Los teléfonos y dispositivos se volvieron inseparables de nuestra vida cotidiana. Almacenan nuestras tarjetas de crédito, nos brindan información crucial sobre el transporte público y nos permiten comunicarnos cuando lo necesitamos.
Pero cuando el uso de nuestros dispositivos comienza a afectar nuestro estado de ánimo, a reemplazar las experiencias de la vida real o a interferir con las relaciones cara a cara, es señal de que nuestros hábitos cruzaron la línea entre lo saludable y lo perjudicial.
¿Cómo afecta esto más a los adolescentes?
Los adolescentes son particularmente vulnerables al uso excesivo de dispositivos, ya que la parte del cerebro responsable de planificar, prever las consecuencias y obtener recompensas a largo plazo aún no ha madurado por completo. También son más sensibles a las recompensas y a la evaluación social (es decir, a lo que sus compañeros piensan de ellos).
Las investigaciones demuestran que los adolescentes son más propensos a los cambios de humor, aún están desarrollando su capacidad para manejar la incertidumbre y están aprendiendo a regular sus emociones.
Todo esto los hace más susceptibles a los estímulos en línea que pueden atrapar a un adolescente vulnerable en un ciclo de emociones contradictorias y en constante cambio, especialmente cuando la información llega continuamente.
Para los adolescentes (y los adultos), puede convertirse en un mundo aparte donde se evitan las responsabilidades diarias y los desafíos solo se afrontan mediante la dependencia del teléfono.
Entonces, ¿cómo saber cuándo se convirtió en un problema?
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Qué tener en cuenta
Hay algunas señales evidentes de que el uso excesivo de dispositivos se está convirtiendo en un problema para los adolescentes (o para ti).
1. Parecen cansados todo el tiempo. Los adolescentes pueden bloquear los pensamientos negativos navegando por internet en la cama, socializando en línea hasta tarde o incluso acostándose después de la jornada escolar.
2. Usan el teléfono para ocupar su tiempo libre. Si cada momento de tranquilidad lo dedican a navegar por internet, revisar notificaciones o abrir aplicaciones, esto indica que el dispositivo es la principal forma en que un adolescente gestiona su tiempo libre, el estrés o la incomodidad.
3. Parecen distraídos cuando hablas con ellos. Si tu hijo adolescente saca el teléfono automáticamente en medio de una conversación, podría ser una señal de que no valora las interacciones cara a cara y ha perdido la disciplina para esperar.
4. Posponen tareas importantes. Esto ocurre cuando los adolescentes evitan habitualmente responsabilidades cotidianas como el trabajo, los deberes, la escuela, las tareas del hogar o las actividades que implican socializar con gente nueva.
¿Cómo se llega a esta situación?
Los dispositivos de los que dependemos tienen el potencial de desarrollar lo que yo llamo la “atracción adictiva” debido a las funciones y servicios que ofrecen. Esta “atracción” comienza cuando las notificaciones, como los “me gusta”, los mensajes, los premios de cajas de botín y los correos electrónicos, llegan a nuestros dispositivos de forma impredecible. Algunas son positivas, otras neutrales, y algunas incluso alivian las preocupaciones. Esto crea un poderoso círculo vicioso impulsado por la dopamina.
Con el tiempo, el dispositivo en sí se convierte en un estímulo condicionado. Esto significa que incluso algo tan simple como ver la funda del teléfono o la pantalla del dispositivo iluminarse es suficiente para desencadenar la necesidad de revisarlo. Es casi como si nos sintiéramos atraídos magnéticamente hacia el dispositivo con la esperanza de obtener una recompensa (como más mensajes o “me gusta”) o para calmar una preocupación constante.
Esto también puede crear un círculo vicioso de ansiedad, lo que significa que, incluso sin una notificación, la persona revisa su dispositivo una y otra vez, experimentando breves momentos de alivio a través de un mensaje o una aplicación. Cuando este ciclo se repite, genera preocupación y crea dependencia emocional hacia otras personas o aplicaciones.
La atracción adictiva puede ser difícil de resistir. Con el tiempo, estos hábitos inconscientes pueden asociarse con los espacios donde se usan dispositivos con frecuencia (como el dormitorio, el apartamento o el autobús). La necesidad de volver a usar un dispositivo es resultado de procesos predecibles de condicionamiento y refuerzo, más que de una falta de fuerza de voluntad. El dormitorio, un lugar de descanso, privacidad y estudio, puede ser particularmente problemático para adolescentes y adultos.
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Dar el ejemplo
No podemos esperar que los niños o adolescentes se liberen de la adicción a los dispositivos electrónicos si los adultos que los rodean tampoco lo hacen.
Como padre o madre, estas son algunas maneras de dar el ejemplo y ser más conscientes al usar dispositivos electrónicos:
1. Reconoce la sutil tensión que se genera cuando tienes una preocupación y sientes la necesidad de usar tu dispositivo de inmediato.
2. Al entrar en casa, guarda tu teléfono o reloj inteligente en un bolso o mochila.
3. No tengas tu teléfono o tableta al alcance de la mano durante el tiempo dedicado a la familia.
4. Colabora con cada miembro de la familia para que las aplicaciones que se usan sin control estén en un solo dispositivo por persona. Por ejemplo, un padre o una madre o un adolescente mayor podría tener TikTok en una tableta y no en su teléfono (para poder usar su teléfono sin distracciones). Deberían intentar usar esa tableta solo en una habitación de la casa, fuera de su dormitorio.
Recuerda que el registro de tiempo de pantalla de cada persona refleja fielmente sus hábitos de uso. Puede que nos llevemos un pequeño susto al verlo, pero en lugar de resignarnos a esta nueva forma de vida —e ignorar el impacto insidioso en la atención, el estado de ánimo y el bienestar— podemos comprometernos mutuamente a realizar pequeños cambios.
*Danielle Einstein es investigadora adjunta de la Facultad de Ciencias Psicológicas de la Universidad Macquarie.






