Una persona está satisfecha con su trabajo cuando le gusta el ambiente que ahí se vive, goza de autonomía para realizar sus tareas, encuentra un liderazgo consciente y ve que ella misma y la organización alcanzan resultados deseados.
Es el mundo ideal para la vida laboral.
¿Quién no va a querer ir a trabajar en un lugar donde encuentra apoyo, aprecio, compasión, confianza, no hay discriminación; donde, incluso, tiene la compañía de los mejores amigos?
¿Quién puede no sentirse satisfecho cuando le dan libertad para tomar decisiones en la forma como puede hacer su trabajo?
¿Cómo sentirse a disgusto en un lugar donde los líderes ven por el bienestar mío y el de los compañeros?
¿Quién puede querer salir de una organización que nos permite desarrollarnos y que es exitosa?
La verdad es que muy pocos (siempre se dan casos).
Lo difícil es querer construir esas cuatro condiciones para que los colaboradores se sientan satisfechos con el trabajo. Aún estamos llenos de viejos prejuicios, como que a la gente hay que presionarla para obtener buenos resultados.
Son ideas muy viejas que la ciencia nos ha demostrado que debemos dejar atrás, como ya está sucediendo.
Ocuparse en construir esas condiciones tiene un impacto que va a cambiar el comportamiento organizacional, desde los resultados en la productividad, hasta la forma como rota el personal.
Como es de esperarse, un ambiente de ese tipo genera mayor compromiso de la gran mayoría del personal y hace que muchos costos bajen notablemente.
Las personas se sienten bien, lo cual también reduce el ausentismo por causas de salud, pues todos tienden a llevar una vida más sana.
Para lograrlo, es indispensable elaborar un plan que va de lo básico a lo complejo.
El primer paso es garantizar la seguridad laboral, cumplir al menos (pero estamos en contra de los mínimos) con los estándares que nos marcan las leyes, que va de lo laboral hasta los Derechos Humanos.
El segundo, construir un entorno favorable. Los espacios deben promover una vida saludable. Incluye desde la calidad de una silla o la seguridad física de una herramienta, hasta áreas para relajarse o capacitarse, o el clima y la calidad de luz de acuerdo a la actividad que se realiza, entre muchas otras.
Empezamos a entrar en aspectos más finos cuando consideramos la experiencia significativa. La organización debe generar acciones que atiendan las necesidades específicas del personal, tanto para desempeñar el trabajo como para desarrollar su vida.
El cuarto paso es generar una cultura de bienestar entre todos los participantes. Hay que impulsar mejoras tanto en los procesos como en las políticas que impulsen esa forma sana de trabajar y convivir. Ver por el bien de todos.
Por último se integra el bienestar y productividad. Todo esto que se ha hecho tiene que arrojar resultados no sólo en favor de los colaboradores, sino también de los clientes, accionistas y la comunidad en que se desarrolla la actividad productiva (te invito a leer Bienestar, del Instituto del Propósito y Bienestar Integra, un libro que te puede ayudar a construir tu propio plan).
En resumen, podríamos decir que la satisfacción en el trabajo es crucial para mejorar los resultados de la organización, aunque sería una visión demasiado corta.
En realidad, procurar satisfacer las necesidades y deseos de la gente que trabaja contigo da beneficios que se extienden más allá de la economía; abarca la vida humana y sus sueños.
Sobre la autora:
Rosalinda Ballesteros es directora del Instituto del Propósito y Bienestar Integral de Tecmilenio.
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