Concluyó el Mundial de Fútbol. Cinco semanas y media. Tres países como anfitriones y alzó la copa la selección de España.
Vendrán balances sobre si se aprovechó del modo adecuado el momento, pero queda la sensación, en términos futbolísticos, en lo que representa al equipo de México, que se hicieron bien las cosas, sobre todo porque nos alejamos del canibalismo y el borrón y cuenta nueva, cuando ahora todo indica que habrá continuidad de Javier Aguirre a Rafael Máquez.
¿Y si sí?, la frase que acompañó a millones de aficionados, en estadios, oficinas, casas y las plazas públicas. Producto del ingenio de Ángel y José Muigel Larrieta, quienes la incluyeron en un documental sobre el conjunto nacional en el mundial que se realizó en Qatar.
¿Y si sí?, como aliento y esperanza, como pivote ante las múltiples fatalidades que han acompañado al balompié nacional, pero que a la vez se rebela, porque las generaciones más jóvenes ya no padecen los traumas de antaño y observan con otras perspectivas y eso se refleja en las canchas y en las gradas de los estadios.
Pero tampoco es ingenuidad ante otros factores que rodean al fútbol y lo hacen negocio.
“La pelota no se mancha” decía Diego Armando Maradona y tenía razón, más allá de que la FIFA sea impresentable y vaya superando sus límites.
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Luciano Wernicke escribe en “Historias insólitas de los Mundiales de fútbol (Altamarea, 2024)”, que “el recuerdo permanente de todos esos héroes mantiene viva la llama que deja al descubierto que el dinero no todo lo consigue y que el Poder podrá comprar algunos gajos de cuero, pero nunca la dignidad que infla la pelota”
En el fondo todos distinguimos lo que ocurre en el césped, al momento en que rueda el balón y donde todo es posible.
Lo atestiguamos este domingo, en Nueva Jersey, con dos equipos poderosos de abolengo y jerarquía.
La campeona de Europa contra la campeona de América. Ganó España, y de modo más que merecido, pero queda también la garra argentina, esa virtud de poder remontar en cualquier momento.
Tiempo de relevos, dirían algunos. Concluye Lionel Messi su carrera mundialista, pero ahí viene Lamine Yamal, promesa y realidad del futbol ibérico, reflejo, además, de esa España incluyente y visionaria.
Hace 16 años, todavía recuerdo el momento, irrepetible, cuando Andrés Iniesta anotó y llevó a La Raja a ganar su primer mundial frente a Países Bajos. Se quedará, ahora, la asistencia, en el límite, de Niko Williams para que Ferran Torres hiciera posible, de nueva cuenta, esa magia de alcanzar la gloria.
Pienso en abuelos, hermanos, hijos, hijas y primos en un estallido común, en México y en España. Otra alegría y de esas que solo transmite el fútbol cuando es genuino.
Contraste con los políticos, la mayoría convenencieros, tratando de obtener réditos de una victoria que no les pertenece. Afán inútil, porque lo que ocurre en la cancha no se cosecha en apoyos ni en urnas.
Se acabó el Mundial, continuará la pelota rodando y ya tiene una cita en cuatro años.
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