Una de las tareas fundamentales del liderazgo no es mandar es dirigir. Los líderes tienen funciones que son individualistas: la toma de decisiones —por más consultorias y consejos que reciba— recae en la persona; asumir la responsabilidad por los resultados del equipo, es individual. Hay tareas que hacen del liderazgo una tarea solitaria. Pero, hay otras que tienen como requisito la colaboración y la cooperación; se hacen en y para la colectividad, aparece en la comunidad: el acompañamiento. En el acompañamiento germina la inteligencia colectiva de las organizaciones.
Cuando quien dirige los esfuerzos de una comunidad está en una junta o a solas con algún colaborador para evaluar resultados, planear alguna estrategia o para corregir algún error se provoca un encuentro. Si más que tronar los dedos, se escuha forjamos comunidad. Este fenómeno se da cuando directores y dirigidos se involucran y se acompañan. Si un integrante se queda atrás, no da los resultados esperados, expone un problema, pide ayuda y se le brinda, se crea un eslabón de oro. Así, si los miembros del grupo cooperan para encontrar una ruta alternativa, se resuelve en forma colaborativa una tarea que no hubiera estado a tiempo de otra forma.
Es responsabilidad de quien lleva la batuta generar un ambiente de trabajo que sea propicio para el acompañamiento. En una organización en la se comparte la misión de ayudar a los demás, con independencia de si pertenece al mismo departamento o no, es un organismo en el que se promueve la inteligencia colectiva. Una empresa no es un grupo de islas, no es un proyecto en el que cada uno ve para su lado y lo demás no importa. Es alrevés. Se trata de promover los vínculos que construyen una verdadera comunidad, entender el efecto multiplicador de esta tendencia gloriosa.
Claro que hay prácticas que diluyen los lazos entre los miembros de un equipo de trabajo: el efecto silo, las críticas destructivas, los prejuicios, el miedo, las conductas tóxicas que nos llevan al desencuentro y a la mala comunicación que desembocan en resultados adversos. El remedio llega cuando promovemos prácticas de colaboración y cooperación.
La construcción de la inteligencia colectiva es responsabilidad del líder. Claro que no se construye de un momento al otro. Se edifica en etapas. Lo hace en primera instancia a partir del ejemplo. Quien dirige no debe avergonzarse de pedir ayuda, de reconocer que no tiene todas las respuestas y no ve que su autoridad se merma si solicita su opinión a sus colaboradores. Un líder de verdad no oculta sus errores, los reconoce y ejerce una autocrítica sana.
También, pone las cartas sobre la mesa. Comparte sus planes y hace participe a los demás de lo que va venir. Valora las perspectivas de los miembros de su equipo y promueve el pensamiento en comunidad. El liderazgo que promueve la inteligencia colectiva construye a partir de la sinceridad. No se limita a tener relaciones eminentemente profesionales ni a las tareas compartidas. Se interesa por sus subalternos, sabe cuál es la situación personal de cada uno de los integrantes, comparten ciertas aficiones o actividades lúdicas: forma comunidad. Brinda apoyo.
Algo que es importante lograr es fertilizar el campo para favorecer las capacidades de su equipo. Comunicar en forma efectiva, dar a conocer los objetivos y hacerlo de forma que cada uno los abrace y los constituya como algo común que une y aglutina. El líder busca sinergias, respeta las ideas, la forma de expresarlas. Entiende cuando alguien tiene miedo de decir lo que opina. Comparte el éxito y no lo individualiza: lo acompaña y lo comparte.
Claro que no siempre es sencillo forjar actitudes de consenso, ni es tan fácil escuchar las opiniones de las minorías o las que van en sentido contrario a nuestras opiniones. Pero, al hacerlo adoptamos una actitud eniquecedora. Cuando el líder acompaña a su equipo de trabajo se abren posibilidades fecundas, aprendemos en conjunto, se nos ocurren ideas que en lo individual no se hubiesen logrado. Además de acompañar al equipo, el equipo en correspondencia no deja solo al líder.
No es sencillo, pero de que se puede: se puede. La inteligencia colectiva en la organización busca una consistencia estratégica y también, un equilibrio que de una urdimbre afectiva, se trata de que el clima organizacional determine una visión en la que el equipo sienta confianza en el conjunto y en lo individual. Un organismo que tiene inteligencia colectiva tiene miembros que forman eslabones sólidos, que se sienten apoyados y que tendrán reconocimiento, aprovación y seguridad porque el equipo los sostienen.
Pero, como lo dice Aristóteles: no se trata de transformar algo fácil en algo difícil. Se trata de entender que las organizaciones se conforman por personas. Gente que es falible, comete errores, se cansa, le da hambre, necesita ir al baño, tienen lados brillantes y oscuros, momentos simpáticos y otros antipáticos de verdad. Es decir, cada eslabón se conforma por seres humanos hechos de carne y hueso. El líder conoce las fortalezas de su equipo —y de sí mismo— y reconoce sus debilidades.
Para generar una inteligencia colectiva, el líder conoce a los integrantes de su equipo y sabe qué los hace diferentes. Lo sabe para que esas diferencias constituyan una ventaja competitiva y no una grieta que los termine dividiendo. La verdadera inteligencia colectiva es la que germina de dos postulados indispensables:
1. Conozco lo que nos hace diferentes.
2. Respetamos y queremos esas diferencias.
La inteligencia colectiva se da cuando ni nos causa conflicto lo distinto, cuando reconocemos al otro miembro en nosotros mismos. La verdadera comunidad se da a partir de la diversidad. Cuidado: la alteridad puede llevarnos al fenomeno del desencuentro que brota del desagradecimiento y a la inestabilidad.
Si la organización es capaz de vincular a personas distintas que se unen mediante una misma misión y una visión compartida, cuando la comunidad se cohesiona, reconoce la importancia del otro, agradece a todos los miembros se fertiliza el campo para el crecimiento, la innovación y el progreso.
Una de las tareas fundamentales del liderazgo no es mandar es dirigir. Hay tareas que se hacen en colectivo, el lider que acompaña siembra en buen terreno y cosecha los frutos de los organismos que dan ritmo y son exitosas en lo inividual y en lo colectivo. Esa es la verdadera inteligencia de negocios.
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