Existe un dicho muy famoso que asegura que la historia se repite. Esto parece haber sucedido con el triunfo de Donald J. Trump en las elecciones del pasado 5 de noviembre, después de perderlas en 2020. En consecuencia, se convertirá en el 47º presidente de Estados Unidos de América. Además, aunque falta contabilizar algunos votos, todo se perfila -hasta el momento de esta publicación- a que será con carro completo, ya que el Partido Republicano se perfila para tener la mayoría en ambas cámaras del Congreso. Esto nos lleva a la pregunta crucial en México: ¿Qué sucederá con la relación entre ambas naciones? Este artículo analiza algunos aspectos importantes sobre lo que podría suceder en los siguientes cuatro años.
Una contienda mucho menos cerrada de lo anticipado
Previo a los comicios existía un consenso de que sería una carrera cerrada. Siete estados indecisos podrían definir el resultado, pero en ninguno con un sesgo claro al menos de acuerdo con la mayoría de las encuestas. La realidad fue que Donald Trump tuvo una victoria más contundente de lo que sugerían los análisis políticos, lo cual le dará un alto sentido de legitimidad y un mandato más fuerte. Esto se vuelve importante por la narrativa radical que ha mostrado en muchos frentes, especialmente en el comercial o el migratorio. Además, de confirmarse el “red sweep” (término utilizado para determinar una mayoría republicana en el Congreso), esto podría darle un margen de maniobra mucho más amplio para perseguir sus políticas.
Un vistazo a las principales propuestas de Donald Trump
Los principales ejes de sus políticas económicas y comerciales se basarán, en gran medida, en lo que se observó en su primer periodo presidencial que abarcó del 2017 a 2020. Esto podríamos resumirlo en: menor regulación para las empresas, una reducción de los impuestos, mayor gasto de gobierno y un fuerte proteccionismo comercial.
Vale la pena detallar algunos de estos aspectos. A lo largo de la campaña presidencial centró su plataforma económica en un enfoque de políticas públicas que privilegien un sentido de mayor competitividad estadounidense basado en el principio ideológico “Make America Great Again”. Su política comercial es altamente proteccionista ya que se sustenta en la aplicación de tarifas arancelarias y revisión de tratados comerciales con el fin de mejorar las condiciones para las empresas y trabajadores estadounidenses. En este sentido, su visión del mundo es altamente transaccional y de suma cero al estar convencido de que la ganancia de un país significa una pérdida igual para el otro. Además, esto ayudaría a financiar parte de su estrategia fiscal. En particular, su deseo de extender muchos de los beneficios que introdujo en 2017 y de reducir la tasa impositiva para las empresas. Además, ha enfatizado la necesidad de asegurar que las cadenas de suministro sean más resistentes y menos dependientes de otros países.
En específico, afirmó que bajará de 21% a 20% de manera general el impuesto corporativo y hasta 15% para empresas que produzcan bienes en el país. La medida que propone para compensar la reducción en impuestos es establecer un arancel general a todas las importaciones al menos de 10%. Incluso, en el caso de China, el arancel podría alcanzar 60% o más.
En el agregado, su estrategia fiscal y comercial representaría un mayor desbalance financiero del gobierno. De acuerdo con el “Comité para un Presupuesto Federal Responsable”, que analizó las posibles implicaciones para el periodo de 2026 a 2035, el impacto fiscal neto en términos del déficit ascendería a 7.75 billones de dólares bajo su escenario central. En consecuencia, la deuda pública como porcentaje del PIB, que al inicio de su administración en 2017 se encontraba debajo del 100%, podría aumentar a números cercanos al 140% a finales de dicho periodo.
Su política exterior implicará replantear el financiamiento de las alianzas estratégicas con otros países o bloques. No obstante, esto no se interpondría con la estrategia que ha optado Estados Unidos, Europa y otros países de occidente de mitigar la exposición a China dentro de su balanza comercial y limitar su acceso en términos de microprocesadores y alta tecnología.
Trump también puso un gran énfasis en la necesidad de crear más empleos y fortalecer el mercado laboral a través de planes que revitalicen la industria manufacturera y el crecimiento de la industria energética. Con ello, prometió eliminar las restricciones sobre la industria del petróleo y gas.
Fechas clave y algunos aspectos que podrían ofrecer una mejor idea sobre Trump 2.0
¿Qué sigue en el calendario? El 17 de diciembre es cuando el Colegio Electoral contará los votos. Seguido de eso, el Congreso certificará la votación a principios de enero. Finalmente, el 20 de enero será la toma de propuesta de Donald Trump como 47º presidente de Estados Unidos de América.
Más allá del calendario establecido, la atención estará en tres cosas principalmente. Primero, en los comentarios públicos que haga de aquí al 20 de enero, ya que probablemente será el eje de las políticas que estaremos viendo, o al menos las más prioritarias. Segundo, En medio de todo ello, los anuncios sobre las personas que podrían formar parte de su gabinete. Tercero, las primeras órdenes ejecutivas que firme una vez que sea presidente.
Sobre este último punto, recordemos que en enero de 2017 inició su administración con una gran cantidad de órdenes ejecutivas. Las primeras fueron: el 23 de enero, tres días después de su inauguración, decidió retirarse del acuerdo comercial TTP. Al día siguiente ordenó que la construcción de dos oleoductos frenados por el expresidente Obama tuvieran una revisión y aprobación acelerada. El 25 de enero firmó una serie de órdenes que incluía planificar, diseñar y construir el muro a lo largo de la frontera entre EU y México. Para ello debía evaluar los fondos federales disponibles y trabajar con el Congreso para conseguir financiamiento adicional. Dentro de algunas acciones mandó cuantificar las “fuentes de asistencia federal directas e indirectas al Gobierno de México sobre una base anual durante los últimos cinco años” y acelerar las deportaciones con la ayuda de 10,000 nuevos agentes que serían contratados para la Fuerza de Aduanas e Inmigración (ICE, por sus siglas en inglés). En días posteriores ordenó la revisión de tratados comerciales y déficit nacional, así como el cumplimiento de obligaciones “antidumping”, compensatorias y prácticas aduanales.
Si bien todavía falta saber qué versión de Donald Trump llegará a la Casa Blanca a partir del 20 de enero de 2025, entender sus acciones en su mandato anterior, combinadas con la retórica de su campaña, nos pueden ayudar a inferir lo que viene para los próximos cuatro años.
La retórica de Trump sobre México ha sido más negativa, enfocándose en tres temas
Como ya he escrito en otros artículos, en la Dirección General Adjunta de Análisis Económico y Financiero de Banorte desarrollamos un modelo de inteligencia artificial con base a procesamiento de lenguaje natural, el cual nos ayudó a entender el sesgo en la comunicación de Trump en relación con México. Al cierre de las campañas, el modelo mostró que 85% de sus comentarios sobre nuestro país tenían una connotación negativa, mucho mayor que el promedio de 40% observado en las elecciones del 2016 y 2020.
Dentro de este mismo modelo pudimos observar que los tres temas principales de su comunicación sobre México se centraron en comercio, migración y tráfico de drogas. Por ello, muy probablemente estos sean los puntos de mayor interés durante su estrategia, especialmente de cara a la revisión del T-MEC a mediados del 2026, que no se descarta pueda convertirse en una renegociación.
¿Su presidencia anterior podría darnos ideas del efecto sobre México?
A pesar de lo difícil que es leer a este personaje, algunas cifras podrían ayudarnos a entender el posible efecto de su próxima presidencia sobre México, o al menos dilucidar algunos de los riesgos y oportunidades.
Trump podría implicar volatilidad e incertidumbre en el corto plazo, pero con algunas ganancias potenciales en el mediano plazo. Si bien se percibe como un riesgo para México por su retórica tan negativa, hay que tratar de discernir entre el discurso político y el pragmatismo que lo ha caracterizado. Es un escenario complejo, pero ayuda a identificar algunos de los retos.
En primer lugar, la economía mexicana ha mostrado en el pasado una alta correlación con los ciclos económicos de Estados Unidos, independientemente de quién habite la Casa Blanca. Eso también sucedió durante el primer término de Trump (enero 2017 a enero 2021). La economía mexicana es altamente dependiente de dicho país. De hecho, estimamos que 56% del PIB está relacionado con el vecino del norte. Si bien las cuestiones políticas en EU podrían influir en el muy corto plazo, la evidencia sugiere que otros factores fundamentales tienen un mayor peso.
La guerra comercial de Trump contra China, iniciada en 2017, ayudó a las exportaciones mexicanas. En los 5 años previos a su presidencia, las exportaciones no petroleras crecieron a un ritmo anual promedio de 4.7%. Durante su administración este ritmo se aceleró a 6.7%. Después de su periodo y la firma del T-MEC, el avance ha sido del 10.2%. La participación de China en el total de importaciones de Estados Unidos pasó de 21.0% antes de Trump a 13.6% actualmente. Mientras tanto, México aumentó de 13.4% a 15.6%, convirtiéndose en su principal socio comercial.
Sobre el empleo, el número de trabajadores mexicanos en EU se mantuvo resiliente durante su presidencia. Esto, sumado al fuerte estímulo fiscal durante la pandemia, ocasionó que las remesas crecieran 10.7% anual en promedio vs 3.3% previo a su presidencia.
El TMEC se revisará a mediados de 2026, lo que podría inclusive convertirse en una renegociación. Sin embargo, la estrategia comercial en contra de China y los aranceles generales a todo el mundo requerirían de una mayor integración comercial, especialmente ante la búsqueda de ventajas competitivas y economías de escala en el bloque. En mi opinión, esto podría ayudar mucho a industrias como la automotriz, tecnológica, electrónica y de instrumental médico, entre otras.
Conclusión
La victoria de Donald Trump traerá consigo una mayor legitimidad para su gobierno, sobre todo si se materializa la mayoría republicana en ambas cámaras. Con ello podría expandir su margen de maniobra en temas económicos y comerciales. Sus propuestas, centradas en el proteccionismo, la reducción de impuestos y la reactivación del mercado laboral, tienen implicaciones directas para la relación entre Estados Unidos y México. Aunque la retórica de Trump hacia el país ha sido negativa, las oportunidades existen. Resalta la posibilidad de un fortalecimiento de las exportaciones mexicanas debido a la guerra comercial con China. No obstante, la incertidumbre es muy alta, especialmente con la revisión del T-MEC en 2026. En resumen, la presidencia de Trump podría generar volatilidad a corto plazo, pero también abre oportunidades para un mayor comercio y colaboración en el mediano plazo.
Contacto:
Alejandro Padilla es Presidente de la Comisión de Política Económica del International Chamber of Commerce México y Director General Adjunto de Análisis Económico y Financiero de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión de ICC México ni de Grupo Financiero Banorte ni sus subsidiarias o filiales.
Cuenta de Twitter: @alexpadillasan
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