Por María Antonieta Alcalá Villarreal*
Hay un desfase que casi nadie está nombrando en las salas de dirección mexicanas: los indicadores generales de la economía empiezan a dar tregua, mientras la experiencia cotidiana de quienes lideran equipos se siente cada vez más tensa.
Esa distancia entre el dato macro y la sensación real dentro de las organizaciones es, quizás, el problema de liderazgo más urgente de 2026.
No es un asunto menor. Cuando los números “mejoran” pero la gente que se sienta frente a ti en el comité de dirección sigue drenada, algo en el diagnóstico está incompleto. Y ese algo es, casi siempre, humano.
El espejismo de la calma macroeconómica
La inflación en México cerró la primera quincena de junio de 2026 en 3.55% anual, el nivel más bajo en casi dos años y ya dentro del rango objetivo del Banco de México (3% ±1 punto porcentual), de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Es, sin duda, una buena noticia. Contrasta con el 4.59% registrado apenas en marzo, el punto más alto en 19 meses.
Pero mientras los precios se estabilizan, el mercado laboral envía una señal distinta.
La tasa de desempleo subió a 2.8% en mayo de 2026, su nivel más alto en ocho meses, según cifras del propio INEGI. Y hay un dato que debería detener a cualquier líder en seco: cerca del 89% de las personas desempleadas en México cuentan con educación superior. El desempleo ya no golpea principalmente en la base de la pirámide; golpea en los perfiles calificados, en las carreras que se construyeron con años de esfuerzo.
A esto se suma que 54.9% de la población ocupada en México trabaja en la informalidad: más de la mitad de la fuerza laboral del país opera sin la protección de la seguridad social. La inflación puede desacelerar; la precariedad estructural, no tanto.
La lectura de liderazgo: un tablero de indicadores en verde no garantiza una organización sana. Los datos generales describen el clima; no describen lo que cada persona de tu equipo está cargando. Claridad, en el sentido más estricto, significa mirar ambas capas al mismo tiempo —la macro y la humana— sin dejar que una tape a la otra.
El costo silencioso del estancamiento
El crecimiento económico de México sigue siendo modesto. La OCDE proyecta una expansión de apenas 1.2% para 2026 y 1.7% para 2027, después de un magro 0.7% en 2025. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público es algo más optimista, con un rango de 1.5% a 2.5% para el año, aunque reconoce que se trata de una revisión a la baja frente a estimaciones previas.
La debilidad se concentra en la industria manufacturera, afectada por aranceles sectoriales de Estados Unidos a la industria automotriz y siderúrgica, y por una inversión privada que se mantiene cauta ante la incertidumbre. La actividad industrial acumuló una contracción de 0.69% en el primer bimestre del año.
Ninguno de estos números es catastrófico. Pero tampoco son terreno fértil. Y ahí está la trampa en la que caen muchos ejecutivos y líderes: interpretar el estancamiento como una falla personal, como si el bajo crecimiento fuera un examen que están reprobando en lugar de un contexto que están navegando.
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La inteligencia artificial contra el cambio climático
La lectura de liderazgo: elegir la paz no significa ignorar la dificultad del entorno. Significa dejar de cargar el peso del ciclo económico como si fuera un juicio sobre la propia capacidad. El liderazgo se mide en cómo se responde al contexto, no en si el contexto coopera.
La inteligencia artificial: la bifurcación que ya está aquí
Si la macroeconomía exige serenidad, la inteligencia artificial exige velocidad de decisión, y ahí es donde el liderazgo mexicano se juega buena parte de su relevancia en los próximos años.
Los números de adopción son contundentes.
Según la encuesta EY-Parthenon CEO Outlook de enero de 2026, el 100% de los directores generales en México ya identifica a la inteligencia artificial como un motor clave de crecimiento y rentabilidad. Un 32% la coloca como su prioridad estratégica número uno, por encima de la gestión del riesgo geopolítico (18%) o el fortalecimiento de alianzas (12%).
México, además, lidera el crecimiento de inversión en IA en América Latina: 1,100 millones de dólares en capital de riesgo durante 2025, un incremento de 53% respecto al año anterior, según datos del ecosistema de startups regional.
El mercado de IA en el país superó los 32,884 millones de pesos en 2025. Y de acuerdo con estimaciones de McKinsey, la adopción de inteligencia artificial podría elevar el PIB mexicano hasta en 6% hacia 2035, con incrementos de productividad de entre 30% y 40% en sectores manufactureros.
Pero aquí está la parte que casi nadie pone en el mismo párrafo que las cifras de inversión: 87% de las iniciativas de inteligencia artificial en México nunca llegan a producción. No fallan por falta de tecnología. Fallan por falta de gestión del cambio.
Firmas como EY documentan además un fenómeno emergente al que han llamado “saturación cognitiva”: equipos que enfrentan fatiga mental en entornos altamente digitalizados, donde la toma constante de decisiones junto a sistemas inteligentes eleva la carga cognitiva más rápido de lo que las organizaciones logran adaptarse. La conclusión de análisis globales como el de NTT DATA es clara: la verdadera ventaja competitiva no la tienen quienes más invierten en tecnología, sino quienes logran integrarla sin romper su operación ni desgastar a su talento.
La lectura de liderazgo: la inteligencia artificial no está reemplazando el liderazgo. Lo está exhibiendo. Las organizaciones donde la IA fracasa no son las que eligieron mal la herramienta, son las que nunca tuvieron, para empezar, un liderazgo capaz de sostener a las personas durante el cambio.
De llorar a vender pañuelos
Aquí está el giro que este momento le exige a quienes dirigen en México: dejar de narrar la inflación, el desempleo calificado y la disrupción tecnológica como una crisis que simplemente hay que sobrevivir, y empezar a leerlos como lo que realmente son: un mapa de dónde se necesita liderazgo con más urgencia que nunca.
No se trata de negar la dificultad del entorno. Los datos son los datos: precios que ceden pero no desaparecen, empleo calificado que se tensiona, una revolución tecnológica que avanza más rápido que la capacidad humana de digerirla. Se trata de decidir qué función cumple el liderazgo frente a esos hechos. Y esa función nunca ha sido eliminar la incertidumbre, ha sido dar claridad dentro de ella.
Creo que la vida, el trabajo y el liderazgo no tienen por qué doler, ni siquiera en un entorno de bajo crecimiento, ni siquiera en medio de una transformación tecnológica que no da tregua. Doler no es sinónimo de exigente. La diferencia entre un equipo que se agota y uno que se fortalece casi nunca está en el tamaño del reto, está en la claridad con la que su líder lo enfrenta.
La pregunta que vale la pena llevarse de este análisis no es si el entorno va a mejorar. Es más simple, y más incómoda: ¿estás gestionando números, o estás gestionando a las personas que interpretan esos números todos los días?
*Coach ejecutiva y de negocios, médico cirujano con maestría en Conciencia Plena Aplicada. Cuenta con más de 25 años de experiencia liderando equipos de alto desempeño en la industria farmacéutica y acompañando a directivos en procesos de claridad estratégica, productividad con paz y transformación personal sostenible.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
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