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    Hay un hecho incontrovertible, a las empresas no les gusta desperdiciar. El desperdicio se traduce en reducción del margen de utilidad, es un gasto que no es indispensable, es evitable y es un peso muerto que nadie quiere cargar. Si esto es así, no entiendo porque muchas empresas optan por jubilar en forma temprana a sus elementos más experimentados y no se dan cuenta del enorme desperdicio en el que están incurriendo. Aprovechar la experiencia de las personas con más años de trayectoria se ha convertido en una de las mayores ventajas para las empresas inteligentes.

    Pero, tendemos a minimizar las ventajas que nos trae tener en el equipo a gente con experiencia. Tenedemos a menospreciar el valor del saber que se acumula con los años. Por fortuna, parece que esa tendencia empieza a revertirse. Muchas compañías están sustentando su ventaja competitiva en la diversidad que da la perspectiva de distintos puntos de vista.

    Lo sabemos, la brecha generacional en los centros de trabajo es cada vez más visible: 41% de la fuerza laboral está compuesta por centennials, sin embargo, los personajes más poderosos de este planeta son baby boomers. Pero, también sabemos que construir una empresa inteligente y rentable no depende únicamente de la energía joven, ni de la visión que da la experiencia, sino de cómo combinamos esa energía con la sabiduría de los que han estado más años en el frente de batalla. Se trata de complementar lo que un grupo tiene con lo que el otro carece.

    Maya Dadoo, CEO de Worky, sostiene que la empresa puede aprovechar las diferencias intergeneracionales para sacar el máximo jugo del talento y construir equipos más diversos, productivos y sostenibles. Ha sido un error desaprovechar el cúmulo de sabiduría y experiencia de gente que puede anticipar escenarios en los que ya estuvo la corporación, situaciones que ya se dieron en la empresa sin tener que pasar por circuitos de prueba y error que son costosos y por los que la empresa ya pagó.

    La respuesta para conformar estos equipos que integren colaboradores de diferentes edades y experiencias está en los programas intergeneracionales de mentorías que impulsen la cooperación entre la gente de rangos de edad y experiencia distintas. Esta es la combinación gloriosa para transferir conocimiento y mantener la cultura organizacional viva. Los programas de mentoría permiten que la gente con más años dentro de la empresa comparta aprendizajes y prácticas valiosas, mientras que los jóvenes aportan nuevas metodologías y herramientas digitales. Esta combinación de perspectivas impulsa la innovación y refuerza el sentido de pertenencia en ambos grupos. “Cuando un experto siente que su conocimiento es crucial para el futuro de la empresa, su compromiso se multiplica”, destaca Dadoo.

    Debo decir que es imprescindible no caer en el cliché de etiquetar a los experimentados como personas torpes en el manejo de tecnología, porque el grado de aprendizaje digital que se ha ido adquiriendo ha impactado a sectores de todas las edades. Es cierto que los centennials ya nacieron siendo nativos digitales, pero la generación X es muy resiliente y se adapta a la tecnología muy rápido. Tampoco podemos acusar a los jóvenes de ser ingenuos ya que muchos suplen la experiencia con inteligencia.

    La clave se encuentra al ofrecer una flexibilidad real para las personas con más experiencia y los que están entrando al teerreo laboral. Cuidado con caer en lugares comunes y respuestas facilonas. La flexibilidad va más allá de permitir el trabajo remoto. Para muchos colaboradores la flexiblidad, implica tener control sobre sus horarios y mantener un equilibrio saludable entre su vida personal y laboral, además de contar con beneficios sólidos, como seguros de vida y gastos médicos mayores. Los esquemas híbridos son una excelente opción. La flexibilidad bien implementada es uno de los factores más valorados para permanecer en una organización resiliente, inteligente y que tiene integración intergeneracional.

    Uno de los temas más relevantes y que las empresas de vanguardia están teniendo en cuenta es que el crecimiento profesional no tiene fecha de caducidad. Ofrecer trayectorias claras y personalizadas, con oportunidades para asumir nuevos retos o liderar proyectos estratégicos, es esencial para mantener motivado al talento con independencia de si tienen mayor o menor trayectoria. Es preciso, en esta condición, atender la necesidad urgente de fortalecer la comunicación interna y los planes de carrera más allá de la edad o los años de carrera. Cuando no se diseña un camino de desarrollo, no solo se pierde talento: se pierde productividad y resiliencia.

    Está claro que todo tipo de discriminación es repulsiva. Por lo que eliminar el edadismo desde el reclutamiento es una prioridad. Apostar por equipos diversos requiere erradicar los sesgos de todo tipo, no obstante uno de los más difíciles de eliminar es el que se da por edad desde la etapa de contratación. En lugar de enfocarse en la edad o los años de experiencia, las descripciones de puesto deben centrarse en habilidades, competencias y resultados. Hay que adaptar los mensajes dar valor el propósito y la flexibilidad, tanto como a la estabilidad, reconocimiento y una compensación justa.

    La clave está en comunicar que todas las generaciones tienen un rol valioso dentro de la organización.
    Insisto en que la digitalización no tiene por qué desplazar a las personas. Hace unos cuantos años veíamos a los profesionales más experimentados como verdaderos analfabetas digitales. Esto está cambiando radicalmente. Hoy, sabemos que la tecnología puede ser un aliado para liberar tiempo de tareas operativas y enfocarse en actividades estratégicas. Como también sabemos que ciertas herramientas, como la Inteligencia Artificial no deben de ser tratados como juguetes. Esto aplica a todos los colaboradores por igual.

    Automatizar procesos de y fomentar la capacitación en herramientas digitales para todas las edades permite aprovechar el conocimiento existente mientras se fortalece la adaptación al cambio. La combinación de experiencia humana y tecnología inteligente se convierte así en un motor de crecimiento sostenible. El talento senior no es un recurso del pasado, sino una pieza clave del presente y del futuro; los jóvenes no son producto explotable al que se le puede sacar más por menos dinero. Estos modos de pensar no se corresponden con los modelos de negocio modernos que prevalecen y tienen éxito en el mercado.

    Integrar su experiencia con las nuevas generaciones genera culturas organizacionales más sólidas, reduce la rotación y eleva la productividad. Las empresas que logren equilibrar juventud, tecnología y experiencia serán las que lideren la transformación del trabajo. Los programas mentoría intergeneracional consisten en que una empresa empareje a un colaborador de una generación con uno de otra con el objetivo de compartir conocimientos y crecimiento mutuo. Es un tipo de trabajo entre pares que reconoce que todos, independientemente de su experiencia, tienen mucho que aprender de los demás.

    Más allá de la transferencia de conocimiento, este tipo de programas de mentoría contribuyen a romper estereotipos generacionales, ayudan potenciar la innovación y construir una cultura empresarial más inclusiva, colaborativa y sostenible. Pero para que funcione, no basta con emparejar juniors con seniors. Es necesario diseñar el programa con método, intención y acompañamiento. Los resultados pueden ser espectaculares: se aprende de la experiencia real de sus colegas sénior. Se desarrollan competencias de comunicación y liderazgo. Se integra una mejor cultura organizacional. Todos los colaboradores se mantienen actualizados en nuevas tecnologías y enfoques. Se fortalecen un rol como referentes, más allá de lo técnico y la edad. Aumenta la motivación y sentido de contribución.

    La organización gana porque se reduce el riesgo de pérdida de conocimiento clave. Mejora el clima laboral y se fortalecen los vínculos interdepartamentales. Se impulsa una cultura de respeto, diversidad y colaboración generacional. Aprovechar los programas de mentoría intergeneracional ayuda a fortalecer los equipos de trabajo. Estos programas deben estar bien estructurados y ser puestos en manos expertas para dar lugar a los resultados gloriosos que se quieren alcanzar. ¿Quién dice yo?

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