pagos entre distintas plataformas y utiliza herramientas generativas para producir contenido. Conforme el negocio crece, también comienzan a sofisticarse sus procesos: integra plataformas para conectar marketing, atención al cliente y ventas, mientras incorpora asistentes conversacionales impulsados por modelos de lenguaje, como OpenClaw, ampliamente difundida actualmente, para escalar la operación sin aumentar el equipo, algo que hace apenas unos años habría requerido áreas completas de soporte y desarrollo.
En pocos meses logra construir una operación digital funcional con un equipo mínimo, algo que antes le habría tomado años. Y entonces, llega el primer pico fuerte de ventas gracias a un video viral. El tráfico explota, pero las automatizaciones empiezan a fallar, el sitio web se vuelve lento y algunos clientes no logran completar sus pagos. Mientras intenta resolverlo, descubre además que varias integraciones almacenan información sensible sin la protección adecuada. Lo que parecía un simple problema técnico termina convirtiéndose en un riesgo operativo, financiero y hasta reputacional.
Es ahí donde empieza el verdadero desafío de esta nueva generación de emprendimientos digitales, pues pueden tener las herramientas a su alcance, pero no necesariamente al proveedor con la infraestructura digital y humana adecuadas para ejecutarlas de forma confiable.
Si bien los agentes de IA están permitiendo que negocios pequeños operen con capacidades que hace pocos años solo tenían las grandes compañías tecnológicas, la operación sigue corriendo sobre infraestructuras pensadas para un internet mucho más simple y sí, aquí es cuando esas primeras decisiones digitales a la hora de emprender, cobran el peso que antes no se les dio.
Porque seamos claros, hoy la elección del hosting y los agentes de IA se vuelven un tema de venta, estabilidad, escalabilidad y reputación, porque tenemos negocios que necesitan fortalecerse con herramientas y plataformas que pensaron en tener la infraestructura necesaria para funcionar en casos sencillos, pero sobre todo en situaciones de alta fricción.
La paradoja es clara, pues la inteligencia artificial democratizó capacidades que antes eran exclusivas de las grandes empresas, pero también aceleró la construcción de negocios digitales sin que evolucionara al mismo ritmo la infraestructura necesaria para sostenerlos. Porque sí, hoy lanzar una marca y automatizar operaciones puede tomar apenas unas horas; sin embargo, construir un negocio capaz de resistir el crecimiento, operar de forma estable y proteger la confianza del cliente sigue siendo una decisión estratégica. Al final, el verdadero desafío del emprendimiento digital en México ya no está únicamente en acceder a herramientas más sofisticadas, sino en entender qué tan sólidas son las bases tecnológicas sobre las que esos negocios están creciendo.
Sobre el autor:
*Ricardo Melo es VP de Growth & Product en HostGator Latam
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.









