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    Se suele decir que millones de personas no ahorran lo suficiente, y uno de cada diez adultos no ahorra nada. Esta cifra, de un informe de 2025 de la Autoridad de Conducta Financiera, venía acompañada de una advertencia: está dejando a las personas en una situación financiera inestable.

    La tasa de ahorro de los hogares del Reino Unido (la proporción de ingresos disponibles pero no gastados) se situó en el 11.1% en 2024, por debajo de la media de la Unión Europea, que ronda el 14.5%. Esta diferencia demuestra la importancia de fomentar el hábito del ahorro entre la población británica.

    Las investigaciones demuestran que incluso un ahorro modesto mejora significativamente la resiliencia financiera. Una reserva de 2,000 libras, por ejemplo, reduce a la mitad el riesgo de que alguien se atrase con las facturas en años posteriores.

    Las brechas en los ingresos se suelen mencionar como una razón clave para no ahorrar lo suficiente, junto con las limitadas habilidades numéricas. Pero hay otras dimensiones que explican por qué algunos grupos tienden a ahorrar más que otros.

    Las mujeres, por ejemplo, tienen menos probabilidades de ahorrar que los hombres. Pero esto es solo una parte del panorama. Mi última investigación sugiere que la capacidad de las personas para gestionar sus finanzas se debe en parte a su trayectoria profesional.

    Los trabajadores de algunas profesiones son mucho más propensos a ahorrar que otros, y no necesariamente porque ganen más. Distintas profesiones fomentan distintas competencias, hábitos y formas de pensar, así como influencias sociales. La confianza financiera es una búsqueda que dura toda la vida; sin embargo, mi estudio reveló que se adquiere con mayor facilidad en algunas profesiones.

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    ¿Quiénes tienen más probabilidades de ahorrar?

    Para comprender estas dinámicas y comprobar las diferencias entre profesiones, exploré los datos de la encuesta Understanding Society, que analiza el cambio social y económico utilizando datos recopilados anualmente en unos 40,000 hogares del Reino Unido.

    Mi estudio se centró en más de 37,000 adultos en el Reino Unido entre 2009 y 2019. Ajustó los datos para tener en cuenta los efectos de los ingresos y características como la edad y el número de hijos, con el fin de examinar cuánto (y qué probabilidad) tienen las personas en diversas profesiones de ahorrar.

    Incluso con aumentos de ingresos similares, quienes trabajan en negocios, finanzas y ventas tenían 31 puntos porcentuales más de probabilidades de ahorrar mensualmente que los profesionales creativos y diez puntos porcentuales más que quienes trabajan en educación.

    Las profesiones en negocios, finanzas y ventas tienden a fomentar la perspicacia comercial y la confianza en la toma de decisiones financieras. Además, sus lugares de trabajo suelen estar guiados por la lógica comercial, la necesidad de ahorrar dinero, la evaluación de riesgos y un mayor aprendizaje práctico sobre la toma de decisiones financieras. Esto normaliza las conversaciones sobre dinero. En cambio, los profesionales creativos, como artistas y escritores, cuyos campos priorizan la motivación intrínseca y la realización creativa, son significativamente menos propensos a ahorrar, incluso cuando sus ingresos aumentan.

    Se observaron patrones similares en las ocupaciones gerenciales. Los directores corporativos que trabajan en entornos más orientados a las finanzas tenían 40 puntos porcentuales más de probabilidades de ahorrar mensualmente que los gerentes de sectores como el comercio minorista, la logística y la hostelería.

    Por supuesto, los entornos profesionales orientados a las finanzas atraen a empleados con trayectorias relevantes. Sin embargo, las conversaciones sobre finanzas también son más comunes en estos lugares de trabajo, lo que puede fortalecer las capacidades personales de gestión financiera.

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    Tendemos a pensar que el ahorro depende principalmente de cada individuo: su planificación, sus habilidades numéricas, su confianza y sus antecedentes familiares. Sin embargo, algunas carreras desarrollan la resiliencia financiera de forma más activa, mientras que otras no. Los entornos profesionales, en cierto modo, representan las estructuras ocultas que configuran la forma en que las personas piensan sobre la gestión del dinero. Esto crea una ventaja (o desventaja) estructural.

    Las diferencias en el comportamiento de ahorro y en la forma de pensar sobre el dinero se traducen en mayores brechas en la resiliencia financiera. Este es un factor sutil que impulsa la desigualdad financiera. Los trabajos enseñan, de forma discreta y sutil, hábitos y normas financieras, y los trabajadores deben ser conscientes de que su entorno profesional puede influir en sus hábitos financieros.

    Un enfoque práctico es mirar más allá del propio entorno laboral, observando cómo hablan de dinero sus amigos en profesiones con una cultura financiera más sólida y adoptando algunas de sus estrategias de planificación. Si su puesto le ofrece poca exposición a la toma de decisiones financieras, podría adquirir este conocimiento rodeándose de personas que hablen de finanzas. Usar herramientas de educación financiera, como aplicaciones, podcasts o artículos, también puede ayudar a cubrir esa necesidad.

    Es importante destacar que las personas tienden a culparse a sí mismas por la falta de disciplina y planificación. Mi estudio atribuye parte de esta culpa a otras condiciones más generales. No sugiere que la disciplina personal no sea importante. Pero reemplazar la autoculpa por la conciencia de que sus entornos sociales y profesionales pueden ser más o menos favorables a la resiliencia financiera puede generar confianza y fomentar avances positivos.

    Esto también tiene implicaciones para los empleadores, especialmente en lugares de trabajo o departamentos menos orientados a las finanzas. Por ejemplo, las iniciativas para apoyar la resiliencia financiera de los empleados podrían incluir sesiones prácticas con asesores que puedan enseñar habilidades de gestión financiera, explicar los pasos para fortalecer la resiliencia financiera y analizar maneras de ahorrar a corto y largo plazo.

    Si bien este estudio ilustra la importancia y la magnitud de las disparidades en los hábitos de ahorro, sus hallazgos podrían ayudar a identificar soluciones. Las universidades, por ejemplo, están bien posicionadas para ofrecer educación financiera. Al igual que mis hallazgos sobre profesiones, los estudiantes de algunas disciplinas (como artes, humanidades, ciencias sociales o salud) podrían beneficiarse especialmente de talleres o módulos para sentirse más seguros en cuestiones financieras.

    Los buenos hábitos de ahorro no son solo una cuestión de elección individual; los factores sociales y estructurales también influyen en la resiliencia financiera y tienen implicaciones para la desigualdad. Las iniciativas destinadas a mejorar el bienestar financiero deben reconocer que, en lo que respecta al ahorro, las condiciones son muy desiguales.

    *Karina Pavlisa es profesora de Gestión de Negocios Internacionales en la Universidad de Bristol.

    Este texto fue publicado originalmente en The Conversation