Al reflexionar sobre el crítico punto de inflexión económico y político que atraviesa hoy mi país natal, Cuba, me vienen a la mente las palabras de la canción “Nuestro día ya viene llegando”, del cantante cubano Willy Chirino, tal como sucedió en la década de 1990:
“Hoy que mi pueblo vive ilusionado, yo me siento inspirado y un Son estoy cantando anunciándole a todos mis hermanos, que nuestro día viene llegando”.
Muchos cubanos de la diáspora —que en Estados Unidos suman casi tres millones de personas—, incluidos algunos de mis propios amigos y familiares, creen que los días del fallido sistema político cubano en la isla están llegando a su fin.
Como cubanoestadounidense y profesor titular de estudios globales e interculturales, siento curiosidad y preocupación por cuál será el próximo capítulo del país.Recuerdos de La Habana
Al crecer en el Barrio Chino de La Habana, fui testigo directo de la transformación económica de Cuba a principios de la década de 1990, durante el periodo denominado eufemísticamente “Período Especial en tiempo de paz”, tras el colapso de la URSS.
Por aquel entonces, yo estaba cumpliendo el servicio militar obligatorio. Vi cómo los suministros que el Bloque del Este proporcionaba al ejército cubano empezaron a escasear. Poco a poco, artículos básicos como botas y uniformes dejaron de reponerse cuando se desgastaban.
Al regresar a casa durante mis fines de semana libres, empecé a notar cambios en mi barrio. La privatización y la comercialización se estaban apoderando de mi antigua calle. El edificio situado frente a nuestro apartamento estaba siendo remodelado para convertirlo en un restaurante chino de tres plantas llamado El Pacífico. Las numerosas familias cubanas y chinas que vivían allí fueron reubicadas en apartamentos a las afueras de La Habana.
Quizás quieras echarle un vistazo a: En un reproche a Trump, Corte Suprema defiende la ciudadanía por derecho de nacimiento
El Barrio Chino abría sus puertas al comercio. Este fue el primero de muchos barrios de La Habana que comenzaron a mercantilizarse para el turismo en la década de 1990. No obstante, el gobierno de Cuba mantenía su discurso socialista dirigido a la población: la propiedad colectiva y la igualdad solo pueden ser proporcionadas y garantizadas por el Estado socialista.
Pero, al mismo tiempo, establecía acuerdos con empresas capitalistas internacionales —como la cadena hotelera que entonces se llamaba Sol Meliá— o emprendía otros proyectos, incluida la promoción internacional de los puros Cohiba por parte de Fidel Castro. Y estas contradicciones resultaban cada vez más difíciles de ocultar a los habitantes de barrios en transformación, como el Barrio Chino.
Un autoritarismo con matices
En los primeros años tras la revolución que llevó al poder al gobierno de Fidel Castro en 1959, se celebraron tribunales populares en los que se juzgaba a quienes se percibía como obstáculos para los ideales socialistas. La mayoría de los acusados fueron declarados culpables sin el debido proceso y sufrieron largas penas de prisión o se enfrentaron a pelotones de fusilamiento.
Este enfoque dogmático de la ciudadanía revolucionaria condujo a un trato atroz hacia cualquier persona considerada inconformista, como los miembros del colectivo LGBTQ, los hippies o los punks. Estos disidentes eran enviados a campos de trabajo diseñados para transformar a las personas “cuestionables” según el concepto ideológico del “hombre nuevo” —el nuevo hombre revolucionario— propugnado por el Che Guevara.
Sin embargo, en los últimos 20 años, las políticas sociales más progresistas de Cuba han contribuido a redimir los excesos autoritarios de los primeros tiempos de la revolución. Esto ha ayudado a garantizar la supervivencia del gobierno.
Cuba, uno de los pocos países latinoamericanos que ha legalizado el matrimonio igualitario, también ha logrado reconocimiento mundial por sus numerosos avances en materia de equidad de género. De hecho, Mariela Castro, hija de Raúl Castro, es hoy la principal voz del movimiento LGBTQ+ en Cuba.
Los más afectados por las sanciones de EE. UU. y la hostilidad del gobierno cubano son “los cubanos de a pie”, es decir, la gente común. Se trata de una gran mayoría de la población con ingresos muy bajos, sin vínculos con el gobierno, sin acceso al nuevo modelo empresarial de colaboración público-privada en Cuba conocido como “mipymes” y sin remesas de familiares en el extranjero. Hoy en día, claman por un cambio: cualquier cambio.
Lo que ha sucedido —y lo que no— en Venezuela
Las tácticas empleadas por la administración del presidente Donald Trump el 3 de enero de 2026 para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro marcaron la hoja de ruta de lo que muchos miembros de la diáspora esperaban que ocurriera después en Cuba.
Muchos latinos, incluidos cubanos y cubanoestadounidenses residentes en Estados Unidos, apoyaron esta acción, especialmente la vieja generación de exiliados cubanos y venezolanos de Miami que históricamente ha respaldado al Partido Republicano.
En la isla, muchos cubanos estarían dispuestos a aceptar una invasión estadounidense si eso significara un cambio en la situación. Consideran que, si los cubanos no van a tener acceso a ninguno de los recursos de su país, tanto da que estos estén en manos de Estados Unidos.
Sin embargo, muy pocos han debatido públicamente —tanto dentro como fuera de la comunidad cubana— sobre lo que ha sucedido (o no) en Venezuela desde que EE. UU. se llevó a Maduro. Pocos se preguntan: ¿ha cambiado realmente el sistema político? ¿Está Venezuela mejor ahora que bajo el mandato de Maduro?
Trump aún no ha declarado públicamente sus objetivos para el futuro de Venezuela, más allá de tomar el control de su industria petrolera. EE. UU. nombró a Delcy Rodríguez como presidenta interina el 5 de enero de 2026, pero no está claro qué implica esto para la soberanía de América Latina.
La captura militar por parte de EE. UU. del presidente cubano Miguel Díaz-Canel —e incluso del anciano Raúl Castro, quien ha sido acusado formalmente por el sistema judicial estadounidense— podría tener un gran valor simbólico; no obstante, en mi opinión, es poco probable que logre renovar el Palacio de Gobierno de La Habana con nuevas perspectivas políticas. En Cuba, los vestigios del antiguo régimen permanecen profundamente arraigados en la infraestructura política del país, y la amenaza de una intervención militar estadounidense no es nada nuevo para un gobierno cubano que ha sobrevivido a numerosas administraciones de Estados Unidos.
El gobierno cubano también sabe que puede generar caos en el Caribe desencadenando una nueva crisis migratoria. Esta baza, por supuesto, se juega a costa de los cubanos de a pie.
¿Qué le espera a Cuba?
La economía cubana, fuertemente dependiente del turismo, se enfrenta a presiones sin precedentes.
Ante la amenaza de una intervención estadounidense, muchas empresas extranjeras que operaban en la isla han decidido marcharse. La abrupta salida de compañías como la minera Sherritt International y la cadena hotelera SOL by Meliá ha perjudicado los sectores de la minería, el turismo y la energía en Cuba.
Recomendado para ti: Científicos encuentran antidepresivos en los cerebros de tiburones frente a la costa de Río de Janeiro
Además, en junio de 2026, Trump endureció aún más las sanciones mediante una orden ejecutiva que penaliza a las empresas que hacen negocios con compañías cubanas. Esta presión económica adicional parece estar generando cierto impulso y fragmentación con el fin de obligar al gobierno cubano a entablar un diálogo que favorezca la agenda de Estados Unidos.
Si a esto sumamos que las importaciones de petróleo procedentes de Venezuela y otros países —incluidos México y Rusia— se han reducido drásticamente, provocando una grave crisis energética, resulta evidente que el cambio es urgente; pero ¿en qué dirección?
Persisten la incertidumbre y la esperanza
Con el paso de los días, la incertidumbre se mantiene y la voz del pueblo cubano queda eclipsada por el clamor político entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos.
Al igual que Willy Chirino, anhelo el día en que pueda regresar a Cuba con mis hijos —ya adolescentes— para mostrarles dónde nací y presentarles a los familiares que aún viven en la isla, con la esperanza de construir juntos un futuro real.
Mientras tanto, mientras saboreo un café cortado en una ciudad universitaria del Medio Oeste, me viene a la mente otra canción popular de los años noventa. Es de Los Van Van, una banda cubana formada durante los apasionantes primeros años de la Revolución y muy querida por los cubanos, tanto dentro como fuera de la isla: “Orula, para todos los cubanos, Ashé yo te pediré”, lo que se traduce como: “Orumila, deidad yoruba, pido bendiciones para todos los cubanos”.
*Sobre el autor:
Juan Carlos Albarrán es profesor titular de Estudios Globales e Interculturales en Miami University.
Este texto fue publicado originalmente en The Conversation
¿Te gusta informarte por Google News? Sigue nuestro Showcase para tener las mejores historias
