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    El papel de la crianza frente a los retos que enfrentan las infancias es, sin duda, la madre de todas las batallas. Educar, formar y forjar el carácter de un niño implica un arduo despliegue de estrategias y herramientas psicológicas. El objetivo es proveer una serie de recursos internos que le permitan fortalecerse ante un mundo cada vez más complejo y competitivo. Sin embargo, esta labor titánica se desarrolla hoy en un escenario paradójico y frágil.

    No es la generación, es la era de cristal

    Más que estar frente a “generaciones de cristal”, nos encontramos ante una “era de cristal”. Vivimos en una época de hipersensibilidad y corrección política donde las verdades, por ser incómodas, son autocensuradas por un pudor nuevo, por un miedo paralizante a ser juzgado, “funado” o cancelado. En este clima, mientras unos callan por miedo, otros hablan por ignorancia, las críticas sobre las estrategias de crianza deben ser vistas como lecciones aprendidas, no como ataques personales. Veritas vos liberabit.

    Este fenómeno ha sido brillantemente analizado por el psicólogo social Jonathan Haidt en su libro “The Coddling of the American Mind”. Haidt argumenta que una cultura de “seguridad” mal entendida está generando una fragilidad emocional sin precedentes. Al enseñarles a evitar el malestar en lugar de afrontarlo, estamos creando las condiciones para la ansiedad y la intolerancia. La solución de fondo a la pandemia del COVID-19 no vino de erradicar el virus, sino de fortalecer a los individuos; cuando hablamos de cualquier virus, las vacunas funcionan en tanto los sujetos se vuelven resilientes contra el ambiente. Un cubrebocas nunca será suficiente para detener virus ni ideas.

    Es en este contexto donde el discurso en torno a nobles luchas por los derechos de las minorías a menudo ha sido desviado de su curso, secuestrado por políticos, activistas y juristas no siempre bien intencionados.

    El adoctrinamiento como nuevo plan de estudios

    El camino hacia el adoctrinamiento no distingue entre ideologías de derecha o izquierda; simplemente sigue a quien detenta el poder. Las políticas públicas, las leyes y, peligrosamente, los planes de estudio se convierten en campos de batalla donde el voto de las mayorías puede reivindicar o cancelar derechos de las minorías, sin el rigor técnico y ético que el bienestar infantil exige. Sus víctimas son el lenguaje, la historia, la biología, la ética y el civismo, entre muchas otras materias sometidas a la doctrina en turno, perdiendo su rigor científico y humanista en favor de la agenda.

    A esto se suma la profunda brecha en la oferta educativa. El resultado es una profunda inequidad donde incontables niños y jóvenes estudian en los sistemas disponibles para su contexto, y no en los deseados por sus anhelos. Ante este panorama, los padres cargan con la responsabilidad monumental de ser el filtro crítico de una avalancha informativa sin precedentes.

    Decálogo para la crianza moderna: habilidades para un mundo complejo

    Entonces, ¿qué debe fomentar un padre? La respuesta no está en imponer o aceptar una ideología, sino en construir un andamiaje de habilidades para la vida.

    1) Pensamiento crítico: Enseñar a dudar, a cuestionar la autoridad y a no aceptar verdades absolutas. Como diría Carl Sagan, la labor es entregarles a nuestros hijos un “kit de detección de patrañas” bien equipado, para que puedan navegar y desmantelar los argumentos falaces en un mundo saturado de información falsa y pseudociencia.

    2) Capacidad de demora: Fomentar la paciencia y la habilidad de posponer la gratificación. El psicólogo Walter Mischel lo demostró con su “test del malvavisco”: los niños que resistían la tentación por una recompensa mayor demostraron a largo plazo más éxito. En la era de la inmediatez, saber esperar es un superpoder.

    3) Gestión emocional: Validar el universo completo de emociones y sentimientos, pero enseñando el principio inquebrantable de que ninguna emoción justifica la violencia. Este es el núcleo de la Inteligencia Emocional popularizada por Daniel Goleman.

    4) Toma de decisiones informada: Ayudarles a sopesar consecuencias y a asumir la plena responsabilidad de sus actos. El psicólogo Albert Bandura llamó a esto “autoeficacia”: la creencia profunda en la propia capacidad para lograr metas y superar obstáculos. Un niño que se siente capaz de decidir, aprende a decidir bien.

    5) Escucha empática: Promover la capacidad de entender la perspectiva del otro, incluso en el desacuerdo. El psicólogo Carl Rogers lo llamó “escucha activa”: no se trata del acto pasivo de oír para responder, sino del ejercicio activo de escuchar para comprender, una capacidad en grave peligro de extinción en un país cada vez más polarizado.

    6) Debatir ideas, no atacar personas: Inculcar el respeto a la diferencia, aplicando el “principio de caridad” de la filosofía: asume la mejor y más inteligente interpretación del argumento de tu oponente, no la más estúpida. Así se construyen puentes, no muros, demostrando que el desacuerdo es con el argumento, no con el individuo.

    7) Resolución pacífica de conflictos: Proveer herramientas para negociar, ceder y encontrar soluciones sin recurrir a la agresión. El modelo de la Comunicación No Violenta de Marshall Rosenberg permite llegar a acuerdos fomentando una comunicación asertiva que defiende lo propio sin anular al otro.

    8) Prevención de conductas de riesgo: La tarea combina dos frentes: mantener una comunicación abierta sobre los peligros reales —alcohol, tabaco, otras drogas, apuestas y pornografía— y, simultáneamente, construir activamente los “factores de protección” que describió Richard Jessor. Pacificar al país empieza por pacificar el hogar, fomentando una cultura de la responsabilidad.

    9) Fomentar la disciplina, no la obediencia: Un matiz fundamental y profundo. La obediencia ciega responde a lo que Jean Piaget llamó moralidad heterónoma (motivada por el miedo al castigo). La disciplina, en cambio, cultiva la autonomía moral de Kohlberg (basada en principios internalizados). La primera crea seguidores; la segunda, forja líderes.

    10) Promover la cultura y el deporte: Incentivar la pasión por las artes y el movimiento. La Teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner nos enseña que la brillantez tiene múltiples formas. Fomentar la inteligencia musical, kinestésica o artística es nutrir el espíritu y entrenar para la vida. Quien aprende a tocar un instrumento o manejar un pincel, difícilmente tomará un arma.

    Devolver la infancia a la infancia: límites, realidad y presencia

    Debemos tutelar las infancias, reconociendo que los niños necesitan de los adultos para su cuidado, protección y enseñanzas. No pueden ser autogestivos en edades tempranas. Esto se sostiene en tres pilares:

    Las competencias académicas clave

    Razonamiento lógico-matemático: Más allá de memorizar tablas, es la capacidad de resolver problemas, identificar patrones y pensar de manera estructurada. Es el lenguaje de la lógica.

    Comprensión lectora profunda: No es solo decodificar palabras, sino entender el subtexto, la ironía, el argumento y la intención de un autor. Es la habilidad de leer entre líneas.

    Escritura coherente: La capacidad de ordenar las propias ideas y comunicarlas de forma clara y persuasiva. Quien escribe bien, piensa con claridad.

    El ‘amor firme’: límite y consuelo 

    La crianza efectiva se basa en el equilibrio adecuado entre firmeza y empatía. La firmeza: Implica establecer límites claros, tener altas expectativas y hacer cumplir las reglas. Es el “no” que protege y estructura. Sin embargo, el “no” es un recurso que se desgasta con el uso excesivo. La firmeza inteligente consiste en saber cuándo utilizarlo y, una vez establecido, mantenerlo sin fisuras. Madres exigentes hacen hijos exitosos. Al tiempo, el Amor: Implica calidez, apoyo emocional incondicional, comunicación abierta, respeto y, fundamentalmente, consuelo ante la frustración que los propios límites generan.

    El amor firme es el antídoto contra la permisividad (amor sin firmeza) y el autoritarismo (firmeza sin amor). No es un modelo de agresión, sino un marco de actuación seguro donde los niños aprenden que las reglas son una expresión de cuidado.

    Proteger el espacio infantil 

    Es crucial devolver la infancia a la infancia, con tolerancia cero al consumo de alcohol, tabaco y otras drogas. Se requiere, además, una supervisión estricta de los dispositivos electrónicos y contenidos audiovisuales (no importando qué hagan otros padres). Hay que saber elegir las batallas: es más urgente atender la música que escucha un adolescente, que obsesionarse con el orden de su habitación.

    Finalmente, es necesario revalorizar la figura paterna. Una simplificación clásica sugiere con sabiduría que la madre enseña a amar y el padre a sobrevivir. Un chiste crudo pero revelador cuenta que la diferencia entre crecer sin padre o con padre es que en el primer caso los niños crecen con traumas, mientras que en el segundo, con traumatismos. Esos raspones y juegos rudos son lecciones prácticas de resiliencia.

    La meta final de la crianza

    La protección de los derechos de la infancia no puede ser un botín político. El espíritu de toda ley debe ser la máxima protección del menor. Podrá no gustarnos la evidencia que nos ofrecen la psicología, la pedagogía, la sociología y la biología, pero la realidad de sus saberes no puede ser secuestrada por agendas ideológicas.

    Ser padre o madre es el hermoso, a veces doloroso y siempre complejo recorrido que lleva a un ser humano de la dependencia absoluta a la autonomía total. La meta final no es criar a un hijo que nos necesite para todo, sino formar a un adulto que, aunque no necesite nada de nosotros, elija mantener los lazos afectivos por amor y gratitud, que estos lazos trasciendan la muerte y se conviertan en un legado profundo que permee las siguientes generaciones. Esa es la verdadera medida del éxito.

    Sobre el autor:

    *Edgar Alonso Angulo Rosas es psicólogo clínico y experto en adicciones con amplia experiencia en prevención y atención a violencias, adicciones, salud mental y derechos humanos. Ha ocupado cargos directivos en ONGs, sector público y privado.

    Correo electrónico: [email protected]

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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