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    La mayoría de los adultos estadounidenses tienen una visión mucho más relajada del juego que sus homólogos en otros países —a medida que las nuevas opciones de apuestas se han multiplicado en los últimos años— y más de la mitad cree que el juego no es moralmente incorrecto o que ni siquiera es un problema moral, según nuevos datos del Centro de Investigación Pew.

    Datos clave

    Los estadounidenses ocuparon el puesto 24 de 25 países al ser consultados sobre si el juego es moralmente incorrecto, según nuevos datos.

    La mitad de los encuestados afirmó que el juego no representa ningún problema moral, el 20% lo consideró moralmente aceptable y solo el 29% lo consideró moralmente inaceptable (las cifras no suman 100 debido al redondeo, según Pew).

    Un mayor porcentaje de estadounidenses opinó que el juego no es un problema moral (50%) que en cualquier otro país encuestado.

    Los canadienses fueron la única población, además de la estadounidense, que mostró una postura más relajada al respecto, y los australianos, alemanes y franceses compartieron las opiniones más similares. Sin embargo, en Asia la opinión fue muy distinta: en Indonesia, el 88% de los encuestados afirmó que el juego es moralmente inaceptable, seguido de la India (83%), Turquía (81%) y Corea del Sur (78%). Entre los estadounidenses, las personas de ascendencia asiática también fueron más propensas a considerar el juego moralmente incorrecto (45%) que las de otras razas (38% de los hispanos, 37% de los afroamericanos y 23% de los blancos).

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    Dato sorprendente

    No hubo diferencias de género entre los encuestados estadounidenses (hombres y mujeres tenían prácticamente la misma probabilidad de afirmar que el juego es moralmente incorrecto), pero sí hubo diferencias según la religión, el partido político y el nivel socioeconómico. Los cristianos eran más propensos a considerar que el juego es incorrecto (33%) que los judíos (25%) o los ateos (10%).

    Los republicanos eran ligeramente más propensos a tener un problema moral con el juego, al igual que las personas con un ingreso familiar inferior a 30,000 dólares anuales.

    ¿Qué tan rápido ha crecido el juego en Estados Unidos?

    Mucho. En 2018, la Corte Suprema anuló la prohibición federal de las apuestas deportivas, lo que provocó que numerosos estados legalizaran el juego. Antes del fallo, las apuestas deportivas solo eran legales en Nevada, pero ahora están permitidas en más de treinta estados. A partir de ahí, las apuestas deportivas en línea despegaron y, para 2023, más del 90% de todas las apuestas deportivas se realizaban en línea.

    Este auge elevó el monto total apostado en deportes en Estados Unidos de 4,900 mdd en 2017 a un récord de 16,960 mdd, en 2025. Desde su legalización, casas de apuestas como FanDuel y DraftKings han invertido miles de millones en publicidad, y los estados han promovido las apuestas deportivas por los miles de millones en ingresos fiscales que generan cada año. Además de las apuestas deportivas legales y reguladas por los estados, los mercados de predicción de eventos como Polymarket, Kalshi y otros sitios web también han experimentado un crecimiento explosivo en popularidad.

    Estos sitios permiten a los usuarios apostar en eventos del mundo real como política, cultura pop, ceremonias de premios, movimientos económicos y prácticamente cualquier otro fenómeno, pero operan en una zona legal ambigua.

    Son objeto de decenas de demandas federales en curso que argumentan que deberían ser tratados como plataformas financieras reguladas a nivel federal, de forma similar a las casas de apuestas deportivas con licencia estatal.

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    Cifra impresionante

    5.1 millones. Esa es la cantidad de usuarios activos mensuales que Kalshi tenía a finales de 2025, según informó el sitio web, frente a los 600,000 de principios de año.

    Una ronda de financiación a finales de 2025 valoró la empresa en 11,000 mdd.

    Antecedentes clave

    La industria del juego ha experimentado un auge en Estados Unidos durante décadas, según han señalado académicos, principalmente desde que se consolidó como una industria legítima en Nevada y Atlantic City en las décadas de 1940 y 1950. Durante ese mismo periodo, la opinión pública ha cambiado.

    El juego, que antes se consideraba una “actividad pecaminosa y delictiva”, según investigadores de la Universidad de Baylor, ahora es visto como un problema social por un segmento mucho menor de la población. Los críticos han descrito el juego como un problema de salud pública y afirman que sus desventajas —como la bancarrota, la delincuencia, el abuso y los problemas de salud mental relacionados con la adicción al juego— superan los beneficios.

    El Consejo Nacional sobre el Juego Patológico estima que la adicción al juego le cuesta a Estados Unidos 14 mil mdd anuales, y la Asociación Estadounidense de Psiquiatría advierte que los jugadores con problemas de ludopatía tienen un mayor riesgo de suicidio. Sin embargo, los defensores del juego han señalado los beneficios económicos que genera (el juego legal y regulado por el estado generó 18.09 mil mdd en ingresos fiscales el año pasado) y algunos estudios afirman que tiene efectos psicológicos positivos, como el alivio del estrés.

    Este artículo fue publicado originalmente por Forbes US

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