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    Sea mediante mensajes, contenidos, discursos, eventos, simulaciones, grupos subordinados, entes partidistas, organizaciones, liderazgos; sus objetivos pueden ir desde validar, consensar, comparar, expandir, magnificar, evaluar, disfrazar, ocultar y hasta imponer la ideología, principios o programas de un actor político sobre los de sus competidores.  

    Si esta practica se ajusta a la ética, la racionalidad, objetividad, claridad, transparencia o al menos un poco de lógica y certeza es otro asunto. Al contrario, en la mayoría de los casos se usan todos los recursos necesarios -de manera abierta o subrepticia- para engañar, desviar el foco de la atención, usar cualquier excusa y verdaderamente salir con la más aberrante estulticia sea cual sea el tema. 

    En el populismo mesiánico, este modelo es fundamental para el desarrollo y expansión de su clientelismo. Comunicar significa usar cualquier herramienta sin el mayor recato para legitimar sus errores, hacer pasar por alto sus omisiones, culpar a otros, evadir responsabilidades y/o simplemente mantener a sus seguidores en el trance límbico de la ignorancia, la indolencia, la indiferencia, pasividad, conformismo o el sometimiento. ¿Cómo se hace?

    • Torcer la realidad. Sin carriles pintados cualquier calle pavimentada se vuelve caótica, solo observa como se pierde la dimensión, el ancho de vía, la secuencia, los cambios de uno a otro. En política esta estrategia se usa para “normalizar” el caos absoluto, las tonterías, bajezas, corrupción, ineptitud, nepotismo, mediocridad y todos los vicios del populismo.  

    Perdido el horizonte la expectativa también queda atrofiada. El ciudadano deja de sentir, indignarse o exigir resultados, logrado esto el saqueo a las finanzas públicas, los barriles sin fondo, los elefantes blancos, las obras faraónicas, derrames petroleros, escándalos, derroche, complicidades pasan como notas de todos los días, sin que a nadie le sorprendan, sin que se castiguen.

    Una casa de los espejos donde todos se mofan de sus reflejos retorcidos, pero a los que ya nadie hace caso. 

    • El contagio de la toxicidad emocional. Al populismo no le interesa fomentar la ambición, el orgullo, la dignidad, la visión ni la profundidad del pensamiento crítico. No está hecho para esos niveles, le interesa mantener un estado de conflicto donde se profundicen los resentimientos, envidia, complejos, revanchismo, dolencias y padecimientos.

    El discurso siempre busca pasar a otros el recelo, la idea de que las desigualdades siempre fueron producto de que unos despojaran a otros y que se le puede arrebatar a los primeros para “resarcirle” a los segundos” vende mucho entre las masas.

    Que la pirámide se mueve y puede ser invertida creando grandes contingentes de nóminas electorales permanentes mediante el derroche de los recursos públicos, poniendo siempre a la sociedad en contra de si misma es parte del show. 

    La cruda verdad es solo sacarle rentabilidad electoral y explotar permanente los conflictos personales y que estos sean dirigidos en contra de los disidentes y/o críticos del régimen. 

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    • Validaciones artificiales. Buenos comentarios, prensa dócil, encuestas y sondeos a modo, “seguidores”, “me gusta” y “pulgares arriba” por miles; ejercicios de ratificación para disfrazar el chantaje mesiánico. 

    El populismo requiere de esas fantasías de idolatría y falso romance entre el “pueblo bueno” y que todo cuaje en una serenata en las urnas. Series de televisión, películas, documentales dirigidos para cambiar, alterar la historia se hacen para sumar a las generaciones nuevas a los saldos de un pasado lejano y mantener vigente lo dicho y repetido desde los pulpitos oficialistas. 

    ¿Criterios de verdad, investigación, confirmación, realismo, seriedad? NO, olvídate de eso, aquí seguir ciegamente el dogma es la norma. No contrastes, no te informes déjate guiar y cancela tu capacidad de reflexión, fiscalización o duda, déjate llevar por la inercia de la masa. 

    • El juego de los distractores. ¿Te queda tiempo para pensar en política? ¿A qué hora?, de plano da flojera, aburrido, obsoleto, jodido, repetitivo, innecesario, lo mismo de siempre, todos son iguales ¿de qué sirve? Misión cumplida, un voto menos para los que controlan a los acarreados.

    Pon tu mente en otra dimensión, flota, chatea, distráete, romancea, discute, metete en la vida de los demás, espía, alega, critica, difunde chismes, baila, no le pidas cuentas ni resultados al gobierno, solo pide otra tarjeta, beca o subsidio.   

    Exhala, respira, medita, viaja virtualmente, hazte adicto al letargo de lo superfluo y lo banal, solo hay una vida y elecciones hay muchas ninguna vale la pena, los políticos jamás van a cambiar y honestamente las promesas son las mismas.

    • El cinismo como moneda de cambio. ¿Qué los populistas mesiánicos no dicen la verdad?, ¿qué no les importan tus problemas? ¿qué les vales? ¿A poco no sabias? Bueno con un “apoyo” basta para calmar cualquier deseo de mejora y democracia.

    Si desde arriba se regularizan hasta las peores conductas criminales, las bases tienen derecho a querer brincarse la barda. Para el mesianismo la “justicia” es distinguir entre los adeptos y los contrarios para aplicarla como ejemplo de salvación milagrosa. 

    Todo se mide en palabrería, demagogia, repitiendo todos los días el discurso original, las tesis universales de la comunicación unidireccional sin resistencia, sin oposición, sin cuestionamientos. En suma, un poco de pasividad, conformismo, silencio a cambio de “calorcito” populista

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