Mas de 56 mil asistentes y 190 países acudieron a lo que se esperaba sería una reunión crucial, relevante, trascendente. Al final los resultados son -podría decirse- mucho menos de lo esperado, híbridos, con una sensación de vacíos y ausencias relevantes que -aunque mucho hay que reconocerse- no es siquiera suficiente para paliar la grave crisis que enfrentamos.
Nuevamente el agua es colocada en el centro de los compromisos en el marco de la lucha contra el cambio climático. Mayores recursos, cooperación internacional, intereses compartidos, innumerables y reiterativos discursos, cifras y estadísticas terribles, pero la promesa de financiamiento silencia todas las objeciones.
El agua es el elemento fundamental de la vida, sin duda, pero lo mismo ocurre en la importancia del aire, el suelo y los subsuelos, el grado de contaminación de todo el medio ambiente y los daños al ecosistema con la consecuente extinción masiva de especies deben verse obligadamente, científicamente como todo un sistema en delicado balance.
La omisión de las rutas para erradicar el uso de combustibles fósiles fue una demostración de la influencia de empresas petroleras y la consecuente subordinación de gobiernos, agencias, investigadores y organizadores a sus intereses.
Salud, resiliencia y adaptación ante el cambio climático dependen en efecto de una excelsa administración de los recursos hídricos, pero se vuelve a insistir en las vías tradicionales, dispendio de recursos, corrupción y malas prácticas.
Es evidente que existe una feroz resistencia también a incluir nuevas tecnologías a desarrollar sistemas asistidos por IA que pueden filtrar y reciclar agua en plazos muy breves, muchos mas baratos y eficientes que los equipos tradicionales y que abren la puerta a que las empresas, industria, particulares puedan acceder al agua y manejarla de manera eficiente.
Se inunda de politiquería y burocracia el camino a la independencia hídrica, a las vías sostenibles y a disfrazar movimientos populistas mediante la canalización de recursos a grupos supuestamente vulnerables solo con fines electorales.
El tema hídrico no admite tales consignas, los temas centrales son salud, desarrollo, preservación, sustentabilidad.
Acceso a fuentes de agua saludable, con la calidad, cantidad y características conforme a normatividad para su uso adecuado y cuidado responsable.
Una política de gestión agresiva, puntual, inflexible, reciclaje, tratamiento en tiempo, forma y extensión, la aplicación de la ley sin distinciones ni excusas.
Las soluciones son concretas: una modernización integral del sistema de gestión del agua, el impulso de nuevas tecnologías y la liberación de las energías sociales en favor de proyectos sustentables en materia industrial, agrícola, pesquera, doméstica y de vivienda con vocación ecológica.
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La priorización de soluciones orgánicas, libres del uso de químicos, proyectos de largo alcance de reciclaje, reinyección de acuíferos, rescate de la biodiversidad, biorremediación de suelos, combate a la desertificación, prevención de incendios forestales, sistemas de conservación de bosques y selvas.
Lo anterior de la mano del combate frontal a la tala y desertificación, extracción ilegal de agua, trafico de especies, sin eso todo es hipocresía y mayor corrupción.
Existen muchos frentes de lucha y necesidad urgente de acciones, compromisos y cooperación: combustibles fósiles, solo hay que ver los daños ambientales y múltiples secuelas que ocasiona cada perforación, derrame, exploración, transporte y hasta cada estación de servicio o taller de reparaciones en emisiones, contaminación de agua y materiales nocivos.
La lista puede seguir por el uso exorbitante y gravísima contaminación de las empresas mineras, gaseras, toda la industria extractiva, la depredación es insaciable y los daños evidentes, pero como siempre ocultos y minimizados.
Problemas como la proliferación de plásticos y micro-plásticos, manejo de desperdicios, basura orgánica, ahí están los daños originados por los tiraderos, la generación de lixiviados y la filtración de escurrimientos.
Ni que decir de los gases de efecto invernadero; la abundancia de estiércol, los residuales de la ganadería y la agricultura extensiva, nada para las consecuencias de cada vez mayores extensiones y una población creciente demandante de alimentos, lujo, derroche, consumismo, desperdicio.
En todo hay una larga lista de secuelas y afectaciones al agua, aire, suelo; enfermedades, padecimientos, epidemias extensas que se disfrazaran de algo más y al final todo sigue igual.
De poco sirven las denuncias, activismo, investigación a fondo, los intereses económicos siempre encuentran la forma de reprimirlos, callarlos, sancionarlos, ocultarlos.
La COP30 dejo evidencias de la falta de unidad, demasiados egoísmos, personalizaciones, protagonismos; los consensos requieren de articulaciones, visiones modernas, dejar a un lado la individualización y no perseguir el lucro, no son los fondos, sino su aplicación, interés genuino y legitimo.
Se requiere mucho mayor efectividad, liderazgos potentes, voces demoledoras, personalidades transformadoras. El foco se pierde, las ideas son buenas, pero no suelen estar alineadas ni sólidamente cimentadas; jornadas bajo mucha presión y un cabildeo siempre listo a lidiar con cualquier contingencia.
Nada se gana con promesas de financiamiento a proyectos ilusorios. Es hora de actuar, implementar, concretar, no es turismo ni pasarelas para expiar remordimientos.
No hay mañana ni pausa, es tiempo de cambio, actitud combativa, coordinación, interacción cultural, difusión, información, concientización, reflexión y de plano, organizar una lucha mas efectiva, orientada a resultados.
Sobre el autor:
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