Donald Trump está empeñado en nublar los coloridos sueños del gobierno del segundo piso de la cuarta transformación. Ahora que amenaza con elevar al 50% los aranceles a las importaciones de cobre, el crecimiento en el uso y producción de autos eléctricos y la transición energética en México podrían sufrir descalabros.
México aporta aproximadamente el 4% de la producción mundial de cobre, con alrededor de 700 mil toneladas al año. El estado de Sonora concentra el 80.2% de la producción nacional y los municipios de Cananea y Nacozari participan con el 94% de la producción en la entidad. Le siguen Zacatecas en segunda posición con 9.8%; el municipio de Morelos participó con 36.8% y San Luis Potosí en tercer lugar con 4.1% con el municipio de Villa de la Paz, como el principal productor.
Los principales destinos de exportación del cobre que se produce en México, son China, Estados Unidos, Filipinas y España. Sin embargo, México también importa cobre refinado, principalmente de Estados Unidos, Chile y Perú, y lo distribuye a sus entidades federativas, siendo Ciudad de México, Baja California y Nuevo León los principales compradores.
En 2024, el intercambio comercial total de compras y ventas internacionales de cobre refinado y aleaciones de cobre fue de 2,079 millones de dólares.
Así que lo de menos sería que el gobierno federal impulsara el consumo nacional de cobre para la transición energética que implica sustituir el uso de vehículos que funcionan con combustibles de origen fósil por autos eléctricos y la instalación de plantas de producción para la fabricación de paneles de energía fotovoltaica y, pero eso lleva años y la crisis de los impuestos está tocando la puerta.
Por ejemplo, la producción de un vehículo eléctrico requiere, en promedio, 80 kilogramos de cobre y Estados tiene la tercera mayor flota de vehículos eléctricos en el mundo, con cerca 1.4 millones de coches eléctricos y en México se calcula que apenas transitan 43 mil vehículos eléctricos, ni siquiera el 1% de la flota total nacional.
Así que la imposición de aranceles a las importaciones de cobre provenientes de México sería una medida negativa para ambos países porque encarecería el comercio bilateral de ese mineral y afectaría el resto de la cadena de valor, especialmente en la producción de vehículos eléctricos, cables coaxiales, generadores, motores, transformadores y componentes de sistemas informáticos.
Cables telefónicos y equipos de transmisión de datos también utilizan cobre; revestimientos de construcción, tuberías de agua y gas así como sistemas de climatización también requieren cobre, el cual también se usa en motores, piezas de automóviles, sistemas de refrigeración y frenos.
La cadena de producción de las industrias automotriz, de telecomunicaciones, refrigeración, electricidad y construcción, entre otras se vería mermada por las ocurrencias del presidente norteamericano, así que hay que esperar en la capacidad de negociación de la Secretaría de Economía para esquivar esa medida.
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