Protocolos en casos de emergencia, capacitación al personal y un adecuado mantenimiento en la infraestructura, así como incorporar el conocimiento del número 9-1-1 a los planes de protección civil, puede marcar la diferencia entre la estabilidad y la ruina.
La clave es muy sencilla: la prevención es siempre más barata que la reconstrucción.
En el sector empresarial e industrial, la protección civil no es solo un requisito normativo, sino un elemento esencial para garantizar la seguridad de las y los trabajadores, continuidad operativa y estabilidad financiera.
Un mal plan puede traducirse en pérdidas millonarias, daños irreparables en infraestructura y, lo más grave, pérdida de vidas humanas. Por ello, fortalecer los protocolos internos y hacer un uso eficiente de los números de emergencia es fundamental para minimizar riesgos y reaccionar oportunamente en caso de crisis.
Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los accidentes laborales cuestan anualmente alrededor del 4 por ciento del PIB mundial en términos de días de trabajo perdidos, tratamientos médicos y compensaciones.
Las empresas que no cuentan con planes de emergencia bien estructurados se enfrentan a multas, demandas y, en muchos casos, a la pérdida de confianza de clientes e inversionistas.
Un caso paradigmático es la explosión de la fábrica de fertilizantes en West, Texas, en 2013. La falta de medidas de seguridad adecuadas y la ausencia de protocolos de emergencia provocaron una tragedia con 15 muertos y daños por más de 100 millones de dólares.
El incendio de la fábrica de pesticidas en Bhopal, India, en 1984, es otro ejemplo extremo cuando se ignoran medidas de seguridad. La fuga de gas tóxico dejó más de 3 mil decesos oficiales y afectó a generaciones enteras.
Estos percances ilustran la vulnerabilidad de las industrias por la falta de una estrategia robusta de reacción ante emergencias. Un aspecto a recordar este 1 de marzo cuando se conmemora el Día Mundial de la Protección Civil.
Frente a los siniestros, el tiempo es fundamental. Unos segundos pueden ser vitales. Bajo esa noción se fundamenta el servicio del 9-1-1, atendido desde el Centro de Control, Comando, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5). Con un tiempo de atención promedio de 3 minutos con 45 segundos —15 segundos por abajo de la media nacional— por parte de las y los operadores es posible agilizar el envío de unidades especializadas.
La rapidez en la respuesta es determinante para reducir daños como lo es un plan de protección civil robusto. No se trata de un lujo, sino de una necesidad vital.
Contacto:
Salvador Guerrero Chiprés es Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) de la Ciudad de México.
X: @guerrerochipres
www.c5.cdmx.gob.mx
Twitter: @C5_CDMX
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