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    El poder de un bloque regional se mide en cifras y en certidumbre. En el caso de Norteamérica, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) combina ambos elementos con una contundencia poco vista en la historia económica moderna.

    Con más de 1.6 billones de dólares en intercambio anual, el TMEC ha dejado de ser un acuerdo comercial para convertirse en una arquitectura geoeconómica: un sistema que sostiene cadenas de valor, define políticas públicas y marca la pauta de la competitividad global. La Presidenta Claudia Sheinbaum lo describió como “la envidia de todo el mundo” tras su encuentro con el primer ministro canadiense Mark Carney.

    La reunión bilateral en Palacio Nacional envió un mensaje claro al mercado: la integración norteamericana es irreversible. Con la revisión programada para 2026, México y Canadá mostraron unidad en torno a la necesidad de renovar y fortalecer el TMEC, conscientes de que su valor constituye una verdadera infraestructura de certidumbre para inversionistas, gobiernos y empresas. “Somos más fuertes unidos”, afirmó el mandatario canadiense.

    A lo largo de tres décadas, el libre comercio en Norteamérica ha transformado la noción de frontera. El resultado es un ecosistema industrial que no se explica sin la complementariedad de los tres socios. México aporta dinamismo manufacturero, costos competitivos y capacidad logística; Estados Unidos concentra innovación y capital; Canadá refuerza con recursos estratégicos, energía y tecnología. Juntos forman un triángulo productivo que difícilmente puede replicarse en otra parte del mundo.

    Para México y Canadá, la cooperación va mucho más allá del intercambio de bienes. En 2024, su comercio bilateral e inversiones conjuntas alcanzaron los 56 mil millones de dólares, impulsados por sectores clave como el automotriz, minería, energía y agroindustria.

    En el terreno político-económico, el mensaje es contundente. El TMEC ya no depende únicamente de la voluntad de los gobiernos de turno. Le han llamado Plan de Acción México-Canadá 2025-2028, y se resume en inversiones en puertos, líneas férreas, sector aeroespacial y energía.

    México ha pasado de ser un socio de bajo costo a convertirse en un nodo central de la relocalización industrial. Las empresas globales, en busca de resiliencia y eficiencia, encuentran una plataforma manufacturera con acceso directo al mayor mercado de consumo del mundo. 

    El reto inmediato es 2026. La renegociación del Tratado pondrá sobre la mesa no solo cuestiones arancelarias, sino también temas sensibles como estándares laborales, transición energética, propiedad intelectual y políticas de inversión. Sin embargo, a diferencia de negociaciones anteriores, ahora existe un consenso claro: el TMEC no es opcional, es modelo de integración productiva.

    Sobre el autor:

    Salvador Guerrero Chiprés es Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) de la Ciudad de México.

    X: @guerrerochipres

    www.c5.cdmx.gob.mx

    Twitter: @C5_CDMX

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