Por Lucrecia Iruela*
Hay momentos en los que una realidad deja de ser una tendencia y se convierte en estructura. El crecimiento latino en Estados Unidos ya cruzó ese punto. Lo que durante años se interpretó como un fenómeno emergente hoy se ha consolidado como una fuerza económica con peso propio, capaz de redefinir dinámicas de mercado, patrones de crecimiento y modelos de liderazgo.
En Silicon Valley, donde el capital define qué crece y qué no, esta transformación empieza a hacerse visible, aunque el sistema aún no logra acompañarla. Como alumna del programa LBAN (Latino Business Action Network) en la Graduate School of Business de Stanford, viví en su Summit anual una escena difícil de ignorar. Cuando se compartió que los latinos en Estados Unidos generan cuatro trillones de dólares en PIB, la sala se quedó sin respiración. No era una narrativa aspiracional. Era una realidad económica consolidada.
Desde mi experiencia de más de 15 años en liderazgo y coaching ejecutivo, he observado cómo muchos líderes latinos construyen empresa desde una lógica distinta. Hay talento, ambición y una creciente sofisticación en la creación de valor, pero también una tendencia a no visibilizar ese valor como una ventaja estratégica. No es una limitación de capacidad, es una forma de operar que prioriza la ejecución sobre la narrativa.
Entre 2017 y 2023, el número de empresas latinas creció un 48%, reflejando un dinamismo sostenido. Sin embargo, en mi trabajo con founders y equipos directivos, la conversación se repite: el crecimiento avanza, pero el acceso no acompaña. Solo el 42% de estas empresas recibe el financiamiento completo que solicita, frente al 54% de otras. En préstamos superiores al millón de dólares, apenas el 22% logra ese financiamiento completo. La participación en venture capital se mantiene por debajo del 2%, con una caída especialmente marcada en etapas iniciales desde 2020.
Esta brecha no detiene el crecimiento, pero sí condiciona su calidad. Se traduce en mayor presión, menor margen de error y estructuras de financiamiento menos eficientes. El sistema no está frenando el presente, pero está limitando la capacidad de escalar hacia el siguiente nivel.
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Desde el liderazgo, emerge además un patrón que no siempre capturan los datos. En la práctica, muchos founders latinos no entienden la expansión como una fase posterior, sino como una condición inherente al negocio. Desde etapas tempranas operan entre Estados Unidos y América Latina, integrando mercados, talento y oportunidades en múltiples geografías. No lo presentan como estrategia, pero en la práctica lo es. Y es precisamente esa forma de operar la que les permite moverse con mayor velocidad, adaptarse con flexibilidad y leer distintos mercados con mayor profundidad.
En este contexto, México adquiere una relevancia particular. No es únicamente un mercado adicional, sino un punto de convergencia donde se intersectan cadenas de valor, proximidad geográfica, afinidad cultural y oportunidades de expansión. Sin embargo, trabajando con empresas en ambos lados, es evidente que esta realidad operativa convive con estructuras de financiamiento que siguen respondiendo a marcos locales. La consecuencia es una fricción estructural entre cómo se construyen estas empresas y cómo el sistema está diseñado para financiarlas.
La implicación es clara: el crecimiento latino no necesita validación, necesita infraestructura. El reto ya no es demostrar capacidad, sino alinear el acceso a capital con el nivel de ejecución y sofisticación que estas empresas ya han alcanzado. Si esa alineación no ocurre, el crecimiento continuará, pero lo hará con ineficiencias que limitarán su impacto potencial.
En última instancia, la pregunta no es si el ecosistema latino puede competir, porque ya lo está haciendo. La verdadera cuestión es si las estructuras actuales están preparadas para acompañar este nivel de crecimiento o si será necesario rediseñarlas.
Ahí es donde se encuentra la oportunidad real: no solo para el ecosistema latino, sino para el propio sistema que hoy empieza a quedarse atrás.
Sobre la autora:
* Lucrecia Iruela, Consultora de Liderazgo & Comunicación. Abogada y Escritora
IG: @melioranet
Twitter: @lucreciart
LinkedIn: Lucrecia Iruela
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