Por Jose Kont*
México es el segundo mercado de capital de riesgo más grande de Latinoamérica, sin embargo, su ecosistema de startups enfrenta un cuello de botella crítico que amenaza su viabilidad a largo plazo. Aunque los fundamentos parecen sólidos—ocupando el puesto 43 a nivel global y el 4to en Latinoamérica según el Global Startup Ecosystem Index 2025—la industria confronta una crisis de liquidez que demanda atención inmediata.
Con casi 130 millones de habitantes y proximidad estratégica con Estados Unidos, México ofrece ventajas convincentes para las startups. La tendencia de nearshoring, acelerada por las tensiones entre Estados Unidos y China, ha fortalecido su posición como hub regional. Estos fundamentos se reflejan en los números: México ha mantenido relativa estabilidad en el financiamiento de startups durante los últimos tres años, acumulando más de $US4,100 millones según datos de LAVCA— 1,780 millones de dólares en 2022, 1,140 millones de dólares en 2023, y 1,180 millones de dólares en 2024.
Sin embargo, estas cifras ocultan una debilidad estructural. De acuerdo con un reporte publicado por Startuplinks y Cuantico, la gran mayoría de fondos de capital de riesgo del país se enfocan exclusivamente en inversiones de etapa temprana—rondas pre-semilla y semilla. Cuando las startups maduran y buscan financiamiento Serie A o B, enfrentan una realidad cruda: los inversores locales carecen de la capacidad para proporcionar el capital necesario para escalar.
Esto crea un ciclo vicioso. Las startups se vuelven dependientes del capital internacional para financiamiento de crecimiento, pero los inversores globales se han retirado en gran medida de Latinoamérica debido a incertidumbres macroeconómicas. LAVCA reporta que en 2024, solo el 13% de las operaciones de capital de riesgo en toda Latinoamérica fueron financiadas exclusivamente por inversores locales. Las consecuencias son evidentes: Bloomberg reportó recientemente que “el capital de riesgo en América Latina cae a su nivel más bajo desde 2016“, confirmando que la crisis de liquidez está generando efectos sistémicos en toda la región. La mayoría de fondos no pueden lograr las “salidas” necesarias para proporcionar retornos a sus inversores, socavando la confianza en todo el ecosistema.
Como también mencionan desde HF Capital en su más reciente informe “sin salidas exitosas, el ciclo del capital de riesgo se rompe—los fondos no pueden levantar nuevo capital, limitando su capacidad de respaldar la próxima generación de startups.” Esto perpetúa un ciclo donde las compañías más prometedoras de México deben buscar capital de crecimiento en el extranjero, resultando en que valiosa propiedad intelectual y valor económico migren a mercados foráneos.
Abordar este desafío requiere acción coordinada de múltiples actores. Primero, más startups deben alcanzar etapas de crecimiento y volverse atractivas para inversores regionales o globales. Segundo, inversores institucionales locales—family offices, fondos de pensión y aseguradoras—deben ser incentivados a participar en rondas de financiamiento de etapa tardía. El capital existe localmente; lo que falta son los mecanismos e incentivos para desplegarlo efectivamente.
El sector público representa el catalizador faltante. A través de iniciativas como fondos de contrapartida, los gobiernos pueden incentivar la participación de inversores locales mientras logran el objetivo social de aumentar la inversión en startups. Por ejemplo, si un fondo de crecimiento levanta 50 millones de dólares de inversores privados, un fondo de contrapartida podría contribuir 50 millones de dólares adicionales bajo términos favorables, creando un vehículo más estratégico de 100 millones de dólares capaz de atender las necesidades de capital de múltiples startups. Este enfoque ha demostrado ser efectivo en otros mercados. Países como Israel, Singapur e incluso Brasil han usado exitosamente programas de co-inversión gubernamental para catalizar la inversión privada de capital de riesgo y construir ecosistemas sostenibles.
Lo que está en juego va más allá de los retornos financieros. El capital de riesgo ha demostrado ser una de las herramientas más efectivas para estimular la innovación y mantener el liderazgo tecnológico. Ha sido un catalizador clave para fortalecer la influencia global y la soberanía económica en naciones como Estados Unidos, Brasil e Israel.
La paradoja del mercado de capital de riesgo de México—fundamentos sólidos pero capital de crecimiento limitado—es solucionable. Demanda pensamiento estratégico, acción coordinada y el reconocimiento de que el capital de riesgo no se trata solo de retornos financieros, sino de construir la infraestructura de innovación que definirá el futuro económico de México.
Contacto:
Jose Kont es director ejecutivo de Cuántico y Venture Partner de Impacta VC.
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