Negociadores estadounidenses y mexicanos se reúnen este martes en Washington para una segunda ronda de conversaciones centradas en la agricultura y la energía, con el objetivo de reformar el T-MEC. El presidente Donald Trump pone en duda el futuro de la zona de libre comercio, vigente desde hace 32 años y que también incluye a Canadá.
Grupos agrícolas instan a Trump a extender el acuerdo por otros 16 años, con productos agrícolas libres de aranceles, disposiciones más sólidas para el acceso al maíz transgénico y al etanol en México, y un mejor acceso al mercado lácteo canadiense, en gran medida cerrado.
Las conversaciones a puerta cerrada se llevarán a cabo este martes y el miércoles, tras las negociaciones del mes pasado en Ciudad de México, que revelaron la exigencia estadounidense de que el 50% del contenido de los vehículos de motor norteamericanos provenga específicamente de Estados Unidos, elevando el umbral regional al 82%.
Canadá se mantiene al margen de las negociaciones formales hasta el momento, aunque su ministro de Comercio, Dominic LeBlanc, continúa reuniéndose con el Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer.
“No busco renovarlo”, dijo Trump sobre el T-MEC la semana pasada. “No necesitamos nada de lo que tiene Canadá. No necesitamos nada de lo que tiene México, pero ellos necesitan todo lo que tenemos nosotros. Tienen que tratarnos mejor”.
No quedó claro si las declaraciones de Trump eran una táctica de negociación para obtener más concesiones, pero expresó con frecuencia su frustración con el pacto comercial que firmó en 2020 para reemplazar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de 1994, especialmente ante el persistente déficit comercial de bienes de Estados Unidos con sus dos principales socios comerciales.
Los tres países deben decidir el 1 de julio si extienden el pacto tal como está o recomiendan cambios, pero las revisiones no se negociarán a tiempo para esa fecha límite. En cambio, se espera que el 1 de julio comience a contar el plazo para la terminación del T-MEC en 10 años, durante los cuales continuarán las negociaciones.
Estados Unidos y México ¿ programaron una tercera ronda de conversaciones en la Ciudad de México para la semana del 20 de julio.
Kevin Brady, excongresista de Texas que presidió el influyente Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, afirmó que Greer tiene la difícil tarea de obtener suficientes concesiones para mantener el interés de Trump en el T-MEC, preservando al mismo tiempo la mayor parte posible de la estructura de libre comercio que sustenta la economía norteamericana y casi 1,6 billones de dólares en comercio regional anual.
“Es un poco como el juego de dos pasos de Texas”, dijo Brady, quien ahora ejerce como cabildero en nombre del T-MEC en el bufete de abogados Akin Gump. “El embajador Greer tiene que negociar un acuerdo que beneficie plenamente a Estados Unidos, y el segundo paso es convencer al presidente de que lo firme”.
Trump ya modificó el pacto comercial imponiendo aranceles unilaterales a los automóviles, el acero y el aluminio mexicanos y canadienses, y Greer ha declarado que los aranceles se mantendrán, pero posiblemente a tasas más bajas.
Si bien México y Canadá podrían intentar prolongar las negociaciones durante años, los expertos en comercio afirman que tal medida podría llevar a Trump a invocar una cláusula de rescisión independiente que permite a cualquier país miembro abandonar el pacto seis meses después de recibir una notificación por escrito.
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La rescisión del acuerdo comercial sería catastrófica para los agricultores.
Canadá y México son ahora los dos principales mercados agrícolas para Estados Unidos, con exportaciones agrícolas que superaron los 58,600 millones de dólares en 2025, de acuerdo con datos del Departamento de Agricultura de EU. Estos dos países representan más de un tercio del total mundial de las exportaciones agrícolas estadounidenses, debido a la drástica reducción de las compras chinas en respuesta a los aranceles punitivos de Trump.
“No renovar el T-MEC sería catastrófico para la agricultura estadounidense”, declaró Jamie Beyer, agricultor de soja de Minnesota, la semana pasada ante el Comité de Agricultura de la Cámara de Representantes. “Industrias enteras, empresas, agricultores y familias dependen de este acuerdo. Esperamos que se puedan realizar las mejoras pertinentes, pero la extensión a largo plazo del acuerdo nunca debe ponerse en duda”.
Beyer, miembro del comité ejecutivo de la Asociación Estadounidense de Soja, afirmó que el comercio agrícola con México y Canadá ha brindado estabilidad en medio de la incertidumbre que rodea a otros mercados extranjeros, incluido China.
Pero el año pasado, Estados Unidos registró déficits comerciales agrícolas de 13,200 millones de dólares con México y de 11,100 millones con Canadá.
Una forma de reducir el déficit con México es presionar a este país para que permita la mezcla de etanol con gasolina en las principales ciudades, afirmó Nancy Martínez, directora de políticas públicas, comercio y biotecnología de la Asociación Nacional de Productores de Maíz.
De acuerdo con Martínez, esta medida podría incrementar las exportaciones anuales de etanol estadounidense a México en 2,000 millones de dólares.
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Control mexicano sobre la energía
Estados Unidos y México intentarán esta semana resolver una antigua disputa sobre el creciente control del gobierno mexicano sobre su sector energético, en beneficio de la petrolera estatal Pemex, a pesar de haberse comprometido en el T-MEC a permitir una mayor inversión petrolera estadounidense.
“El gobierno de México ha demostrado que está utilizando el laborioso proceso de resolución de disputas del T-MEC, que ya dura años, para favorecer a Pemex frente a los inversionistas privados y extranjeros de petróleo y gas natural”, declaró el Instituto Americano del Petróleo (API) en comentarios públicos presentados ante la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) sobre el acuerdo comercial.
La organización, que representa a un amplio sector de la industria energética estadounidense, sugirió que la USTR insista en un mecanismo de “respuesta rápida” para el cumplimiento por parte de las empresas estatales, inspirado en un mecanismo del T-MEC diseñado para garantizar los derechos laborales en las plantas manufactureras, negando los beneficios del acuerdo comercial a empresas individuales.
La disputa comercial del T-MEC sobre el maíz transgénico ha beneficiado a los productores estadounidenses, lo que llevó a México a derogar los decretos que prohibían la importación de maíz transgénico para consumo humano y animal. Sin embargo, México continúa prohibiendo el cultivo local de maíz biotecnológico.
Martínez afirmó que el grupo desea que se incluya una cláusula que aclare que México no puede utilizar razones no científicas para regular el comercio de maíz transgénico, que representa unos 5,000 millones de dólares en exportaciones anuales de Estados Unidos a México.
Con información de Reuters
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