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    Cada que estamos al umbral de un inicio, generamos expectativas. Los arranques siempre suelen ser difíciles. Cuando un bebé empieza a caminar, tiene miedo, da tumbos, se cae, llora antes de dar pasos firmes. Sin embargo, persevera y lo logra. Al empezar un nuevo año, hacemos nuestra lista de buenos propósitos; al iniciar en proyecto nuevo, imaginamos los beneficios que generará; al comenzar un ciclo escolar, juramos que sacaremos mejores calificaciones; al planear un nuevo emprendimiento, prefiguramos perspectivas de las utilidades que generará. Y, luego pasa algo curioso, muchos de esos propósitos y de esos anhelos se quedan en el tintero de lo que hubiera podido ser y nunca fue. Pasa el tiempo y ni dejamos de fumar ni hacemos más ejercicio ni nos disciplinamos presupuestalmente ni sacamos mejores calificaciones ni aumentamos el rendimiento ni generamos más utilidades.   Parece evidente decir que para llegar a la meta, debemos qué queremos lograr, sin embargo, tendemos a olvidarlo. Un Vision Board nos puede servir como recordatorio y motivador que nos ayude a lograr lo que nos proponemos.

    En el mundo de la alta dirección, estamos obsesionados con los KPIs, los OKRs y las proyecciones trimestrales. Sin embargo, existe una desconexión crítica entre la frialdad de los datos y el motor que realmente impulsa a las organizaciones: el propósito. Al cerrar un año e iniciar otro, al iniciar un nuevo proyecto, al empezar con un plan la mayoría de las personas cometemos el error de ver los propósitos corporativos como simples cuotas de mercado, los profesionales como ascensos en la escala jerárquica y los personales como algo bueno de conseguir. Y aunque sabemos de las bondades y beneficios del logro, parece que fueramos un auto al que se le acaba el combustible antes de empezar a moverse, o peor, que se le acaba el empuje a la mitad del camino, peor aún, que se pierde y ya no sabe a qué lugar quiere llega. Un vision board puede impulsarnos a ir del deseo a la forma de construir una arquitectura mental de logro.

    El error común es confundir un vision board con un collage de deseos adolescentes. Sentimos que es una actividad infantil y no valoramos las ventajas que tiene hacerlo. En el contexto del alto rendimiento, un tablero de visión no es una carta a Santa Claus; es una herramienta estratégica y esa es la dimensión que debemos de darle. Tendemos a creer que para que un instumento sea valioso debe ser complicado y eso es falso. La simpleza es una gran virud.

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    Al plasmar visualmente el futuro de una empresa o una carrera profesional o el del desempeño académico o el personal, estamos entrenando a nuestro cerebro para que esté alerta y poneniendo atención. Es clarificar cuales son los logros que queremos alcanzar, es reflexionar sobre lo que necesitamos para hacerlos realidad. El vision board actúa como un filtro neuronal que comienza a identificar oportunidades, socios y datos que antes pasaban desapercibidos, simplemente porque ahora tienen un molde visual en nuestra mente, por eso es mucho más efectivo que una lista de buenos deseos.

    Claro que el propósito debe ir más allá del Powerpoint o de la bonita composición de Canva. Evidentemente, no es algo que le debamos de pedir a ninguna aplicación de inteligencia artificial, es algo que debe salir de lo más profundo de nosotros mismos. Lo que pasa con un propósito, lo mismo si es corporativo o de cualquier otra índole, que sólo vive en un manual de identidad empresarial está muerto. Para que sea efectivo, debe ser vivencial. Esta aproximación efectiva a los propósitos de año nuevo o de inicio de algo es efectiva porque nos permite tener el control. 

    Al asumir que somos nosotros los que llevamos la mano sobre el timón del barco, los que le vamos dando ritmo y dirección a nuestro quehacer estamos mejor encaminados al logro. Cuando nos damos cuenta de que somos nosotros los que estamos a cargo, brota una ilusión por hacer las cosas y por cumplir lo que queremos. Por eso es tan importante analizar nuestra lista y determinar los anhelos que son legítimamente nuestros. Esto abarca una profundización de dos elementos importantes:

    • La Visualización Colectiva: Las empresas más innovadoras están sustituyendo las misiones de tres párrafos por “murales de impacto”. Ver fotos de los clientes reales que se benefician de un producto o representaciones visuales de la sostenibilidad de la cadena de suministro genera una cohesión que los bonos económicos no pueden comprar.
    • Alineación de Valores: El sentido de propósito está definido por el trabajo. Si el vision board de la empresa no conecta con el del individuo, la rotación de talento es inevitable. Si tu vision board personal no resuena con tus pasiones, jamás se logrará llegar a la meta.

    Cuando imaginamos propósitos profesionales, debieramos estar pensando en el ROI —retorno de inversión— de la Claridad

    A nivel individual, el éxito profesional suele estancarse no por falta de capacidad, sino por fatiga de decisión. El vision board actúa como una brújula en momentos de crisis.

    ElementoEnfoque TradicionalEnfoque de Visualización Estratégica
    Meta“Quiero ser CEO”Imagen del tipo de liderazgo y cultura que deseas crear.
    Crecimiento“Aprender IA”Visualización de la solución de un problema complejo usando tecnología.
    Networking“Tener más contactos”Representación del ecosistema de mentores y aliados necesarios.

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    No podemos olvidar que la efectividad se mide en acción. Para que un vision board sea efectivo en el entorno corporativo, debe cumplir con tres criterios:

    • Foco en el Proceso, no sólo en el Resultado: No se trata de poner la foto del éxito, de un trofeo o una medalla; también hay que incluir imágenes que representen la disciplina y el esfuerzo diario.
    • Ubicación Estratégica: Este es un punto clave, el vision board debe estar en un lugar de alta frecuencia visual. La visibilidad constante refuerza el compromiso inconsciente. Por lo tanto, debe estar en un espacio en el que lo podamos ver muy seguido, tanto así, que no nos permita olvidar nuestros propósitos.
    • Iteración Constante: Nada es palabra escrita en piedra, el mundo está en constante movimiento. El mercado cambia, y tu visión también debe hacerlo. Un tablero estático es una reliquia; un tablero dinámico es una estrategia viva.

    El entusiasmo por cumplir nuestros propósitos aumenta cuando nos damos cuenta de que los vamos haciendo realidad, que estamos consiguiendo lo que nos planteamos y echamos a rodar un círculo virtuoso que nos da las fuerzas para seguir adelante y pagamos gustosos los precios y no duelen tanto los sacrificios porque tenemos puesta la mira en algo que nos lleva a un lugar mejor. Ese que nosotros decidimos. Así, podemos empezar con el pie derecho: con objetivos medibles, realizables que nos consigan el desarrollo que queremos. 

    En una era de distracciones digitales infinitas, es dificil mantenernos atentos. La capacidad de mantener la mirada fija en un objetivo visual tangible es una ventaja competitiva. El vision board no es magia; es ingeniería de la atención. Si queremos liderar empresas resilientes y carreras significativas, debemos empezar a construir hoy la imagen del mañana que queremos habitar. 

    No está demás reflexionar sobre nuestro propósito particular y como esto se refleja en una Humanidad exahusta. Sea que formemos parte de un equipo de trabajo o que seamos quienes movemos la batuta hay que prefigurar nuestros propósitos y provocar que lo haga nuestra gente. Un equipo molido por la fatiga se ralentiza; uno que no entiende sus propósitos, se extravía. Para iniciar con mayores y mejores bríos no está mal hacer nuestro vision board e invitar a nuestro equipo de trabajo que también lo haga y yendo de lo particular a lo general, una vez hechos, alinearlos con los de nuestros proyectos.

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