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¿Recuerdas cuando nombres como AlexXxStrecci, Werevertumorro o Luisito Comunica eran prácticamente sinónimo de YouTube en México? Canales construidos con humor, espontaneidad y una cámara algo improvisada que, si tenían suerte, los colocaban en un lugar donde solo unos pocos podían vivir exclusivamente de sus videos. YouTube todavía no era un negocio sistematizado: era un espacio para divertirse, construir comunidad y, si era posible, conectar con una masa de seguidores que parecía inaccesible para la mayoría.
Esa etapa no ha desaparecido, pero lo que hace algunos años parecía un oasis para unos cuantos influencers ha evolucionado hacia una economía en la que cualquier creador, incluso aquellos con audiencias más pequeñas, puede encontrar oportunidades reales de monetización. El crecimiento de la llamada creator economy ha sido constante: esta industria está valuada en aproximadamente 250 mil millones de dólares y se proyecta que continúe expandiéndose en los próximos años.
En México, este cambio también se ha hecho evidente. Los creadores del país generaron numerosas horas de contenido en YouTube durante 2024, y gran parte de ese material fue consumido fuera del país. Esto habla no solo del tamaño de las audiencias, sino de la capacidad de construir comunidades globales desde México, con formatos diversos —desde vlogs hasta contenido educativo, de entretenimiento y cultural— que encuentran público más allá de sus fronteras.
Además, la plataforma ha desarrollado múltiples formas de compensación económica más allá de la publicidad tradicional, ampliando las oportunidades de monetización para creadores emergentes: membresías, patrocinios, compras integradas, formatos cortos como Shorts y vínculos con marcas o productos de merchandising.
Hoy, incluso un canal que no genera decenas de millones de visualizaciones puede encontrar rutas claras hacia ingresos. Este fenómeno ha transformado a YouTube de una plataforma de entretenimiento amateur en un ecosistema donde educación, negocios, economía creativa y entretenimiento convergen en un mismo circuito.
Benji YTA, un emprendedor español que ha trabajado con figuras como El Sensei y Alex G, comenzó su relación con YouTube de una forma bastante común: subiendo videos de gameplay durante su adolescencia. Cuando era niño, uno de sus videos, inspirado en un creador más grande, comenzó a acumular visualizaciones a lo largo de los meses. El crecimiento no fue explosivo ni viral, sino constante y sostenido. Según él, ese fue el momento en que entendió que existían reglas que podían comprenderse y replicarse.
A partir de esa experiencia temprana, desarrolló una metodología orientada a responder a los cambios del algoritmo y a la lógica del crecimiento orgánico. En lugar de apostar únicamente por picos virales o estrategias de corto plazo, su enfoque enfatiza construir primero un volumen sólido de contenido antes de aspirar a audiencias masivas. La idea es que, cuando alguien llegue al canal, exista suficiente material para mantenerlo ahí, aumentando el tiempo de visualización —una métrica clave para la plataforma— y, eventualmente, la probabilidad de que esa audiencia se convierta en seguidores recurrentes.
Este tipo de estrategia cobra mayor relevancia conforme YouTube ha evolucionado en sus incentivos. Aunque el algoritmo cambia con frecuencia —como lo demuestra la transición hacia formatos como Shorts y la prioridad que se da a la retención temprana de la audiencia— sigue existiendo una lógica que recompensa la consistencia y la interacción de calidad, no solo la visibilidad inmediata.
El crecimiento de la economía de los creadores también plantea preguntas más amplias para México: ¿puede esta tendencia convertirse en una alternativa real para trabajadores creativos y técnicos que buscan diversificar sus fuentes de ingreso? En muchos sentidos, la respuesta ya está en desarrollo. Cuando los creadores mexicanos producen contenido consumido en todo el mundo, no solo generan audiencias locales, sino que abren puertas a proyectos que pueden monetizarse en múltiples monedas, con audiencias globales y modelos de negocio complementarios.
Para los creadores emergentes en LATAM, la lección no es solo que existen oportunidades, sino que las reglas han cambiado. Ya no siempre es necesario alcanzar millones de suscriptores antes de comenzar a generar ingresos; los creadores pueden explorar distintas formas de monetizar una audiencia comprometida, incluso a menor escala. Esto suele implicar comprender cómo funciona la plataforma, crear contenido que conecte con una audiencia definida y aprovechar herramientas como colaboraciones, formatos cortos y productos complementarios.
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