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    La Comisión Europea (CE) quiere acelerar la electrificación de la economía para lograr que represente casi la mitad del consumo energético del bloque para 2040 y, con ese fin, plantea a los gobiernos, entre otras medidas, que los impuestos de la electricidad no sean superiores a los que tiene el gas.

    Bruselas ha desvelado un nuevo “plan de acción” que marca el objetivo “indicativo” de conseguir que la electricidad represente el 46% del consumo energético del bloque, desde el 23% en el que lleva estancado una década, y avanza medidas para atajar los obstáculos que frenan su despliegue.

    Uno de los principales es la diferencia de precio, ya que la electricidad es hasta tres veces más cara que el gas, una “disparidad” que, según la CE, representa una barrera “estructural y crítica” que “debe ser resuelta” para impulsar la electrificación de hogares y empresas.

    Para ello, el Ejecutivo comunitario acompaña esta estrategia con una propuesta de directiva en la que, entre otras cuestiones, insta a los Estados miembros a que los impuestos especiales sobre la electricidad no sean más elevados que los del gas.

    “La mayoría de los Estados miembros gravan más la electricidad que al gas, en algunos países es un 4% más. Hemos propuesto cambiarlo, veremos qué apoyo tiene entre los Estados miembros, pero obviamente espero tener un amplio apoyo para hacerlo”, aseguró en una rueda de prensa el comisario de Energía, Dan Jorgensen.

    Esta normativa, focalizada en conseguir unas “facturas eléctricas para el futuro”, también propone modificaciones para peajes o cargos de red, que representan aproximadamente un cuarto del coste, de forma que incentiven tanto a los productores como a los consumidores a ajustar su consumo a las necesidades del sistema, así como impulsar el uso de contadores inteligentes.

    Menos dependencia y ahorro

    En general, el objetivo principal de la estrategia es reforzar la competitividad de la industria europea a través de unos menores precios de la electricidad que permitan, además, reducir la dependencia del bloque de las importaciones de combustibles fósiles desde terceros países.

    “Una electrificación más rápida de la economía europea es un factor clave para una mayor competitividad, seguridad de suministro y menores precios de la energía en toda la cadena de valor”, enfatiza el texto, en el que el Ejecutivo comunitario cifra en hasta 260,000 millones de euros el ahorro en menores compras de petróleo y gas.

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    “97,000 millones, es lo que se utiliza en subsidios al año para (combustibles) fósiles. Es como un doctor que intenta ayudar a un paciente con diabetes prescribiendo azúcar, no es racional”, sentenció el comisario de Energía.

    Además de reducir el precio de la electricidad, el plan actúa en otros frentes prioritarios, entre ellos la electrificación de los procesos industriales, que ya es “técnicamente posible para el 60% de la demanda energética de combustibles”.

    Bruselas cree que los “esfuerzos inmediatos” deberían centrarse en aquellos sectores con “mayor potencial de electrificación” mediante tecnologías ya disponibles comercialmente, como las bombas de calor industriales a las calderas eléctricas. Entre ellos cita, el de las bebidas, el papelero y el textil.

    El documento dedica apartados específicos para el transporte por carretera y los edificios. En el primer caso, pone el acento en los pocos avances en el ámbito de los camiones eléctricos, a los que pide eximir del pago de peajes, al tiempo que apuesta por ampliar las redes de puntos de recarga.

    En cuanto a los edificios, la CE señala que los avances en renovación y electrificación “siguen siendo lentos” y aboga por acelerar el paso de calderas de gas a bombas de calor, que “podrían reducir la factura de calefacción de los hogares de la UE entre un 20% y un 60%”. Para conseguirlo, sería necesario instalar 4 millones de ellas al año, frente a las 2.4 millones que se instalaron el pasado año.

    Por otro lado, el plan de acción también llama a invertir e impulsar nuevas “soluciones” de electrificación, por ejemplo de almacenamiento eléctrico, energías renovables, tecnologías de red o incluso pequeños reactores nucleares que puedan ofrecer “electricidad limpia a consumidores industriales de una forma segura”.

    Por último, Bruselas enfatiza que todos estos objetivos “requieren capital humano capacitado” y anima a actualizar la población activa con nuevos programas de formación adecuados a estas necesidades.

    Por ejemplo, se necesitarán en 2030 hasta 100,000 empleos para la producción de turbinas eléctricas y paneles solares, y hasta 145,000 trabajadores para su instalación, de los que nueve de cada diez serán en el sector de la construcción. 

    Con información de EFE

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