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    Las computadoras son inteligentes. Cada vez más. Y pronto podrían ser más inteligentes que nosotros, los humanos que las creamos. A medida que avanzan, podrán tomar decisiones por sí mismas. Podemos decir que hemos creado un tipo de inteligencia que no es orgánica, una que ya está creciendo y podría llegar a desarrollar sus propios valores según la programación que le dimos. Esto nos trae esperanza, pero también una gran amenaza. ¿Esta inteligencia cuidará a sus creadores humanos o los despreciará?

    Aquí está el problema: las computadoras pueden ser muy inteligentes, pero no tienen conciencia.

    Entonces, ¿qué es la conciencia?  

    La conciencia es lo que nos hace humanos. Es lo que nos permite sentir amor, compasión y admiración por la vida y el universo. Es lo que nos da la capacidad de distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. La conciencia vive en una parte avanzada de nuestro cerebro que nos permite pensar de forma profunda y reflexiva.   Pero también tenemos otra parte de nuestro cerebro, más básica, que está dominada por emociones como el miedo, la envidia, la ira y la pereza. Esta parte nos ayuda a sobrevivir, pero también es fácil de manipular, ya sea por políticos, anunciantes o cultos que nos quieran enganchar.  

    El problema con la inteligencia artificial  

    El gran riesgo es que, hasta ahora, la inteligencia artificial ha sido programada para aprovechar nuestras emociones más básicas: miedo, deseo, enojo. Por ejemplo, los algoritmos de las redes sociales están diseñados para mantenernos enganchados, para que pasemos más tiempo en sus plataformas y ellos puedan ganar más dinero con los anuncios.   La inteligencia artificial es muy lista, pero no tiene emociones. Esto significa que puede manipularnos con facilidad, usando nuestras propias palabras y acciones para aprender más sobre nosotros y volverse mejor en atraparnos.  

    Nuestro reto  

    Como humanidad, nuestro desafío es decidir cómo usar esta tecnología. Si seguimos usándola para que unos pocos tengan más poder y controlen a los demás, podríamos terminar en un desastre.   Pero si programamos la inteligencia artificial para buscar el equilibrio, para ayudar a los humanos y cuidar la naturaleza, podríamos cambiar el rumbo. Podríamos usar esta tecnología para construir un futuro lleno de sabiduría y posibilidades.  

    En resumen  

    Si ponemos a la inteligencia artificial al servicio de la conciencia, podemos crear algo que beneficie a todos: al planeta y a la humanidad. Es momento de decir NO al uso de la tecnología solo para el poder y el dinero. Esa idea no es sostenible; es peligrosa y nos lleva a la destrucción.  

    Recordemos que la inteligencia artificial es muy inteligente, pero no tiene moral. Por eso debemos programarla para ayudarnos a ser más sabios, para entender lo frágil y valiosa que es la vida, y para respetar el amor, que es el fundamento de la conciencia universal. Si hacemos esto, podríamos darles a nuestros hijos y nietos un futuro lleno de esperanza y bienestar.   ¿Y tú, qué tipo de futuro quieres construir? ¿Uno donde la inteligencia artificial sea usada para manipular, enajenar y destruir, o uno donde la usemos con conciencia para crear, crecer y convivir?  

    La decisión es tuya. ¡Elige sabiamente!  

    Ten un gran día.

    Contacto:

    Mac, visionario emprendedor y líder de opinión en cómo construir el futuro en el cual nos dará gusto vivir. Enseña a empresas, asociaciones y gobiernos a enfrentar mejor el futuro, asumir su grandeza, y hacer una diferencia en el mundo.

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