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Cada año, las heridas de difícil cicatrización generan costos cercanos a los 250 mil millones de dólares, lo que evidencia la urgencia de nuevas soluciones y de una mayor priorización del cuidado de las heridas. Cuando México y los Emiratos Árabes Unidos aprobaron un dispositivo médico capaz de tratar heridas crónicas, Jasen Petersen, cofundador y CEO de Ionic Alliance Foundation, Inc. (IAF), consideró que su relevancia iba más allá de la llegada de un nuevo tratamiento al mercado.
Denominada Ion Biotechnology® Aqueous Ligands (IBAL), esta clase de tecnología terapéutica está diseñada como un restaurador microinmunológico. Petersen señala que opera mediante un mecanismo físico-químico, deliberadamente distinto de las acciones farmacológicas, metabólicas o inmunológicas. Esta diferencia, afirma, está arraigada en una filosofía que busca cambiar de manera fundamental quién puede acceder a la sanación, redefiniendo las vías regulatorias y la accesibilidad.
Petersen cuestiona el estado actual del tratamiento de heridas, sugiriendo que con frecuencia incorpora un conjunto de técnicas contraproducentes que pueden derivar en mayores costos de atención. En su opinión, se trata de intervenciones que luchan contra la biología celular en lugar de apoyar el proceso natural de sanación del cuerpo. Según explica, el uso de antimicrobianos para eliminar patógenos puede erosionar el tejido sano circundante, generar trauma celular y producir tejido de baja calidad, aumentando la cicatrización. Esto, añade, puede dar lugar a un ciclo de intervenciones que interrumpe la secuencia natural de curación, dejando poco espacio para una resolución biológica real.
Petersen considera que la formulación IBAL aborda el cuidado de heridas desde un enfoque natural. Desde su perspectiva, esta metodología pone el acento en trabajar con la biología celular a través de una secuencia de acciones de apoyo. Señala que primero intenta eliminar los patógenos mediante agentes que no representan una amenaza para las propias células. Esta acción, combinada con el esfuerzo por restaurar el terreno microinmunológico y el equilibrio redox, podría permitir que las células transiten de forma natural por su secuencia adecuada de sanación. En lugar de una intervención forzada, Petersen cree que la eliminación de patógenos puede convertirse en un resultado viable dentro de un ecosistema restaurado. “Nuestro enfoque es aportar una sola intervención que trabaje con la biología celular para acelerar la cicatrización de heridas y reducir la cantidad de intervenciones adicionales”, explica. También señala que IAF desarrolla la base fundamental y formulada, que otras empresas pueden utilizar posteriormente para crear y comercializar sus propios productos específicos.
Desde una perspectiva económica, Petersen considera que la aprobación regulatoria en México es de gran impacto. Señala que el mecanismo del dispositivo permite clasificarlo como un dispositivo médico y no como un fármaco, lo que podría reducir tanto los costos como los tiempos de desarrollo.
“Un dispositivo como este tiene el potencial de llegar al mercado en un plazo de uno a tres años, con un desarrollo que oscila entre 250 mil y 5 millones de dólares, a diferencia del desarrollo de un medicamento, que puede ser mucho más costoso”, afirma. A su juicio, esta clasificación podría permitir precios con enfoque humanitario desde el primer día, evitando las presiones financieras que han convertido a la gestión de enfermedades crónicas en el principal motor —cerca del 90%— de los costos del sistema de salud.
Tan solo las úlceras del pie diabético generan costos anuales totales de entre 9 y 13 mil millones de dólares en Estados Unidos. “Si sumamos psoriasis, eccema o cáncer de piel no melanoma, el impacto podría volverse abrumador”, señala.
La formulación IBAL contempla diversos métodos de administración, incluidos tópicos, nebulizados, inyectables e incluso infusión intravenosa, cada uno diseñado para abordar decenas de afecciones en las que el desequilibrio iónico local y el estrés oxidativo impulsan la disfunción. Petersen considera que la base científica es consistente, por lo que los costos de desarrollo se mantienen en la eficiencia propia de un dispositivo médico. “Cada método de administración aprovecha la misma plataforma subyacente, lo que nos permite tratar múltiples condiciones con un costo incremental mínimo”, explica.
Con la vía de desarrollo como dispositivo médico ya abierta, Petersen cree que el reto se desplaza de la captación de capital hacia la garantía de una gobernanza alineada con la misión. El costo de los procesos de desarrollo convencionales exige casi exclusivamente un enfoque en la extracción de retorno de inversión. “Los tratamientos salutogénicos pueden surgir de estos sistemas, pero seguir el manual tradicional los vuelve costosos incluso cuando no tendrían por qué serlo, dejando fuera a las poblaciones que más los necesitan”, afirma.
Petersen considera que la Ciencia Descentralizada (DeSci) ofrece una estructura de gobernanza alternativa, en la que las comunidades pueden financiar directamente hitos específicos y adquirir derechos de toma de decisiones. Esto, señala, puede alinear los incentivos de los financiadores con el acceso de los pacientes, en lugar de priorizar la extracción de rentabilidad.
IAF busca demostrar el ciclo completo de DeSci: desde la financiación de la investigación, pasando por la aprobación regulatoria, hasta la escalabilidad del despliegue y la garantía de un acceso asequible para los pacientes. “Muchos proyectos DeSci financian la comprobación de hipótesis con resultados inciertos”, explica Petersen. A su juicio, IBAL presenta un perfil de riesgo distinto: financiar el despliegue de una plataforma con aprobación regulatoria, donde el riesgo se concentra principalmente en la ejecución. “DeSci crea una alternativa”, señala. “El manual convencional ya no es el único camino posible”.
En última instancia, Petersen sostiene que las aprobaciones en México y los Emiratos Árabes Unidos demuestran que una plataforma salutogénica puede llegar a los pacientes a través de una vía de desarrollo alternativa. La aprobación regulatoria, afirma, ya no es un hito teórico, sino una realidad operativa para una plataforma capaz de apoyar de forma segura y eficaz la sanación celular.
Tras la validación de un nuevo tratamiento en México, la pregunta pendiente, según Petersen, no es si la medicina salutogénica funciona, ni si la plataforma tiene una aplicabilidad amplia, ni si la economía de los dispositivos permite un acceso asequible. La pregunta clave es si surgirá una comunidad de desarrollo alternativa o si IBAL terminará siguiendo las vías convencionales.
Petersen confía en que DeSci puede funcionar. Sin un respaldo comunitario suficiente, IBAL seguiría el manual tradicional y la prueba del paradigma se convertiría en otro producto “blockbuster”. Pero si IAF demuestra que DeSci puede llevar una plataforma salutogénica desde la aprobación hasta su despliegue, se crea un modelo replicable. Otras tecnologías de sanación que no encajan en el enfoque convencional tendrían un camino viable. Las implicaciones van más allá de IBAL.
Este artículo tiene fines exclusivamente informativos y no sustituye el asesoramiento médico profesional. Si buscas consejo médico, diagnóstico o tratamiento, consulta a un profesional de la salud o proveedor médico calificado.










