Enlaces rápidos

    Rituales extenuantes de ejercicios faciales. Inanición voluntaria. Remodelación de la mandíbula o los pómulos a golpes con un martillo o cincel.

    Estos son algunos de los comportamientos más extremos de una práctica llamada “looksmaxxing” —un esfuerzo por maximizar la apariencia a cualquier precio— que está atrayendo a un enorme número de seguidores, principalmente adolescentes y hombres jóvenes, en las redes sociales. El “looksmaxxing” pasó de ser un nicho a ser una tendencia generalizada desde que se popularizó en TikTok a principios de la década de 2020.

    Gran parte de la cobertura mediática del “looksmaxxing” se centra en dimensiones culturales, como la ideología misógina subyacente a esta tendencia y sus implicaciones para los debates culturales sobre la masculinidad. Mientras tanto, los practicantes de “looksmaxxing”, con cientos de miles de seguidores en plataformas como TikTok y Kick, alcanzó estatus de fenómenos de la cultura pop.

    Pero en medio de este espectáculo, el bienestar de los jóvenes que participan en esta tendencia ha sido en gran medida ignorado.

    Desde mi perspectiva como profesional de la salud mental que estudia cómo las personas piensan y hablan sobre las emociones y la salud mental, las conductas asociadas con la obsesión por la apariencia física se asemejan sospechosamente a síntomas de trastornos alimentarios y dismorfia corporal.

    Estos trastornos son especialmente perjudiciales para los jóvenes que están en pleno proceso de autodescubrimiento, de definir sus deseos y de gestionar sus relaciones, una tarea que ya se ve dificultada por la presión de las redes sociales.

    En mi opinión, dar visibilidad a estos jóvenes y sensacionalizar sus conductas, en lugar de reconocerlas como señales de angustia psicológica, desvía la atención de la urgente necesidad de abordar estos graves problemas de salud mental.

    Te interesa: Crece la cirugía estética por la imagen, no siempre real, proyectada en las redes sociales

    Un recuerdo del pasado

    La tendencia del “lookmaxxing” repite una historia preocupante.

    Una ideología similar surgió en la década de 2000, pero fue adoptada y popularizada principalmente por mujeres y niñas jóvenes. Las plataformas de microblogging y redes sociales como Tumblr y MySpace se convirtieron en focos de consejos sobre trastornos alimentarios.

    Las usuarias crearon comunidades donde podían compartir consejos y fomentar conductas relacionadas con los trastornos alimentarios, como restringir la alimentación, provocar el vómito u ocultar la pérdida de peso a sus seres queridos. Este contenido se etiquetó como “pro-ana” (pro-anorexia), “pro-mia” (pro-bulimia) o “pro-ED” (pro-trastornos alimentarios).

    Los principales medios de comunicación, incluido “The Oprah Winfrey Show” en 2001, cubrieron el fenómeno de las comunidades en línea pro-trastornos alimentarios con un tono de profunda preocupación. Explorar cómo estas comunidades afectaban a niñas y mujeres jóvenes se convirtió rápidamente en un área de investigación para científicos sociales y profesionales de la medicina.

    Sin embargo, Tumblr, un sitio especialmente popular entre estas comunidades, tardó hasta 2012 en implementar una política que prohibía el contenido que fomentaba los trastornos alimentarios y advertía a los usuarios sobre sus peligros. Esto formaba parte de un esfuerzo mayor de la plataforma para frenar los blogs relacionados con la autolesión.

    Ahora, en 2026, casi todas las plataformas de redes sociales actualizan periódicamente sus políticas o “normas de la comunidad” con el objetivo de prevenir la formación de este tipo de comunidades y, en su lugar, orientar a los usuarios hacia recursos útiles.

    Además de las normas que prohíben el contenido explícito que fomenta los trastornos alimentarios, Instagram y TikTok cuentan con páginas dedicadas a la búsqueda de ayuda para estos trastornos. Meta tiene una página de política que detalla su fundamento y práctica en relación con el “suicidio, la autolesión y los trastornos alimentarios”, al igual que Pinterest, que también prohibió todos los anuncios de pérdida de peso en 2021 como parte de su compromiso continuo con la seguridad de los usuarios.

    Subestimación de la patologización en hombres jóvenes

    A pesar del reconocimiento generalizado de que el contenido relacionado con los trastornos alimentarios es perjudicial para la salud mental y física, la obsesión por la apariencia física aún no ha sido abordada por las políticas de las plataformas de redes sociales. En cambio, quienes se dedican a la mejora de la apariencia son tratados como celebridades de internet, y sus métodos y visión del mundo han sido objeto de entrevistas y análisis.

    El lenguaje y el enfoque utilizados en cada caso probablemente influyan en este fenómeno. El término “pro-ED” se refiere directamente a un trastorno de salud mental. Investigaciones recientes argumentan que, por el contrario, la mejora de la apariencia se presenta como una actividad orientada a objetivos, lo que puede disfrazarla de superación personal.

    Sin embargo, lo que personalmente considero la principal diferencia entre estos movimientos es el género. La mejora de la apariencia se dirige principalmente a hombres jóvenes, mientras que la cultura de internet “pro-ED” se centró en mujeres jóvenes.

    Los investigadores estiman que 1 de cada 3 personas que sufren trastornos alimentarios son hombres. No obstante, la visión tradicional de que los trastornos alimentarios son una enfermedad propia de mujeres y niñas persiste tanto en la comprensión social como en el ámbito sanitario.

    Un análisis de estudios publicados en 2025 puso de manifiesto esta discrepancia. El estudio reveló que la obsesión por la delgadez sigue considerándose el rasgo distintivo de un trastorno alimentario, a pesar de que solo abarca un tipo de trastorno: principalmente femenino. Los niños y hombres que sufren trastornos alimentarios y dismorfia corporal tienen muchas más probabilidades de obsesionarse con la delgadez, es decir, con alcanzar una proporción “ideal” o “perfecta” de músculo y grasa.

    Dado que incluso las evaluaciones clínicas no logran identificar con precisión cómo se manifiesta este trastorno en niños y jóvenes, no sorprende que padres, maestros y medios de comunicación tampoco logren establecer esta distinción.

    Te podría interesar: Muertes en cirugías estéticas alertan a Tijuana, capital del turismo médico

    Una perspectiva clínica sobre la obsesión por la apariencia

    Desde una perspectiva clínica precisa, las conductas de obsesión por la apariencia se asemejan claramente a posibles síntomas de trastornos alimentarios y dismorfia corporal. Comenzando con una intensa fijación en los defectos físicos, esta práctica fomenta priorizar la apariencia por encima de todo lo demás.

    Esta mentalidad suele llevar a realizar acciones para corregir estas supuestas deficiencias. En el ámbito clínico, los expertos en salud mental denominan a estas acciones compulsiones: comportamientos que parecen imposibles de resistir, impulsados ​​por pensamientos obsesivos y que, con el tiempo, empiezan a interferir en la capacidad de la persona para llevar una vida normal y saludable.

    Por ejemplo, algunas acciones como maquillarse o usar alzas en los zapatos para parecer más alto no son malas en sí mismas, e incluso pueden ser beneficiosas si aumentan la confianza en uno mismo. Sin embargo, la incapacidad de salir de casa o funcionar sin estas medidas correctivas indica un problema. Del mismo modo, modificar la dieta o el ejercicio para perder grasa o ganar músculo puede ser saludable, pero el abuso de anfetaminas para suprimir el apetito —una práctica común en la obsesión por la apariencia— es peligroso e indica un problema de salud mental.

    Estas conductas merecen ser investigadas, ya que, si no se tratan, la dismorfia corporal y los trastornos alimentarios pueden tener consecuencias de por vida. La detección e intervención tempranas son fundamentales, dado que estos trastornos aumentan significativamente el riesgo de problemas de salud física y mental, como problemas cardíacos, alteraciones cutáneas permanentes, complicaciones gastrointestinales, depresión y suicidio.

    Como ocurre con todos los problemas de salud mental, la forma en que la sociedad los percibe influye en su respuesta. Las respuestas de las plataformas de internet y de los investigadores a la cultura digital en torno a los trastornos alimentarios en la década de 2010 sentaron un valioso precedente. Utilizar este precedente para abordar el fenómeno de la “lookmaxxing” no solo como un problema cultural, sino también clínico, podría ayudar a los investigadores a comprender cómo se manifiestan de manera diferente los trastornos alimentarios y la dismorfia corporal en niños y jóvenes.

    También podría impulsar a las empresas de redes sociales a crear directrices adecuadas sobre el contenido de “lookmaxxing”, ayudar a los padres a reconocer las señales de alerta y conectar a los niños y jóvenes con dificultades con la atención que necesitan y merecen.

    *Jordyn Tovey es trabajadora social clínica en la Universidad de Michigan.

    Este texto fue publicado originalmente en The Conversation

    Inspírate, descubre y comparte. ¡Síguenos y encuentra lo que buscas en nuestro Instagram!