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    Hemos avanzado mucho, es verdad. No obstante, el talento femenino en México y Centroamérica continúa sorteando las barreras y desafíos que le impiden acceder y permanecer en posiciones de Alta Dirección. La discriminación por estereotipos, sesgos inconscientes y microagresiones continúa siendo la principal barrera para que más mujeres ocupen posiciones de Alta Dirección. 

    Si bien es cierto que las evidencias de estos avances están a la vista de todos —hoy en México es una mujer la que ocupa la silla presidencial—, también es verdad que hay mucho por hacer. De pronto, parece que nos enfrentamos al síndrome de la abeja reina, en la que con una mujer que llegue es más que suficiente para taparle el ojo al macho. Sí, vemos a muchas mujeres que ocupan puestos de alta responsabilidad en diversos ámbitos y quisiéramos ver más. Sí, muchas más directoras, emprendedoras, empresarias, proveedoras que impulsen nuestra economía y nuestro progreso. 

    La firma KMPG hace un análisis de los principales sesgos y desafíos que enfrenta el talento femenino. Entre los principales retos que dificultan la permanencia femenina en posiciones de liderazgo una vez que las han alcanzado destacan:

    • Desigualdad de oportunidades para participar en iniciativas de alto impacto o visibilidad: 38% en México y 31% en Centroamérica
    • Burnout o agotamiento: 36% y 35% respectivamente
    • Falta de apertura para colaborar por parte de hombres en la Alta Dirección: 34% y 30%
    • Por otro lado, las líderes de negocio en México y Centroamérica expresan que la incertidumbre actual las ha motivado a mejorar sus habilidades digitales (39% y 36%) y de manejo de crisis (41% y 35%).

    Aunque no debemos de normalizar estas situaciones, las mujeres corremos el riesgo de desenfocarnos, cuando lo que debemos hacer es concentrarnos en las claves que nos pueden perfilar a situaciones de éxito. Es de suma importancia destacar que el talento femenino busca capacitarse en temas clave, como la digitalización, la gestión de datos, la ciberseguridad, la inteligencia artificial y los asuntos ambientales, sociales y de gobierno corporativo, de acuerdo con KPMG.

     No obstante, no necesariamente tenemos un lugar relevante dentro de estas iniciativas, lo que, sin duda, repercute en sus posibilidades de ocupar posiciones en la Alta Dirección. De hecho, según este informe de KPMG, seis de cada diez mujeres incluidas en el reporte —60% en México y 63% en Centroamérica— expresan que la necesidad de mantenerse actualizadas y desarrollar competencias es el principal factor para asegurar su éxito futuro, seguido de lograr un balance entre vida personal y laboral y contar con el apoyo de un mentor.

    La incertidumbre y la incomodidad pueden obrar maravillas. Salir de nuestra zona de confort nos ha motivado a las mujeres a fortalecer habilidades en manejo de crisis y digitales, también a reconocer la falta de igualdad de oportunidades para participar en iniciativas de alto impacto, como inteligencia artificial y ciberseguridad. Hay baja participación en estas posibilidades, a pesar de que se han desarrollado competencias fundamentales en momentos de disrupción y transformación, escasas en el mercado y altamente demandas por las empresas. Asimismo, lo suscribe Olivia Segura, socia de asesoría en Capital Humano en las oficinas de KPMG en México.

    La digitalización es representa todo un universo de posibilidades para todos y en especial para las mujeres. En este sentido, la participación femenina al frente de este tipo de iniciativas clave sigue siendo limitada en áreas como: automatización, transformación digital y gestión de datos. Hay poquísima presencia de mujeres en este sector. Sin duda, impulsar su liderazgo en estos ámbitos será esencial para fortalecer su acceso a posiciones de Alta Dirección.

    Como mentora, puedo certificar que las mentorías son una gran herramienta para impulsar al liderazgo femenino. Representa la gran oportunidad para ponernos en acción para cultivar nuestras habilidades duras y blandas a partir de un plan estratégico que nos permita alcanzar metas concretas a partir de objetivos cuantificables y verificables.

    Por un lado, las mentorías contribuyen al desarrollo de habilidades de gestión, como el pensamiento estratégico, la negociación, la comunicación asertiva y la inteligencia emocional. Aunque, principalmente, nos enseñan a entender la forma de relacionarnos con nuestro entorno, sabiendo que la comunicación es la madre de todas las habilidades, sin ella no hay nada. Desde luego, con la primera persona que debemos aprender a escuchar y a poner atención es con nosotras mismas, desde la sinceridad de lo que somos, lo que queremos y lo que buscamos.

    Por otro, fomenta la seguridad y la autoconfianza, facilitando el acceso a nuevas oportunidades y redes estratégicas. Sin duda, el acompañamiento de un mentor que cuenta con experiencia ayuda a superar barreras y a promover la transformación hacia liderazgos femeninos sólidos, positivos y bien plantados, así como a generar empresas más equitativas e inclusivas, generando un impacto efectivo en la cultura organizacional.

    Los sesgos que enfrentamos, los anclajes de percepción que debemos de encarar las mujeres nos ponen de cara a desafíos que con el desarrollo del talento femenino podemos vencer. No es en automático. El proceso de a mentoría lleva su tiempo y el desarrollo de estas habilidades duras y blandas requiere de un periodo de germinación que tampoco debe prolongarse por los siglos de los siglos.  Las mentorías son una herramienta clave para romper el techo de cristal que muchas mujeres enfrentan en su camino hacia la Alta Dirección. Estas relaciones proporcionan el apoyo necesario para desarrollar habilidades críticas, tanto duras como blandas, que son esenciales para el éxito en el liderazgo. 

    Al contar con la guía de mentores experimentados, las mujeres podemos adquirir confianza en sus capacidades, lo que nos permiten enfrentar y superar barreras tradicionales. Además, las mentorías abren puertas a nuevas oportunidades y redes estratégicas, facilitando el acceso a posiciones de mayor responsabilidad. La influencia positiva de un mentor puede transformar la percepción que las mujeres tienen de sus propias posibilidades, motivándolas a aspirar a roles que antes consideraban fuera de su alcance.En última instancia, las mentorías no solo benefician a las mujeres individualmente, sino que también contribuyen a la creación de culturas organizacionales más inclusivas y equitativas. 

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