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    Por Jacqueline Álvarez*

    En México, estamos en medio de un debate que marcará un antes y un después en la organización del trabajo: la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales. Este escenario no es una discusión aislada, sino parte de una tendencia global que busca mejorar el balance entre productividad y bienestar de los trabajadores.

    Actualmente, existen al menos 10 proyectos en la Cámara de Diputados y otras iniciativas en el Senado que plantean disminuir de manera gradual las horas de trabajo en nuestro país, con la perspectiva de llegar a 40 horas semanales hacia 2030. Este impulso legislativo se vincula también con un compromiso presidencial con este tema y refleja una creciente presión social por replantear la forma en la que trabajamos.

    Los retos para México

    En nuestro país, el reto no es solo normativo, sino económico y empresarial. México enfrenta un contexto particular:

    • Informalidad laboral: de acuerdo con el reporte del INEGI en mayo de 2025, más del 55% de la población ocupada se encuentra en este esquema, lo que implica que una reforma de esta magnitud debe acompañarse de políticas integrales que atiendan este fenómeno, indispensable para un país más justo y competitivo.
    • Inflación: con una proyección cercana al 4% anual para 2025, cualquier aumento de costos laborales preocupa a las empresas.
    • Crecimiento económico: las previsiones de PIB oscilan entre 2% y 3%, lo que exige cuidar la competitividad.
    • Peso de las PYMES: representan el 98.7% de las empresas en México y serían las más sensibles frente a la implementación inmediata de una reforma de este tipo.

    Lo que preocupa al sector empresarial

    El costo es el primer tema en la mesa: 7 de cada 10 empleadores consideran que habría un impacto directo en sus finanzas, pues menos horas implican contratar más personal o pagar tiempo extra.

    También está la operación diaria: sectores como manufactura, logística y retail que trabajan 24/7 analizan cómo cubrir turnos completos con menos horas por trabajador.

    La productividad abre un debate: ¿trabajar más horas significa producir más? La experiencia internacional muestra que no necesariamente.

    Finalmente, hay inquietudes legales y sindicales: renegociar contratos colectivos y ajustar tabuladores de sueldos no es tarea menor.

    Lo que podemos aprender de otros países

    Esta tendencia no solo está ocurriendo en México, diversos países en Latinoamérica y en Europa han sido pioneros en este tipo de reformas. Sin duda, han enfrentado retos de los cuales nuestro país puede aprender para ser más eficiente y exitoso en el diseño de una reforma de este tipo.

    En Chile, por ejemplo, la transición de 45 a 40 horas comenzó en 2023 con un plan gradual a cinco años. Muchas empresas usaron este tiempo para reorganizar turnos, digitalizar procesos y eliminar actividades de poco valor. Los primeros reportes hablan de mejoras en bienestar y menor agotamiento.

    En Colombia, la reducción será a 42 horas en 2026 con un esquema escalonado. El sector empresarial ha apostado por la flexibilidad en la gestión de proyectos y la eficiencia como forma de absorber el cambio.

    En Europa, donde la jornada promedio es de 32 a 35 horas, los resultados apuntan a que el secreto no está en trabajar más, sino en trabajar mejor. La clave ha sido combinar organización, tecnología y enfoque. La productividad por hora, en muchos casos, incluso ha aumentado.

    El papel de las empresas en México

    La lección internacional es clara: las empresas son actores clave en este tipo de transformaciones. Algunas acciones que podrían adoptarse en México incluyen:

    • Programas piloto: probar esquemas reducidos en áreas específicas antes de un cambio masivo.
    • Digitalización y automatización: invertir en procesos que liberen horas de trabajo repetitivo.
    • Esquemas flexibles: adaptar la reducción de jornada de acuerdo con cada sector, incluso con opciones quincenales o mensuales.
    • Diálogo abierto con colaboradores y sindicatos: para ajustar colectivamente la carga laboral y evitar tensiones innecesarias.

    Incluso, se pueden pensar en fórmulas intermedias: bonos, primas sabatinas o esquemas de flexibilidad que ayuden a equilibrar cargas de trabajo en el corto plazo.

    Reflexión final

    Lo que más preocupa al sector empresarial no es la reducción en sí misma, sino el cómo se implementará: su impacto en costos, operaciones, productividad y relaciones laborales.

    La realidad es que este cambio va a llegar, más temprano que tarde. El desafío consiste en que no represente en un golpe financiero, sino que sea una oportunidad para repensar la forma en la que trabajamos.

    Las experiencias internacionales enseñan que la clave está en tres ejes: gradualidad, flexibilidad e innovación. Si México logra combinarlos, la reforma puede convertirse en un motor de productividad y bienestar, no en un obstáculo. El reto no es solo trabajar menos, sino aprovechar mejor el tiempo.

    Sobre la autora:

    *Jacqueline Álvarez es Socia de EY Law – Laboral, EY México.

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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