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    En una organización el estado emocional de cada colaborador es un factor clave para mantener un ambiente de trabajo armónico y productivo. 

    Nadie puede dar lo mejor de sí cuando enfrenta preocupaciones.

    A los líderes de las organizaciones no les corresponde resolver los problemas personales de los demás, pero sí, tratar de aliviar aquellos que están en su ámbito de acción que impactan en el bienestar individual de los colaboradores y el trabajo colectivo.

    Raj Sisodia, fundador del movimiento Capitalismo Consciente, invita a reconocer a las y los colaboradores como seres humanos, con toda su dignidad y por lo tanto merecedores de respeto. Ese hecho, es razón suficiente para ocuparnos de su bienestar. 

    Dentro de una organización, este cuidado es un elemento central para lograr un desempeño sólido en un entorno laboral sano.

    Frente a un colaborador o compañero que atraviesa dificultades personales, corresponde abrir un espacio de escucha y buscar, dentro de nuestras posibilidades, la forma de brindar apoyo emocional, físico o incluso económico. 

    Recuerdo un caso que cita Raj en uno de sus libros, de una mujer negra estadounidense que empezó a tener un comportamiento poco adecuado en el trabajo: llegaba tarde y desaliñada, y salía corriendo más temprano de lo debido, sin cumplir con todas sus tareas.

    Afortunadamente la empresa –una firma importante que no recuerdo su nombre– tenía los medios para “escuchar” a sus colaboradores y logró enterarse que aquella madre soltera dormía en su coche con sus hijos, pues una mala racha y su salario no le daba para la renta de un techo. 

    Los directivos decidieron ayudarla a equilibrarse y la mujer no sólo salió de sus apuros, sino que se volvió una de las colaboradoras más productivas y promotoras de la compañía.

    Hay muchas historias como esas, pero son relativamente pocas en relación con el universo de injusticias que vive el planeta.

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    Enfrentamos un “capitalismo que no queremos”, dice Raj. Las ganancias se sustentan en la explotación del trabajo y de los recursos naturales.

    Los líderes podemos actuar en la medida de nuestras posibilidades, que son muchas, independientemente de lo que aporte la organización. Pero si trabajan juntos, mucho podemos hacer no sólo por los demás, sino también por los resultados en los negocios.

    Por ejemplo, la escucha es una vieja herramienta, estratégica para todo tipo de actividad, pero particularmente nos ayuda a tener empatía y compasión por los demás. Como líderes debemos propiciar espacios para practicarla, incluso impulsar medios institucionales, desde un buzón de sugerencias hasta un “salón de escucha”, pero que realmente funcionen.

    En tanto, el apoyo emocional, físico y económico debe ser profesional. Afortunadamente, cada vez vemos a más organizaciones disponiendo de psicológicos de variado tipo para sus colaboradores –particularmente desde la pandemia de covid–, incluso clases y espacios para meditar; también observamos sesiones de activación física en las horas de trabajo, en las que se practica el baile, yoga o pilates; y lo más tradicional, se ponen en operación mecanismos de apoyo económico como cajas de préstamo, tandas, compras conjuntas o asesoría financiera que alivien necesidades de los miembros de los equipos de trabajo.

    En particular, a mi me gustan las sesiones cortas para contar chistes o una anécdota graciosa. Llena de energía para continuar con nuestra actividad, y da pie para tener acercamientos más profundos con los compañeros.

    Pero sin duda se trata de una postura ética frente al otro como ser humano. Asumir el cuidado del bienestar del equipo forma parte esencial de nuestra responsabilidad.

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    Está comprobado que las personas rinden mejor cuando se sienten comprendidas, apoyadas, en confianza y cuando su trabajo tiene significado y propósito para su vida.

    Si nos fijamos, la madre de la que acabamos de hablar, después de aquel acto se sintió comprendida, apoyada y en confianza. De inmediato su trabajo ha de haber cobrado un significado especial, un techo para ella y sus hijos, y ha de haber modificado su visión sobre sus propósitos personales y de la organización. 

    De manera simplista, podríamos decir que las empresas que pagan más a sus empleados, que no exprimen a sus proveedores, invierten en el medio ambiente, pagan toda la tasa de impuestos y entregan el mejor de los productos o servicios a sus clientes, pero es mucho más que eso.

    Se ha demostrado que al priorizar el bienestar de las personas colaboradoras, las organizaciones florecen y obtienen mejores resultados. 

    Esta apuesta ha demostrado que puede generar un crecimiento significativo tanto de las empresas como de los seres humanos quienes las integran. 

    Citando a mi amigo Raj, se trata de cambiar una visión explotadora por una transformadora, orientada a aportar lo mejor de cada persona, cuidar el entorno y fortalecer el bienestar de los equipos de trabajo. 

    Se trata de ver por el bienestar de todos.

    Sobre la autora:

    Rosalinda Ballesteros es directora del Instituto del Propósito y Bienestar Integral de Tecmilenio.

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    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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