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    Vivimos en una era en la que la información y el manejo de datos gobiernan nuestra vida e inciden cada vez más en las decisiones empresariales. Si tenemos una duda, nos conectamos a nuestros dispositivos para aclararla. Buscamos respuestas red, aprendemos en línea, nos reunimos en forma virtual, vivimos en la hiperconexión. Parece cosa del pasado esa facultad de comprender las cosas a partir de una corazonada, del olfato para la toma de decisiones. ¿Dónde quedaron los límites de la intuición en la era digital?

    Hoy en día, el uso del análisis de datos está transformando profundamente la cotidianidad y el día a día en las empresas. El ojo intuitivo para iniciar un negocio, la sagacidad para tomar algún riesgo, las prácticas de reclutamiento, el asociarte con una persona en vez de hacerlo con otra, que antes se basaban en la intuición y evaluaciones subjetivas, han comenzado a enriquecerse con métricas cuantitativas y análisis avanzados. Algunos pensarán que tanto dato y tanta accesibilidad a la información estaría matando a la intuición y creo que más bien está ensanchando sus límites.

    Es claro que la subjetividad no desaparecerá. Nada sustituye la experiencia humana de vernos a los ojos, de estrechar una mano y la empatía de los profesionales son invaluables y no pueden ser replicadas por algoritmos. Sabemos que la inteligencia artificial es una herramienta magnífica que aprende rápido y resuelve, pero también falla. Los datos comienzan a marcar los límites de la intuición, pero necesitamos de la intuición, de esa habilidad para comprender cuál es la mejor opción.

    De acuerdo con Agustín Sedano, CEO de Nearsure, el impacto positivo de las empresas data-driven es innegable y su adopción continúa en aumento, tanto para tomar decisiones informadas como para planificar a futuro. Además, según una encuesta de Harvard Business Review, los líderes que fundamentan sus decisiones estratégicas en análisis de datos superan a sus pares en diversas métricas clave, incluyendo eficiencia operativa (81% vs. 58%), ingresos (77% vs. 61%), lealtad y retención de clientes (77% vs. 45%), satisfacción de los empleados (68% vs. 39%) y previsibilidad de costos de TI (59% vs. 44%). No es ninguna novedad que una decisión informada trae mejores resultados.

    Además, es preciso reconocer el papel que juegan los sesgos en el proceso de toma de decisiones. Estas parcialidades, aunque a menudo inconscientes, pueden llevar a elecciones ineficaces, predicciones erróneas y oportunidades perdidas. Una visión imparcial debería ser la base de cualquier estrategia y un enfoque basado en datos resulta beneficioso para todas las partes relacionadas, tanto para las organizaciones como para los individuos.

    Una de las prácticas clave que ayudan es calibrar los métodos y los procesos. Esto implica que todos los involucrados sigan un modelo de evaluación uniforme para asegurar que los resultados sean medidos con los mismos criterios, evitando que las percepciones individuales influyan en la calidad. Además, hoy en día existen herramientas tecnológicas programadas para enfocarse en índices de desempeño, habilidades y calificaciones, omitiendo información demográfica como género y edad, que puede generar sesgos involuntarios.

    El análisis de datos también ofrece información valiosa sobre métricas clave como el costo por procesos, el tiempo para cumplir con los objetivos y la calidad de los resultados. Estos datos son esenciales para mejorar la experiencia del usuario final, asignar inteligentemente el presupuesto y lograr mejores resultados. Por ejemplo, el enfoque basado en datos ha revelado que al aprovechar una base confiable de información, los tiempos se rentabilizan gracias a la disponibilidad inmediata de información calificada, lo que agiliza significativamente el proceso.

    Los datos son cruciales para prever necesidades futuras de talento. El análisis de tendencias y patrones puede ayudar a predecir cuáles serán las futuras necesidades. Por ejemplo, la identificación de brechas de habilidades que habrá que llenar, la cantidad de nuevas contrataciones que se necesitarán en el futuro o la mejora en ciertos procesos. Este enfoque provee una base de conocimiento sólida y asegura que los equipos estén preparados para los posibles desafíos por venir. 

    Insisto, un adecuado manejo de datos permite predecir la adecuación de una estrategia y su probable éxito. Al realizar un análisis predictivo basado en datos históricos de ejecuciones exitosas, las organizaciones pueden descubrir patrones y correlaciones que indican la adecuación, habilidades y alineación cultural de un candidato. Los procesos se agilizan, los resultados se aceleran y se abre la posibilidad de aprovechar ventanas de oportunidad en forma más eficiente.

    Está claro que aprovechar los datos de manera inteligente lleva a una toma de decisiones más precisa y mejores resultados. No obstante,  el juicio humano es irremplazable, el panorama actual exige un enfoque más riguroso que utilice el análisis para guiar decisiones alineadas con los objetivos organizacionales. Al fin y al cabo, el conocimiento es poder. Sin embargo, hay que tener prudencia al manejar datos, la información por si misma no es más que una colección de referencias que no se manejan solas. Llega el momento de la verdad en el que se debe tomar una decisión y la intuición hace su aparición en escena.

    Es tan peligroso basar la toma de decisiones en un conjunto de datos como en el dictado de las vísceras. La era digital nos proporciona herramientas para su uso, el dictamen sigue siendo el ámbito de la inteligencia humana. Un pensamiento intuitivo es el que ensancha sus fronteras para ver las cosas como un todo, no a través de sus piezas únicamente. Posiblemente, una de las características principales de las personas intuitivas es que intentan llegar a un grado de comprensión holística de las cosas. Eso significa que no analizan lo que ocurre descomponiéndolo por sus partes.

    Los límites de la intuición en la era digital se expanden, se hacen más grandes y más eficientes. En esta condición, hay que sacar ventaja de la manera más clara de ambas posibilidades para tomar mejores decisiones, es decir, decidir en forma más exacta para impulsar los mejores resultados posibles. 

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